Mentiras Verdaderas.

Capítulo Veinte

Capítulo XX

 

 

 

Tomó su mano antes de bajar del avión mientras ella dormía profundamente, pero no por voluntad propia. Las azafatas bajaron su poco equipaje y con una silla de ruedas bajaron a Sam.

El camino era demasiado largo y suponía que ella iba a despertar, por lo que ordenó llevar a Wally en otro auto. No quería que viera como su madre estaba en un estado de shock.

– Tal vez lleguemos un poco tarde, si es que despierta en el camino, tú solo avanza-le pidió a sus amigos y ellos solo asintieron. Wally por su parte andaba con la cabeza gacha sintiéndose culpable-Hey campeón-capta su atención y este le giña un ojo reviviendo su ánimo-vamos-se dijo para sus adentros.

Como suponía, el viaje era muy largo. Sus manos en el volante temblaban y sus piernas no podían quedarse quietas. Estaba completamente ansioso. Tocando su nuca, nota como Sam comienza a despertar, pero su despertar era muy extraño. Había comenzado a temblar y a sudar. Estacionó un tanto lejos de la carretera, para no impedirle el paso a ningún auto, para prestarle atención.

Tocó su brazo y su tacto la sobresaltó dejando de temblar, pero sí seguía sudando. Abrió sus ojos lentamente encontrándose con la mirada encantadora de Alex.

– ¿Tú quién eres?-le preguntó confundida y asustada. Antes de obtener una respuesta, intentó salir del auto, pero las puertas tenían seguro.

– No voy a hacerte daño, no te preocupes-ella negó con su cabeza intentando nuevamente abrir la puerta-Sam, no vas a abrir esa puerta-recalcó haciendo que la chica lo abofetee.

Él se sorprendió ante ese acto, a lo que rascó su nuca y suspiró profundamente.

– Si no me recuerdas…-encendió el auto y giró en U bruscamente. Aceleró en dirección contraria a su casa.

– ¿A dónde vamos? ¡Dime!-esos gritos agudos le lastimaban sus tímpanos.

Luego de unos minutos, eternos para ambos, estacionó frente a un instituto enorme. No dijo nada. Le quitó el seguro a la puerta y él salió. Ella, por su parte, dudó si salir o no, pero antes de hacer algo, él le abrió la puerta esperando a que salga del auto.

– ¿Te quedarás ahí?-nerviosa, bajó corriendo hacia el instituto con el fin de escaparse de él.

No la detuvo, solo dejó que sea libre tan solo unos minutos para tomar de nuevo su confianza. La siguió a pasos lentos y supo sin verla a dónde se dirigía. Frenó en seco al escuchar su teléfono. Lo sacó de su bolsillo y contestó retomando su caminata.

– Alex, llegamos a la casa ¿En dónde están?

– Tranquilo, volveremos antes de la medianoche-sin esperar una respuesta cuelga. Levanta la mirada encontrándola en el lugar que tanto pensó por toda su vida-¿Recuerdas este lugar?-pregunta acercándose y ella parecía Sam. Estaba tranquila, relajada pero seria-aquí fue cuando el chico de octavo te estaba molestando y yo llegué… ¿Lo recuerdas?-Alex rezaba para sus adentros de que recordara.

– Llegaste y lo golpeaste en el estómago haciendo que vomitara encima de su novia, lo recuerdo-él sonrío-que fue la primera vez que te besé frente a todos…Alex-giró hacia él-desde ahí comenzaron a sospechar de nosotros…-intentó acercarse más de lo debido pero Alex solo toma sus muñecas para detenerla.

– ¿Sabes qué es lo más loco?-lentamente bajó las muñecas de ésta dejándolas a los costados de su cuerpo-me haría una prueba de ADN contigo-ella solo arqueó las cejas sin comprender mucho lo que decía-eres mi hermana, Sam.

– Eso solo fue para convencer a la gente de que eras hijo de ellos, no es verdad-intenta colocar su mano en su cara, pero el chico la detiene.

Sabía que tenía que decirle la verdad, pero no estaba en condiciones para eso. Debía esperar un poco más para que ella pudiera digerir todo por completo.

– Tienes razón. Todo fue una mentira-agrega-tenemos que irnos antes de que anochezca-ella asiente algo dudosa pero confiada en sí misma.

Aún tenía esos cortos, pero intensos ataques de pánico al pensar que nuevamente la llevarían o secuestrarían, pero él siempre la convencía de que estaba en un lugar seguro y que podía confiar en él.

Ya llegando a la casa, pudieron apreciar la casa sumamente iluminada. Alex observó de reojo a Sam y ver cómo sus ojos se iluminaron al ver su casa lo llenó de alegría. Estacionó frente a la puerta dejando su auto cerca por alguna emergencia y ella bajó con lentitud.

El muchacho no sabía por dónde empezar. Si llevarla a ver a Wally, decirle la verdad de sus padres…no sabía qué hacer, como siempre.

Al avanzar una figura pequeña abre la puerta sumamente alegre al saber que su tío había vuelto, pero quedó helado al ver a Sam. El corazón de Alex se detuvo por completo al ver que Sam localizó a su hijo atravesando la puerta principal de su casa. Esperaba una reacción de alguno pero ambos estaban mirándose fijamente. Nunca antes había visto tan serio al pequeño. Daba pasos lentos mientras bajaba las pocas escaleras del pórtico, por el lado de su madre, estaba más seria. Pero con su mirada expresaba confusión, como el momento que se encontró a Alex en los pasillos del hospital.

– Wally-llama su tío y no le presta atención. Era sumamente entendible para su tío. Wally conoce a su madre, que le habían dicho que estaba muerta y Sam conoce a su hijo, que ella pensó que estaba secuestrado.

Eric y Carl se acercaron a la puerta para observar la situación. Al ver que ninguno hacia nada corrieron hacia el niño y lo alzaron para meterlo de nuevo a la casa.

– ¿Quién era ese niño?-Alex abre un poco su boca sorprendido por la pregunta de su hermana-me miraba raro.

– Te lo explicaré cuando hayamos entramos-sonríe falsamente caminando hacia la puerta detrás de Sam.

Al girar el picaporte ella sintió esa energía que le traía esa casa. Energía positiva que la mantenía alegre casi todo el día. Pero viendo a personas que no conocía dentro, la inquietó un poco. Alex localizó a Karen, Justin, Carl, Eric y Wally.




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