[VOLUMEN 1]: Rearme
Avanzando a 1 kilómetro y medio de la cabaña convertida en taller, allí el propio Zaswell guiando a Mornah y las 15 brujas voluntarias, encuentran en las cercanías de la zona montañosa, la entrada a una pequeña cueva.
—Es aquí -señaló el niño «sangre de bruja»
Había en el área otras pequeñas cuevas, algunas más pequeñas, otras grandes, pero Zaswell eligió una en concreto y se aseguró de recordar cuál era. Mientras las demás entradas conducían a la formación de una pequeña habitación cerrada, la escogida por el niño revelaba un pasillo recto hacia un área oscura, pero el objetivo no era ir al fondo de dicha cueva; sus ojos se detuvieron en una caja de madera cubierta por una tela, oculta en una esquina solo visible al adentrarse a esta.
—Aquí está -señaló la caja de madera
Retirando la tela, el polvo apenas había ensuciado la caja de madera, esta era lo suficientemente grande para ocultar algo vasto en su interior. Al abrir desde arriba se encuentran con más mosquetes iguales al modelo utilizado para la demostración. En total se encontraba un pack de 10 unidades bien guardadas.
—¡Increíble!... sí lograste producir más que solo uno -Mornah observó emocionada tal descubrimiento.
—Su diseño comenzó hace 2 años, pero la producción comenzó el año pasado, podría haber hecho más, pero… esa herida de mierda fastidió la productividad -el muchacho apretó su hombro derecho, disimulando su frustración interna —«Si ese maldito percance no me hubiera frenado, hoy habría un arma armada para cada una en lugar de solo esta cantidad fija» -rememoró con rabia reprimida en sus pensamientos.
—Claro… te refieres a «esa herida» -la bruja de lentes y cabello morado asentó, siendo la única que comprendía dicha razón.
Si el mosquete que usó de prueba hubiera fallado, o tenido algún malfuncionamiento, eso habría implicado que el resto también lo hubiera tenido, realizando una producción en serie de 11 mosquetes. En el momento en que se encontraba desarrollándolos, carecía de plomo para crear munición, adquiriéndola recién al producir el undécimo mosquete.
—Jeje, tenía una fe tan ciega en mis creaciones que llegué recién a probarlo después de producir el último -opinó Zaswell.
—Y la intuición de esa fe no falló -comentó Mornah.
—Nunca lo dudé -dejó en claro él —Ahora, volviendo a la cuestión… ¡que cada una tomé con cuidado un mosquete y síganme! -ordenó enseguida.
[–––––––]
Retornando a los alrededores de la cabaña convertida en taller, las 15 brujas voluntarias se posicionaron en filas, con 11 de ellas empuñando un mosquete. Frente a ellas reposaban 2 cajones, uno de los cuales contenía pedernales y el segundo albergaba balas minie para el arma.
El primer paso fue la explicación de los componentes esenciales del mosquete: el martillo, el rastrillo, la cazoleta, el cañón y la baqueta. El disparador solo funcionaría si todos los demás elementos estaban en orden; eso implicaba el pedernal sujeto sobre el martillo, golpeando el rastrillo y desatando las chispas para encender la pólvora depositada en la cazoleta.
Una de las brujas levantó la mano, era la mayor de todas con 18 años, por encima de sus compañeras de 14 a 16 años. Ella realizó una pregunta que nadie se planteó en relación al funcionamiento del arma.
—Ese polvo negro… pólvora como le dicen, ¿se debe agregar una cantidad específica o da igual cuánto se coloque? -fue su planteamiento.
—Jejeje… un ojo audaz -Zaswell expresó —La pólvora que va en el interior del cañón y sobre la cazoleta es una cantidad fija, y ambas usan distintas medidas. Errar su distribución por más o menos resultará en consecuencias desastrosas -contestó —«Esa muchacha posee el instinto analítico necesario para liderar, una joven promesa de fusilera» -reconoció el propio muchacho en sus pensamientos.
Las demás voluntarias se mostraron perplejas al oír dicha revelación, pensando que la cantidad de pólvora añadida no era ningún factor; les aterraba la idea de aquellas «consecuencias desastrosas» en caso de calcular mal la cantidad.
Zaswell hizo una breve explicación sobre que poner demasiada pólvora hará que el mosquete estalle y pueda causar lesiones graves o matar al tirador. En cambio, poner menos de la requerida hará que el proyectil no sea disparado y quede obstruido en su interior. Con la cazoleta, poner pólvora de más causará una demora de la ignición y también un fogonazo violento a los ojos del tirador; con menos pólvora, simplemente no se encenderá y no ocurrirá el disparo.
— «El miedo es útil si las vuelve minuciosas, pero no puedo permitir que entren en pánico antes de quemar el primer gramo de mezcla» -Penso Zaswell.
La sola idea de oír la posibilidad de morir al calcular mal la cantidad de pólvora en el interior del cañón, sonaría suficiente para desatar el pánico y considerar renunciar. Hasta que la misma voluntaria de 18 años preguntó.
—¿Cómo podremos calcular cuánto debemos colocar en cada disparo?, creo que incluso si se nos indica la proporción de pólvora requerida, existe… aún existe una alta probabilidad de errar en algún momento y con ello causar esas consecuencias desastrosas -fue su análisis deductivo.
—«Jeje… su mente lógica es un pilar fundamental para contener el pánico de las demás voluntarias» -Penso el «sangre de bruja» con satisfacción.
Zaswell sonrió de medio lado, complacido por la intervención oportuna de la mayor del grupo y entonces le ofreció la solución a su problemática. Caminó hacia el interior de la cabaña, y retornó cargando un tercer cajón lleno en su interior, que bajó cerca de ellas.
—He aquí la solución -Zaswell tomó uno de los objetos de dicho cajón para enseñárselas.
Un artilugio con forma de cuerno metálico, en cuya boquilla llevaba acoplado un pequeño tubo metálico, contaba con una válvula a su lado; al girarla en un solo sentido, la boca se abría permitiendo únicamente el paso de una cantidad fija de pólvora, mientras el mecanismo interno bloqueaba herméticamente el resto del depósito. Existían 2 tipos de estos cuernos metálicos: 10 grandes destinados para el cañón del mosquete y otros 10 más pequeños para la cazoleta.
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Editado: 19.06.2026