Metalord Neo Revolution

CAPITULO 7

[VOLUMEN 1]: Rearme

Un niño pelinegro de 10 años emergió de la penumbra ante los forajidos. Se mostró entre aplausos sarcásticos, sosteniendo una antorcha que revelaba su posición con un fulgor titilante. Cruzó los brazos, exhibiendo un semblante rebosante de confianza. Era el mismísimo Zaswell Drayt.

—Aplaudo su valentía, estimados secuestradores de cuarta, pero para su mala suerte… hasta aquí llega -dijo con un rostro de expresión maliciosos.

El segundo grupo de invasores, en lugar de mostrarse preocupado o nervioso, contemplaba con confusión la presencia y palabras del niño.

—Oigan, ¿ese mocoso es parte de las brujas? -preguntó uno de los forajidos con características felinas.

—Oh, apenas lo noto con la luz de la luna, entre ustedes hay semihumanos, 2 hombres de la raza Cait, gente gato -Zaswell distinguió a los 2 miembros únicos de los invasores

Uno de los 2 magos miró fijamente al niño. Con una mano en el mentón, sus ojos trataban de percibir la esencia mágica de su interior.

—No percibo la misma bendición de las brujas en él -confirmó el mago.

—Ah, es solo un mocoso cualquiera.

—Ese mocoso nos podría entorpecer si hace mucho ruido.

—Yo me encargo -un arquero tomó una flecha para tensarla en su arco.

Apenas el forajido apuntó al niño, el propio Zaswell dijo con un suspiro:

—Escogieron morir -chasqueó los dedos de su mano derecha

¡CHAS!

[–––––––]

[Varias horas antes – Mediodía]

En las afueras de la cabaña, restaurada en su interior como un taller, el propio Zaswell presenció con sorpresa el retorno de Mornah. Venía acompañada de otras jóvenes, todas ellas brujas de corta edad.

—Las traje, Zas. ¡Las voluntarias! -anunció Mornah con entusiasmo.

Una fila de 15 muchachas se extendía ante él; se contaban brujas de 14 a 16 años, e incluso la mayor de ellas podría tener unos 18. Había jóvenes tímidas, otras de miradas desinteresadas que solo observaban con curiosidad, y algunas que mostraban un semblante criminal. La única de aspecto medianamente normal era la mayor de 18 años. La única que medianamente normal en aspecto, era la mayor de 18 años.

—No esperaba que tuviéramos voluntarias tan pronto -Zaswell estaba asombrado por el éxito de la convocatoria —Eso es muy conveniente, dada la repentina situación -su expresión se tornó seria.

—¿Qué quieres decir? -Mornah le preguntó.

El niño mostró una nota. La bruja se acercó, la tomó y vio que contenía un mensaje redactado con una caligrafía pobre, pero inteligible.

«Bandidos… peligrosos… atacar… esta noche… su casa…»

La coherencia de la oración era un desastre. Quedaba claro que el autor del escrito carecía de destreza con la pluma, pero había dejado un mensaje que se podía interpretar.

—Zaswell, ¿quién te dio esto?

—Un enigmático extraño me regaló plomo, y contenía ese papel escrito con su gesto material -reveló Zaswell con un semblante pensativo —Independientemente de quién se tome la molestia de «ayudarnos», no tomaré esa advertencia a la ligera.

Miró a las voluntarias brujas y se acercó a ellas. Con las manos a la espalda, imitando a un oficial superior frente a cadetes recién llegados, mantuvo un semblante neutral y acortó la distancia que las separaba a solo 2 metros.

—Eh, ¿este es el presunto mocoso del que habló ella?

—¿Un niño? Un momento… ¿no es el «sangre de bruja»?

—¿Acaso ella nos tomó el pelo? ¿Realmente dice que este niño creó un arma que podamos usar?

—Siento que esto fue una pérdida de tiempo… Solo vine porque me pareció interesante…

—Q-q-qué nervios tengo…

Podía oír los murmullos en voz alta de todas ellas. Ni siquiera trataban de disimular sus comentarios rebosantes de arrogancia, insultos, considerable desinterés o timidez. Solo 1 muchacha se mantenía callada, observando fijamente en silencio al muchacho; era la bruja de 18 años. De cabellera oscura y corta, poseía una estatura de 175 centímetros. Su aspecto revelaba una camisa arrugada, un vestido remendado por el paso de los años y calzado desgastado.

—Todas ustedes tienen «magia pasiva» -afirmó Zaswell, manteniendo su semblante neutral intacto.

Cuando las brujas escucharon su declaración, aquellas que habían lanzado comentarios insultantes, soberbios y desinteresados dirigieron miradas desdeñosas y enfadadas hacia el niño, mientras las tímidas mostraban un rostro afligido. Solo la bruja de 18 años se mantuvo firme, sin reflejar cambios en sus facciones, salvo por ligeros e involuntarios movimientos en las manos.

—Acerté. La «magia pasiva» es una condición en la que alguien posee afinidad con las artes místicas en su cuerpo, pero resulta incapaz de realizar cualquier tipo de magia de categoría -explicó —Es como tener ese don bloqueado en tu cuerpo para usarlo a tu gusto. Algunos consiguen con esfuerzo, y quizás un factor de suerte, despertar su potencial; pero otros… pasan el resto de su vida sabiendo que la energía mágica fluye en ellos, siendo incapaces de utilizarla. Solo piénsenlo: toda bruja recibe la bendición de su dios «Astado», pero no todas son capaces de emplear el don en su totalidad. Es inevitable que dicha condición termine por afectar a gran parte de la población. Tener afinidad con ese poder de manera pasiva; de allí su nombre.

La «magia pasiva» o «mago pasivo» era el equivalente a recibir la mitad del don de la magia, siendo incapaz de ejercer hechizos de categoría. Sin embargo, poseían cualidades a su favor: desde ser capaces de percibir sensorialmente la energía a su alrededor hasta el factor más crucial, el uso eficaz de armas mágicas.

Estas herramientas de combate, creadas por la magia de «Forjado», séase espadas, lanzas, hachas e incluso arcos, ya fueran piezas encantadas o fabricadas desde cero, constituían los «Artefactos arcanos». Podían ser empleados por cualquiera, sin importar si era o no un usuario de artes mágicas.




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