Metalord Neo Revolution

CAPITULO 1 [Inicio del Volumen 1]

[VOLUMEN 1]: Rearme

Fue en algún momento de principios del año 20XX, que cierto niño adquirió su consciencia en el orfanato “El Infante”, como cualquier otro hogar de acogida era sucio, pobre, negligente y llenos de pobres almas que mayormente nunca conocieron a alguno de sus progenitores o familiares cercanos, él era otro de tantos.

Su consciencia como individuo comenzó a los 2 años, pero aquella que separaba del bien o mal, entender las reglas más básicas, fue a los 5 años, entendió entonces lo frio, oscuro y triste que podía ser el mundo para los desafortunados. Una alimentación apenas satisfactoria, tutores adultos de cruel moral que aplicaban castigos severos muy seguidos y una institución pública corrompida, así es, el orfanato más que un hogar, parecía más un castigo en vida.

Como muchas instituciones de acogida de orfanatos, el estado proporcionaba cierta cantidad de dinero para los gastos, por supuesto, sus “propietarios” se encargaban además de administrar dichos gastos, darle un uso a sus “niños”. En secreto, era una fábrica de producción de una droga en forma de polvo blanco.

La producción estaba mayormente a cargo de un “personal más capacitado”, pero si un huérfano llegado a los 12 años tiene una mano hábil con los químicos y el seguimiento de instrucciones, podía convertirse en otra mano que ayude. ¿Y qué hay del resto?, obligados a distribuir dicha mercancía, pocos sospecharían de niños de 6 a 10 años, distribuyendo drogas desde un orfanato.

Todo era una competencia, quien cumplía con diligencia sus “tareas”, era recompensados con mejor comida, eso significaba que quien trabajaba produciendo esa droga, tenían los mejores desayunos y cenas, las únicas comidas de este “hogar”.

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—¡POLICÌA!, ¡MANOS ARRIBA!

Luego de un largo historial de 20 años de servicio, el orfanato “El Infante” fue clausurado, un allanamiento derribo paredes y descubrió la fábrica de droga, toda la evidencia quedo al descubierto, la verdadera utilidad que le daban a esa casa de acogida para huérfanos. Está de más decir que sus “dueños”, nunca más volverían a ver la luz del día, ¿y los niños?, reubicados a otros orfanatos en distintas partes.

Excepto uno, un solo muchachito en sus 10 años logro escapar antes de que se desembocara el allanamiento, cargando consigo una bolsa de papel Kraft con un contenido sospechoso en su interior, corrió con prisa sin detenerse, aun jadeando con intensidad, hasta llegar a un callejón y encontrarse con dos hombres de boinas, camisas cortas, pantalones vaqueros y calzados marrones, tenían una pinta de matones.

—Viniste, ¿entonces significa que sucedió? -Pregunto uno de los hombres mientras fumaba.

—La policía lo descubrió todo, esto es lo único que pude salvar

Les entrego la bolsa con el contenido en su interior, un polvo blanco guardado en una bolsa trasparente en forma de ladrillo pequeño, examinaron de cerca su contenido y dieron el buen visto.

—¿Por qué no dejaste que la policía te ayudara?

—¿Para qué me envíen a otro orfanato de mala muerte?, prefiero probar suerte con otra alternativa -Fueron las palabras de ese huérfano.

Aquellos hombres pertenecían a una banda criminal pequeña, el niño era el contacto que tenían con el orfanato para la transición comercial diaria de su dosis del “polvo blanco”, pero lo cierto, era que ese niño en secreto, les brindaba una cantidad “mayor” a la del trato, algo que el mismo se tomaba las molestias de llevar a cabo, a espaldas de sus cuidadores y de ese orfanato.

—Ya sospechaban que les faltaba cierta parte de la producción, estaban castigándonos muy seguidos en busca de una “rata”, el que descubrieran era cuestión de poco tiempo, ese allanamiento me vino de maravilla -Relato el huérfano.

—Ese allanamiento fue posible porque tenían un infiltrado, tuviste suerte mocoso, ¿nunca te preguntaste que ocurrían con los huérfanos que cumplían la edad mínima para dejar el orfanato?

Algunos se volvían miembros permanentes de la fabricación del polvo blanco, pero otros, quienes preferían buscar su suerte en otra parte, eran sospechosamente acompañados por los “padres” del orfanato hacia algún lugar, estos tardaban como casi un día entero en volver, siempre llevaban lo mismo, guantes de látex, mucha ropa para ensuciar y palas.

Ese huérfano de 10 años escogió formar parte de una nueva familia, una banda de criminales conocido como los “Sliam”, esa última muestra de polvo blanco, era su boleto para ingresar.

[–––––––]

No era el primero de su tipo, muchas bandas locales acogen a menores de edad para empezar a formarlos en sus filas, pero la regla general es que recluten a adolescentes, generalmente entre 13 a 14 años. El caso de este niño fue una excepción.

Raterismo, robos organizados, venta de sustancias (no producidas), pelea de territorios con otras bandas, eran de las actividades más usuales de su “nueva familia”, en general los miembros más jóvenes, se encargaban de proveer con actividades de carterismo hasta prepararse para roles mayores al crecer.

“Zona cráneo”, era el infame nombre del sitio en todo el país en donde todas las bandas criminales hacen de la suya, los asesinatos, robos y tiroteos se han vuelto tan normalizado, que las autoridades hacen vista gorda, la intervención solo lleva a perdida innecesarias de impuestos y personal del orden. Permitiéndoles a las organizaciones criminales de pequeños o grandes estructuras, operar con casi total impunidad.

Una cama pequeña y poco cuidada en una habitación sucia era en donde dormía, compartiendo con otros adolescentes que llevaban más tiempo, llevaba a cabo pequeños trabajos con la finalidad de aportar a la banda, las comidas al menos eran más nutritivas comparado a su anterior hogar, como las palizas.

Un día en medio de su descanso, noto que en la sala de estar se encontraba una estantería llena de libros, está de más decir que nadie de los miembros se tomaba la molestia de leerlos.




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