Meses Junto a ti

Capìtulo 13 - Ir al castillo

Berlian

Sé que comúnmente este hospital no es muy animado que digamos; ningún hospital lo es, pero claro, este es menos que los otros. Pero últimamente, desde lo de Mateo, ha estado peor que un cementerio.

Por lo que puedo notar, parece que Mateo era como el corazón de este hospital, aunque sea no mucho, pero cuando venía aquí, veía a las personas animadas, compartiendo en el patio, pero ahora se vuelve como un luto profundo y se siente la tristeza en el aire como si pudieras cortarla con una tijera.

Y eso que he importado, que luego de que comience a venir aquí, tomé las riendas para el mejoramiento de este hospital. Han cambiado tantas cosas, incluso está pintado de un color llamativo; está casi todo nuevo. Tuvimos como gobierno, o mejor dicho reinado, que hacer demasiados cambios en este hospital y aun así se siente peor que cuando llegué, cuando estaba pintado de un triste color gris.

Aunque también en parte debo admitir que la causa de esto es el hecho de que la gritona de este hospital es Zafira y, luego de lo que ha pasado con MMateo, no vuelve en la misma; está más que triste, prácticamente se la pasa en su habitación, o eso es lo que ha habido cada vez que vengo estos últimos días.

Que hay algo que no me gusta para nada. Es obvio que es como que a nosotros los seres humanos no nos guste ver a la gente triste, ya que nos lo contagia, pero eso es lo que digo: el hecho de verla así, tan decaída, tan triste, me está matando y lo peor es que no puedo ayudarla para nada. Lo único que he podido hacerle es traerle un postre que, por casualidad, sí se lo comió. Y hoy le traje uno más; necesito saber que ya se está levantando el ánimo.

—Buenos días, Majestad. Me encuentro con la doctora de Zafira en la entrada.

—Buen día, Olivia. —Le regalo una sonrisa y me extiendo a las otras chicas de la recepción—. Buen día.

—Buenos días, majestad. Me devuelve el saludo con un leve asentimiento por respeto.

—¿Quieres una dona? —vuelvo a la doctora.

Le abro la caja que trae 24 donas que le había traído para la Zafira y alguna más de los inquilinos de aquí. Se la extiendo para que pueda ver las opciones, entre ellas vainilla, chocolate, de fresa y otros sabores, para que tomara la que quisiera.

No sé qué vino, el hecho de que una vez compré una dona aquí y está de más decir que estaban horribles y, pues, aunque no era porque era mala, lo que pasa es que no tenían nada de azúcar, ya que básicamente esa cafetería es para enfermos y, pues, un día traje donas y está de más decir que Zafira me las quitó y, bueno, desde ahí me di cuenta de que es muy amante de ellas y trato de traérselas para que se anime un poco, o eso espero.

—Claro —toma una de fresa, y yo cierro la caja nuevamente—. Por fin algo bueno entre toda esa porquería.

Le regaló una leve sonrisa.

—¿Cómo está Zafira? —comienzo a caminar junto a ella.

—Está dormida —me explica mientras come sudona—. Estuvo llorando toda la tarde y eso le estaba alterando el corazón y la maquinita empezó a pitar. Así que su doctor me dijo que la cadera para que no se le acelerara el corazón; no ha despertado desde ayer.

Eso explica por qué no me está tomando la llamada.

—Zafira es muy sensible y súmale al hecho de que ella adora a Mateo —expresa—. Estoy muy preocupada por ella; esto le puede afectar tanto emocional como físicamente.

—Me di cuenta de que ellos son muy unidos —digo—. ¿Mateo tiene tanto tiempo en este hospital? —preguntó.

Ella niega. —Mateo venía mucho a este lugar porque su esposa era enfermera —explica—. Venía casi todos los días a traerla, a buscarla, hasta que un día se bajó del auto. En ese momento, Zafira tenía cuatro o cinco años y le preguntó que si él era su padre. —La escucho y un nudo aprieta, imaginando a la pequeña Zafira preguntando tal cosa—. En ese momento eso era muy triste, ya que Zafira se dedicaba a sentarse en el mueble frente a la puerta con la esperanza de que sus padres la vinieran a buscar.

Siento cómo el pecho se me aprieta; no me imagino lo triste que debe ser ver a una niña tan pequeña enferma esperando a unos padres que no llegaron nunca.

—Pero el día que entró Mateo y ella se lo preguntó, algo cambió —dice—. Él le dijo que no era su padre, pero sí que quería; él podría hacerlo. Ella le sonrió y esa fue la primera vez que vi a Zafira sonreír.

—Ya trabajabas aquí.

Ella vuelve y niega: —No como doctora, venía a hacer mis prácticas aquí porque estaba acabando la universidad —explica—. Bueno, desde ese día Mateo venía dos y tres veces a la semana solo a ver a Zafira, a traerles regalos y todas esas cosas. Ella lo esperaba con tantas ansias y siento que en cierto punto ella se refugió en él en busca del padre que no tiene, pero Mateo hizo lo mismo.

—Pensé que Mateo tenía una hija.

—Pero, como sabes, ellos no tienen una relación muy buena; prácticamente nunca se han llevado bien. Así que de alguna manera ellos se refugiaron uno con el otro, ella como padre y él a ella como hija.

Zafira parece que tiene el don de llenar ciertos huecos que las personas dejan vacíos; lo hizo con Mateo y a veces siento que lo hace conmigo.

—¿Luego qué pasó?

El tiempo pasó; Mateo nunca dejó de cumplir su rol hasta que lamentablemente la esposa de Mateo murió. Él duró unos meses sin venir; parece que le causaba tristeza estar en este lugar, ya que aquí fue que su esposa trabajó por tantos años —cuenta—, pero aun así se mantenía pendiente de Zafira y mandándole cosas —me explica—. Luego Mateo tuvo un accidente en su zona militar donde perdió la pierna.

—Pero si él era militar, ir al hospital de los militares y estaré atendido 10 veces mejor.

—Exactamente —asiente—, pero él mismo fue el que decidió venir a este hospital porque sabía que inválido y enfermo interno en un hospital no podía salir para venir a ver a Zafira y Zafira tampoco podía salir.

Me quedo en silencio analizando todo lo que ella me dice; por lo que veo, cada paciente que hay aquí tiene una historia profunda. Mateo y Zafira se complementan uno al otro, cubriendo esos huecos que esos familiares muertos hicieron, rellenándolos un poco para que no sea tan triste.




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