Metalord Neo Revolution

CAPITULO 4

[VOLUMEN 1]: Rearme

[Presente]

[X días después de la recolección de salitre]

En la cabaña abandonada lejos del pueblo, transformada en el taller personal de Zaswell, el muchacho manipulaba sobre un pedazo de tela gruesa un compuesto sólido y granular. Era una mezcla de un negro mate, compuesta por granos irregulares que oscilaban entre el polvo fino del carbón y una arenilla cristalina que delataba la presencia del salitre.

—Está hecho —expresó el muchacho, incapaz de ocultar su regocijo.

—¿Es esto…? -Mornah analizaba fijamente aquel compuesto —¿La famosa pólvora?

—Pólvora negra. Y sí, este es el resultado de la tediosa labor que conlleva su fabricación en masa.

A sus espaldas aguardaba una fila de barriles de madera de cincuenta kilos; todos repletos con su creación y protegidos por gruesas telas enceradas que ocultaban el peligroso contenido.

—El resto… lo guardaste en otro lado, ¿no es así?

—Medida de seguridad

El muchacho camino hacia un baúl, abriéndolo y llevando su mano al interior para retirar un objeto: Un arma con una longitud de 142 centímetros, pero con un cañón que llegaba a medir 102 centímetros. Una culata y guardamanos tallados en madera con hábil maestría. El gatillo acciona un mecanismo en la parte superior que está unido a un trozo de roca con el rol de pedernal; al bajar este golpeara una placa llamada yunque; que generara chispas y desembocaran para accionar un poco de pólvora fina colocada en una parte denominada cazoleta, creando la ignición hacia el interior para ejecutar la acción de disparo. En la parte inferior, alojada en una canaleta, el arma llevaba anexa una varilla de hierro de cien centímetros: la baqueta.

—Increíble… ¿Tú hiciste todo esto? -le preguntó una maravillada Mornah, observando el arma de cerca.

—Tallar la madera fue complicado; diría que la parte más difícil -conto Zaswell.

—¿Que tallar la madera fue lo más difícil? —Mornah frunció el ceño con incredulidad —¿Entonces el resto, todo lo que es de metal…?

—Es correcto -asintió él —Para eso usé mi magia.

Zaswell Drayt tiene ahora diez años. Sus poderes mágicos despertaron formalmente a los seis, pero fue a los cinco cuando notó por primera vez ciertos fenómenos inexplicables al sostener objetos de metal. Al principio, se trataba de una leve influencia involuntaria producto de su contacto con objetos cotidianos; de hecho, cualquier cosa que estuviera hecha de metal reaccionaba a su tacto.

Podía sentir vibraciones o débiles oscilaciones, pero lo que más llamó su atención fue la capacidad de percibir, desde su propia consciencia, la composición interna de un objeto metálico. Al sostener una espada, por ejemplo, podía sentir la densidad del material desde adentro, identificar el tipo de metal y distinguir con total precisión qué partes eran metálicas y cuáles no.

Entonces lo entendió, en ese mismo momento y con apenas 5 años: tenía una afinidad natural con el metal. Aquel fenómeno era causado por su propia energía mágica; estaba empleando poderes mágicos que, aunque todavía débiles, eran reales y factibles.

Fue a los seis años cuando empezó a desarrollar un control voluntario sobre aquella afinidad; un dominio real sobre sus poderes y la influencia predeterminada que ejercía sobre el acero. En su segunda vida, la magia auténtica de este mundo lo había anclado, simbólica y sobrenaturalmente, a los metales.

Paso los siguientes años entrando este poder, mientras a la vez, planifico algo al concluir la utilidad de su poder.

—Mi magia, a la que he denominado «Manipulación férrea», me permite manipular los metales para alterarlos y transformarlos de sólido a líquido y viceversa. Pero eso es solo una parte -Explaya su explicación —Al convertirlo en metal líquido, puedo moldearlos; darle una forma, una creación... siempre y cuando tenga clara en mi imaginación su estructura, su aspecto y, sobre todo, conocimiento de lo que estoy creando. Es decir, es fácil crear una espada porque sé lo que es, cómo funciona y cómo se forja cada una de sus partes metálicas.

Zaswell podía manipular cualquier objeto de metal ordinario: desde restos de hierro desechados hasta lingotes sin usar. Mientras fuera metal, el material se fundía en un estado líquido bajo sus manos, listo para ser moldeado por sus pensamientos. Al hacerlo, no solo pensaba en la estructura externa de su creación, sino también en la complejidad técnica de su funcionamiento interno.

El mosquete que había elaborado estaba basado en el diseño del Springfield 1840, un arma utilizada en las guerras civiles e independentistas de Estados Unidos. Pero eso no era todo; también lo había mezclado con el diseño del Springfield 1855, un modelo posterior y mucho más avanzado.

El Springfield 1840 era un mosquete con un cañón de anima lisa, con llave de chispa de pedernal y utiliza munición esférica. El modelo 1855 introducía el cañón estriado, la llave de percusión y la revolucionaria bala cilindro-cónica denominada «bala Minié».

Zaswell había combinado la fiabilidad de la llave de chispa con la precisión del cañón estriado y el uso de proyectiles Minié, los cuales reposaban en un pequeño plato con cuatro muestras recién fabricadas. ¿Con qué propósito?, por una muy específico; la razón de esta mezcla era puramente técnica: la falta de recursos.

—«No tengo fulminantes. Es un lastre, pero es lo mejor que puedo hacer con lo que tengo a mano» - admitió para sí mismo.

El mecanismo de percusión del 1855 requería cápsulas de fulminante para iniciar la ignición. Aunque Zaswell podía producir pólvora negra, la química detrás de los fulminantes estaba fuera de su alcance, no por falta de conocimiento, sino por la carencia de los ingredientes necesarios.

—«Solo me queda que este diseño funcione» -miro su creación con esmero y esperanza.

Apelando a la lógica de sus conocimientos para resolver la falta de fulminante, un diseño híbrido entre ambos modelos de mosquete fue la respuesta idónea. El Springfield 1840 solo requería pólvora negra para la combustión; Zaswell tomó esa base y le añadió un cañón estriado junto al uso de munición cónico-ovalada.




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