Se encienden las alarmas del exterior,
por la displicencia del jubón,
por el desván de la habitación,
entre la desidia de la ignorancia
como el amanecer de tu mirada
es decir los ojos desgarrados
llenos de rencor, tieso como la defunción
rígido por la aversión...
Entonces soy agorero de mis palabras
frágil como la ruptura de amor
oneroso de mi rebeldía
aquella que Dios anuncia,
que me propone voluntad
denostando la realidad,
soy la afrenta de los milagros
que me causan soledad,
es ímprobo perseguir,
así se apagan las alarmas
lo anuncio mi frialdad...