Meses Junto a ti

Capìtulo 2- Una excepciòn con el rey

Berlian.

Me dejo caer en mi cama de espalda mirando al techo; realmente esto no era lo que estaba esperando cuando planeé; solo quería hacer una o dos cosas; sin embargo, si ahora tengo que arreglar mi reputación, tendré que hacer un millón de cosas que no quiero hacer realmente.

Al principio dije que sí, solo quería contentar a mamá, pero ahora que tengo que hacerlo entero, no me gusta la idea, y ahora tengo que ver qué actividades puedo hacer, y si soy sincera, no quiero hacer ninguna.

—Esto es tu culpa —señalo a mi amigo el pelirrojo que está sentado frente a mí.

—¿Mia? —se hace el ofendido —. ¿Yo qué hice?

—Me diste la estúpida idea de querer hacer algo —me quejo —. Ahora tengo esta responsabilidad encima.

Guarda el teléfono con el que estaba jugando, para poder reírse mejor de mí. Giro los ojos.

—Yo solo te dije cómo lograba que mi madre me dejara en paz —replica él —. Eres tú el que decidió copiarme. Yo no tengo la culpa de que quieras jugar a ser el buen príncipe.

Siento la burla en su sistema; no sé qué estaba pensando. A diferencia de mí, Luca no tiene que tener una reputación impecable; yo sí. Aparte de que tengo que ser sincero, él ha sabido ser discreto; yo fui el estúpido que no supo cómo hacerlo.

Luca es el duque de Everas, la capital de Eldonia. El padre de Luca era el duque, pero al morir quedó su madre, pero ahora que ya tiene la mayoría de edad, le toca a Lucas.

Aquí en Eldonia el rey designa duques, que son como los alcaldes en las ciudades, cuya política no es la realeza; ellos se encargan de un pueblo y ya.

A diferencia de mí, Luca no es tan conocido; sí es famoso aquí; sin embargo, no es lo mismo que yo, que creo que soy conocido hasta fuera de Europa.

—No sé en qué demonios me metí — suspiro, quejándose de su vida.

—Ni yo tampoco —se encoge de hombros mientras se levanta —. Vamos a comer algo —sugiere el pelirrojo.

Dejo salir el aire de mis pulmones. Luca siempre tiene hambre; solo piensa en comer.

Salimos de mi habitación con dirección hacia la cocina, así mi amigo puede devorar todo lo que encuentre en la nevera, como suele hacer comúnmente.

De camino a la cocina, escuchamos una melodiosa canción producida por un piano. Ambos nos miramos y estoy seguro de dónde viene. A pesar de que le propuse a mi amigo ir a donde se dirige la música, él prefirió ir a la cocina por algo de comer. Realmente no sé cómo es que tiene un cuerpo tan formado; ni siquiera le gusta hacer ejercicio.

Como si fuera el olor de una comida, me guía hacia la sala de música que, aunque está un poco apartada, se escucha bastante fuerte la melodía. Llego hacia el sitio y veo a una chica rubia con su cabello trenzado, pero aun así le llega a los hombros. Está sentada en el piano con los ojos cerrados, dejándose llevar por el ritmo de las ondas sonoras que producen tal melodía, como suele ser siempre.

Me acerco lo más sigiloso posible, ya que no quiero interrumpirla, y me siento a su lado. Luego de unos segundos, las manos se detienen y deja de sonar la gloriosa música que sale del piano.

—¿Te gustó? —es lo primero que dice cuando sus ojos azules se abren dejando ver el intenso azul.

—Cada día vas mejorando.

Ella sonríe. Gabriela Harrington, mi hermana menor. Princesa de Eldonia, con tan solo quince años tiene un talento inigualable con el piano; su sueño es ser pianista profesional y estoy feliz por ella porque es muy probable que lo pueda cumplir.

Mi padre, antes de ser rey, se dedicaba a tocar el piano, y a pesar de que subió a su cargo, no dejó de hacerlo. Intentó enseñarnos a ambos, y aunque los dos aprendimos, la única que le tomó pasión fue mi pequeña hermana. Yo solo sé tocar algunas melodías.

Si pudiera, le cedería el trono a ella; sé que sería una gran reina. Pero, lamentablemente, por jerarquía y ley, tiene que ser el primogénito.

—Te escuché hablando con mamá —dice ella poniendo la tapa de madera que cubre las teclas del piano.

Suspiro. —Ese fue mi mayor error.

—¿Qué sucedió esta vez? —pregunta.

Ella más que nadie está consciente de que no quiero ser el rey y todo lo demás.

—Pues... —Comienzo —quise intentar hacer lo que hace Luca y ahora tengo que arreglar mi reputación.

Dios solo quería hacer una fiesta o algo así.

—En mi defensa —mi amigo pelirrojo entra con un emparedado en la mano y un refresco en la otra —, yo solo te dije lo que hacía, no te dije que tenía que hacerlo también.

Giro los ojos. Sé que no es su culpa, pero me encanta molestarlo.

Mi hermana se ríe. Ella, más que mi hermana, es como mi mejor amiga.

—No me digas que usaste la táctica de querer contentar a mamá haciendo algo.

Asiento con la cabeza, derrotado.

—E Hila se aprovechó de la situación.

—Sí.

—Creo que alguien sigue molesta por el hecho de que no la hiciste su novia.

Pues esa es una realidad. Hila es una mujer muy hermosa; la conocí cuando tenía veinte años y ella tenía treinta. Me llamó la atención desde que la vi, y ella por igual, así que le coqueteé, pero siempre le dejé en claro que solo quería acostarme con ella.

Quería experimentar qué se sentía estar con alguien con más experiencia que yo, que no fuera yo quien tuviera todo el control de la situación. Fue increíble, ya que ella tiene mucha más que yo, y aunque quise que fuera una sola vez, repetí, repetí varias veces, pero creo que de eso provoqué que ella se enamorara de mí y eso fue un enorme problema, ya que está de más decir que yo no quiero pareja y menos como ella; es una mujer hermosa, pero no es para mí.

Pero lo peor vino después de que le hice eso. Tuve que dejarle en claro que no la quería y frenarla, pero a causa de eso ahora la mujer no me soporta; claro, no puede atentar contra mí, soy su rey; sin embargo, cada vez que tiene la mínima posibilidad de hacerme la vida imposible, lo hace.

—¿Es que no lo va a superar?




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