Meses Junto a ti

Prologo

Berlian, 14 años.

Le lanzo la pelota de basquetbol a Lucas para que enceste y así ganemos el juego de dos a dos a mis otros amigos. Estamos fuera de horario escolar; hace más o menos una hora se acabaron las clases, pero aun así nos quedamos aquí dentro para poder jugar un rato más al básquet sin que ningún maestro nos interrumpa.

—Oigan, eso no es justo —se queja Dennis—; ustedes dos son expertos en básquet, nosotros no.

Me encojo de hombros, divertido. —Nadie los manda a apostar —me burlo—. Ahora tendrán que comprar las batidas.

—Vamos a jugar de nuevo —ahora habla Sammy—. El próximo que gane compra las hamburguesas también.

Sonrío hacia Luca, sabiendo muy bien que Sammy y Dennis tendrán que comprar también las hamburguesas; son bastante malos en este juego, no sé ni siquiera por qué lo siguen intentando.

—Oigan —una voz femenina nos hace voltear a los cuatro.

Mis ojos caen en una chica bajita; se ve enojada. Es pelinegra con el pelo corto, pero muy espeso, con unos ojos azules que a leguas brillan de enojo, en conjunto con sus espesas cejas que están arrugadas. En su mano derecha se encuentra un libro de historia y en la otra una malteada de chocolate. Mientras viene caminando, sus ojos nos apuñalan a los cuatro chicos que nos encontramos en la cancha de basquetbol.

¿Ella estudia aquí? Es bonita, nunca la había visto en la escuela.

—¿Quién es? —le pregunto a Sammy, que está a mi lado con la pelota de básquet bajo el brazo.

—No recuerdo su nombre —susurra—; solo sé que es hija de los nuevos inversionistas de la empresa de papá. Va un año más abajo que nosotros.

—Es bonita —murmuré para mí mismo.

—Es una nerd y bastante desagradable. —Arrugo las cejas al escuchar el comentario que no me gustó para nada.

—Podrían hacer silencio —es lo primero que dice cuando se acerca a nosotros—. Están en una escuela y al lado de la biblioteca.

—Estamos fuera de hora de clase. —El primero que habla soy yo; cuando sus ojos azules se instalan en mí, siento una corriente en todo mi cuerpo.

—Sí, pero hay personas que sí estudiamos y necesitamos paz.

—Pues que seas una nerd no es nuestro problema —sigue Dennis—, así que no tenemos por qué hacer silencio; mejor ve tú a estudiar a otro lado.

—O mejor, ¿por qué no vienes a jugar con nosotros? —Esas palabras salen de mi boca sin querer.

—No, claro que no —habla Luca—. No queremos que lo nerd se nos pegue.

Los tres se ríen, menos yo.

—Deberían querer a ver si se les pega un poco de inteligencia y dejan de ser tan idiotas. —Me río, es ruda.

Entonces nos miramos entre los cuatro, pero esa mirada la conozco y no me da buena espina.

—Piensa rápido.

Dice Sammy para rápidamente lanzar la pelota de básquet hacia la chica, dándole al vaso que tenía en su mano, logrando que su malteada gire y derrame todo el líquido sobre ella; una gran mancha marrón ahora adorna su blusa blanca.

—Mierda —susurra la chica.

Los cuatro comenzamos a reír, pero siento algo que se oprime en mi pecho cuando ella sale por la puerta molesta y triste por la mancha en su camiseta.

—Vamos a seguir jugando —propone Dennis.

—Yo vengo en unos minutos —digo.

—¿A dónde vas?

—Voy al baño.

Y sin darles tiempo a que sigan preguntando, salgo del lugar. Pensé que la chica se había ido al baño, pero las pisadas de chocolate me guiaron hacia la biblioteca. Entro y apenas hay dos personas más y la chica que se está mirando la mancha en su blusa mientras murmura algunas cosas; me acerco a ella.

—Hola —digo. Ella gira y cuando me ve, blanquea los ojos y vuelve a su posición—. Antes de todo quiero presentarme, soy...

—Sí sé quién eres —me manda a callar.

—¿Me conoces?

—¿Y quién no conoce a Berlian Harrington, futuro rey de Eldonia?

—Pues si sabes quién soy, creo que tengo derecho a saber quién eres tú.

—No, no lo tienes —escupe algo molesta—. No quiero que sepas mi nombre, ahora, largo.

—No me iré hasta que sepa tu nombre —insisto.

—Pues acomódate, porque no te lo diré.

Una chica sale detrás de un librero y se acerca a la pelinegra.

—Ya me voy, Alice —le dice—. Nos vemos mañana. —Toma sus cosas—. Ah, y Alice, no te desveles aquí.

La chica sale y la cara, ahora que sé que es Alice, es un poema porque sé que no me lo quería decir. Mientras en la mía hay solo burlas.

—Lindo nombre, Alice.

—Ya te lo sabes, así que largo.

—Vamos, Alice, déjame ayudarte —vuelvo y me acerco a ella—. Me siento culpable.

—Lo sientes porque tienes culpa —dice y vuelve a mirar la camiseta—. Tú y los imbéciles de tus amigos hicieron esto.

—Pues déjame ayudarte.

Ella solo se cruza de brazos. —¿Tienes una lavadora? ¿O puedes limpiarla con poderes mágicos?

—No tengo lavadora, pero sí una chaqueta en mi casillero.

Su rostro cambia. —Pues eso es mejor que llegar sucia a mi hogar —resopla—. Vamos.

—Solo te la presto con una condición.

Gira los ojos y, por su expresión, parece que quiere golpearme. —Me ensucian y ahora me ponen condiciones para ayudarme, eres un...

—¿Por qué mejor no escuchar la condición antes de mandarme al infierno?

—Dime —escupe.

—Te la presto —sonrío— si aceptas que te compre una malteada en forma de disculpa.

Entrecierra los ojos divertida. —¿De chocolate?

Asiento —De chocolate.

Se acerca a mí y me señala con el dedo: —Solo porque necesito la chaqueta, luego no quiero que tú y tus amigos me vuelvan a hablar en mi vida.

Asiento como si fuera un militar. —Como usted diga —sonrío—, después de usted.

Ella asiente con una linda sonrisa para darse vuelta y salir de la biblioteca, ambos en dirección a la cafetería.

...................

Berlian, 18 años

El bullicio de todas las personas en la mesa es silenciado cuando le doy un pequeño golpe a la copa de vino. Todos los ojos se concentran en mí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.