[VOLUMEN 1]: Rearme
Un cuarto disparo consecutivo impactó contra la armadura atada al árbol. Cada impacto dejaba un agujero humeante en la coraza y se adentraba en la madera gruesa. Zaswell siguió probando el mosquete, sin confiarse únicamente del primer éxito. A su lado, la bruja Mornah oficiaba de testigo.
—Cuarto intento con éxito, he gastado la última bala -afirmó el muchacho.
Acomodando ligeramente sus lentes, la bruja observó fascinada el resultado de todos los disparos. La letalidad de dicha arma a distancia le confería un poder superior a las ballestas y arcos tradicionales, considerando que se realizaron desde una posición a 200 metros del blanco.
—Sin duda este mosquete es… asombroso, pero tengo una duda -acotó su observación para plantear la cuestión —Veo que cuando debes hacer el siguiente disparo, cargas ese polvo oscuro… pólvora negra en el interior del cañón y luego detrás del arma, en esa cosa llamada cazoleta. Los volúmenes y el grosor en ambos lados son distintos. ¿Cómo es que calculas eso?
Zaswell comprende su planteamiento. La carga de pólvora aplicada en el interior del cañón que coloca antes del proyectil es más gruesa y en mayor cantidad, mientras que en la cazoleta es más fina y en una cantidad pequeña.
—Moldee la pólvora en dos formas: una se presenta como un polvo fino y la otra es la pólvora estándar, de aspecto más granulado y grueso -aclaró él —Se vierten unos 5 gramos en el interior del cañón y 0.5 gramos en la cazoleta. En total se consumen 5.5 gramos de pólvora negra en cada disparo
El muchacho cargaba en su cintura la pólvora en dos frascos distintos: el más grande portaba la de tamaño granulado, mientras que en uno pequeño llevaba la más fina. Al ser alguien diestro y un prodigio en el tema, era fácil para él calcular la cantidad exacta usando únicamente sus manos.
—Entiendo tu punto, Mornah, realizar las cargas de pólvora negra por mi cuenta es sencillo -dejó en claro —Pero si lo hiciera otro, sería una tarea sumamente compleja, con un alto margen de error. Una falla en la proporción de la mezcla es una receta para el desastre -aseguró —Jejeje, pero ese dilema ya lo tengo bajo control.
Se acercó hacia la armadura de prueba. Examinó al tacto los cuatro agujeros producto de su creación. Estaba más que contento, se sentía pletórico por el logro, y concluyó en una oración:
—Jejeje, está todo listo para el siguiente paso -no evitó mostrar ese semblante de satisfacción casi malicioso.
—Jo, es una buena noticia, y… ¿cuál es ese siguiente paso? -preguntó la propia bruja de lentes, desconociendo el asunto.
—Voluntarios, mi estimada Mornah -contestó levantando su palma derecha con un gesto teatral —Necesitamos voluntarios para el siguiente acto. El inconveniente… es que no soy precisamente alguien muy «apreciado» en la comunidad, salvo por una minoría, pero eso no basta. Reclutar a esos individuos es complicado para mí
La bruja de 15 años, con los ojos cerrados y una mano en el mentón, se puso a reflexionar en torno a dicho inconveniente. Golpeó su puño derecho cerrado sobre su palma izquierda, indicando que había hallado una solución.
—¡Lo tengo!, puedo resolverlo, ¡tengo que darme prisa! -Mornah se echó a correr despidiéndose de Zaswell —¡Zas, nos vemos después!, ¡ya sé qué tengo que hacer!
Salió corriendo sin poder contener ese semblante jubiloso en su rostro
—Je, qué adorable forma de marcharse. Bien, ahora al tema que me concierne -hizo una breve pausa acompañada de un suspiro —Necesito más plomo para hacer más balas. ¿me pregunto si a ella le sobrará un poco más?
Escuchó entonces un repentino ruido a sus espaldas, proveniente de un denso follaje entre arbustos y árboles a unos cuantos metros. Lejos de parecer el andar de un animal merodeando por los alrededores, se asemejaba más a la pisada en falso de alguien que se ocultaba. El muchacho no volteó; suspiró y habló.
—Sé que estás allí escondido. ¿Qué propósito tienes al venir aquí?
Su primera intuición es que podría ser un bandido. Era un escenario difícil, pero no imposible. Zaswell se encontraba en una sección del bosque algo alejada de la barrera mágica de Windaz; llegar hasta allí significaba adentrarse a gran profundidad en la espesura, con altas probabilidades de perderse.
Los invasores o asaltantes optarían por un sendero más cercano al pueblo, en lugar de rodearlo arriesgándose a caminar durante horas para terminar extraviados. El muchacho escogió con cuidado el sitio para probar su creación, a diferencia de la cabaña abandonada convertida en taller, la cual sí se encontraba dentro del rango de protección de la barrera mágica del pueblo.
—«Si fueran bandidos, nos habrían emboscado cuando estábamos los dos. Una bruja tiene un valor auténtico para el secuestro; dudo que sepan de mi existencia como sangre de bruja. A sus ojos, debo ser solo otro niño de 10 años del montón» -llegó a esa conclusión.
No obtuvo respuesta alguna del presunto acechador entre el follaje. Entonces tomó una decisión: dio la vuelta y caminó hacia allí, asumiendo el riesgo que eso conllevaba. Al cruzar unos arbustos y ubicar la fuente más cercana del sonido, no encontró a nadie, pero halló algo peculiar en su lugar.
—Interesante -sus ojos se fijaron en el botín con suma curiosidad.
Un retazo de tela desgastado y manchado con sangre seca servía para envolver tinteros, trozos de planchas, la escultura de una figura rezando y restos de armazones de ventanas. Todos estos objetos tenían algo en común: estaban hechos de plomo.
Miró al frente y a los alrededores, buscando en vano a quien dejó tal botín. Estaba claro que, de ser una trampa, ya tendría que haber caído; sin embargo, allí estaba, recogiéndolo con tranquilidad. En lugar de un señuelo, se asemejaba más a una ofrenda o un obsequio. La cuestión era: ¿por qué?
—Si estás escuchándome, ¡te agradezco por este detalle!, seas quien seas, necesitaba esto con urgencia -expresó Zaswell su gratitud —Si algún día quieres mostrarte, te compensaré el favor, en la medida que me sea posible.
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Editado: 28.05.2026