Meses Junto a ti

Capitulo 8 - Me quedo en el programa

Berlian.

Llevo la malteada de chocolate tapada, buscando que no se me bote ni le suceda nada; antes de ir a hablar con Zafira, mejor decidí llegar con algo que me asegure un poco más el hecho de que ella acepte hablar conmigo.

Como siempre recalcar, tratar con Zafira es lo mismo que tratar con un ser pequeño; no me gusta compararla con mi hermana, ya que ella está más madura que yo, pero no puedo negar que he visto niños con más madurez que Zafira.

Aunque el comportamiento de ella es extraño, al principio pensé que ella lo hacía para llamar algún tipo de atención, pero cabe resaltar que en estas dos semanas se ha notado que ese es su comportamiento natural; ella simplemente es así.

Después de que tomo la malteada y dejo todo lo demás en el cuarto de Zafira, más con el fin de darle un poco de tiempo y que se le pase el enojo, vengo con una malteada y mi mejor sonrisa a negociar con Zafira para que no se... ¿Me perdonas?

Después de caminar el pasillo, me encuentro con las escaleras que me dijo Mateo; con razón no la escuché cuando desapareció; quizá entró aquí corriendo y no se me ocurrió ver dónde se había ido. Bajo las escaleras y está un poco oscuro.

Al final hay una puerta blanca algo oxidada que da miedo; parece que ahora mismo estoy en una película de terror. ¿Zafira no irá a matarme o sí? Con esa carita lo dudo, aunque esas son las que más engañan.

Bueno, Berlian, tú te metiste en este lío y te toca salir, así te maten literalmente.

Abro la puerta y hace un cierto chillido cuando la empujo; el olor a polvo me salta encima y me rasco la nariz por la picazón. Miro a todos lados y esto parece un almacén; hay camillas rotas, sillas dañadas, frascos de medicamentos que parecen estar vacíos, entre otros utensilios de hospital.

Pero se ve algo abandonado y, por la situación de los utensilios, diría que aquí tiran todas esas cosas dañadas para que el gobierno, o más bien mi familia, se las lleve y las reponga. Frunzo el ceño, pero parece que tiene mucho sin venir.

No le doy tanta importancia a eso y sigo caminando por la habitación de fantasmas hasta que doy con lo que me había dicho Mateo, con una carpa que parece estar hecha de sábanas viejas. Desde aquí puedes ver la lámpara que tiene dentro y la silueta de una chica.

Bueno, aquí vamos.

—Zafira —la llamo y noto cómo su silueta se pone rígida—. Zafira, sé que estás ahí.

—No quiero hablar contigo, ven otro día.

Bueno, al menos su voz no se escucha como si estuviera llorando.

—Zafira.

Hago el intento de levantar la carpa, pero ella rápidamente la toma de nuevo y la cierra, no dándome paso.

—Vete, además, no sabes la contraseña —gruñe.

—No, no me sé la contraseña —respondo—, pero traje una malteada; quizás eso pueda darme cierto privilegio.

Hace silencio unos segundos.

—¿De qué es la malteada?

—De chocolate —me río.

Hace otro silencio.

—Bien... —Canta la última letra. —Puedes pasar, pero quítate los zapatos.

Me río, entonces me bajo para poder entrar a una cabaña secreta luego de dejar mi tenis a un lado. Es bastante grande, parece estar hecha con muchas sábanas y adentro tiene colchas, varias almohadas, libros, lámpara, un radio y un enorme juego de tazas, pero se ven finas y bien cuidadas, aunque tengan un diseño viejo.

Está bonito; realmente pensé que solo encontraría las sábanas y ya, pero estoy seguro de que probablemente alguien le armó esto personalmente en ella.

Ella mira la malteada y yo la extiendo; ella toma un gran sorbo y su cara cambia a una de felicidad totalmente, por lo que me di cuenta de que le gusta mucho.

Me acomodo sentándome con las piernas cruzadas.

—Zafira, ¿qué es este lugar?

—Es mi escondite secreto —dice simplemente— y un lugar único mío.

Únicamente de ella...

—Zafira —la miro mientras ella solo se limita a beber su malteada—. Siento mucho lo que pasó ahí afuera, me exaspera un poco, pero esa no era razón para yo hablarte de esa manera —digo sincero.

—No te preocupes —dice encogiéndose de hombros, dejando el vaso medio lleno a un lado—. Siento no cumplir mi parte del trato, pero es que no sé qué poner en la hoja y no quiero que...

La miro unos segundos balbuceando más mentiras con mucho nerviosismo.

—Zafira —la detengo—. Mateo ya me dijo la verdadera razón de por qué no escribes la carta.

Sus ojos se achican y su boca hace una forma de una; o; comienza a tornarse algo roja; quizás le está dando vergüenza y no quiero ser el causante de aquello.

—No te preocupes —le digo—, no pasa nada, pero si me lo decías, nos evitamos todo esto.

—Es que —baja la cabeza— yo...

Me acerco un poco más a ella y tomo su mentón, para que ella lo levante y no se avergüence de lo que está pasando.

—No importa —le digo—, lo que no entiendo es cómo fue que te graduaste de la escuela sin... —Entonces, por la mirada que me da, también me da otra formación. —¿Tú nunca fuiste a la escuela?

Niega, y arrugo las cejas. ¿Cómo es que tampoco ha ido a la escuela? Y me atrevo a decir que no es por falta de dinero; mi padre abrió muchas escuelas públicas, no se paga absolutamente nada, todo se encarga el castillo de suministrar.

—¿Y tus padres?

También niega. Aunque eso no me debe sorprender, tengo dos semanas viniendo y nunca escuché ni he visto algo referente a sus padres.

—Antes de seguir metiendo la pata —me acomodo en mis propias piernas—. ¿Cuál es tu historia, Zafira?

—¿Mi historia?

—¿Cómo llegaste aquí, tu enfermedad, la escuela y pues...? Sí me puede explicar todo lo que me ha dicho.

—Pues... —Vuelve y le da un trago a la malteada. —Creo que puedo comenzar diciendo que desde que me crié en un orfanato —comienza la historia—, pues aparentemente nací con esta enfermedad —se toca su pecho donde está su aparato—, pero cuando cumplí los dos años, empeoró, o eso me dijeron las enfermeras —se ríe—, así que comenzaron a llevarme a hospitales a tratar mi enfermedad hasta que se enteraron qué es lo que era lo que tenía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.