Metalord Neo Revolution

CAPITULO 13

[VOLUMEN 1]: Rearme

La defensa de Windaz ha culminado. Las curanderas atienden a las brujas y a los escasos hombres combatientes mediante vendas y ungüentos; aquellas investidas en la disciplina de la magia de «Conjuración» canalizan su magia de sanación. No obstante, múltiples defensores no tuvieron la misma suerte.

El contingente computaba 120 combatientes: 115 brujas, con 35 de ellas experimentadas, y 5 hombres. El escrutinio de damnificados tras la liza se desglosa con rigor castrense: 47 heridos leves, 27 convalecientes de gravedad moderada cuya remisión demandará días de recuperación, y 11 en estado grave cuya postración se prolongará por meses, periodo que podrá reducirse únicamente mediante intervención de magia sanadora.

Bajo el manto de la noche, la propia Sara no consolidó el sueño en ningún momento, aguardando y reuniéndose con Naya tras culminar la defensa del aquelarre.

—¿Cuántos murieron? -inquirió la «Eldar», cuya rigidez delataba la tensión del mando.

—19 murieron -contestó Naya —El grueso sufrió muerte instantánea en combate; el resto pereció ante sus heridas antes de poder brindarles siquiera los primeros auxilios.

El reporte de bajas se depositó sobre el escritorio de la «Eldar» Sara Dorbo. Se sintió metafóricamente como un frío balance aritmético que caló en la estancia de forma implacable, cayéndole como un peso gélido de una noche invernal con nieve sobre su piel desnuda.

—Tantas muertes… -trataba de asimilar las pérdidas para no quebrarse —El reporte menciona sobre un segundo grupo de invasores que logro colarse al aquelarre mientras la guardia combatió, ¿eso es correcto?

—Sí, mi «Eldar», y hay 3 personas que lo atestiguaron para brindarnos a detalle los acontecimientos ocurridos -repuso Naya.

Hacen subir al 2.º piso, para presentarse ante el bufete de la Eldar, a dos brujas adultas y a una niña de cabellera naranja: Riza Magdictia. La propia Sara reconoce a la pequeña, dado que su progenitora es una amiga muy cercana a ella.

[–––––––]

Tras un lapso de testimonios pormenorizados, donde depusieron primero las 2 brujas adultas y se postergó el relato de la infanta de cabellera naranja para el final, Sara y Naya justipreciaron la exposición con suma atención. La propia «Eldar» trataba de ocultar ese leve temblor en sus manos; Naya, por su parte, reprimía la transpiración que amenazaba con descender por su frente.

—¿Todos los forajidos fueron abatidos a distancia con tanta presteza? —inquirió Sara, consternada.

—¡Un fulgor! ¡Un fuego brotaba de las fauces de aquellas varas largas metálicas que empuñaban las brujas! ¡Ese niño! ¡El «sangre de bruja» que las acompañaba! ¡era como si los liderara! -rememoró la primera testigo, estupefacta.

—¡Un estrépito formidable! ¡Cual centella en su caída y la llamarada exhalada en el instante exacto! —aseveró la segunda deponente con semblante absorto.

Detallan cómo los combatientes sucumbían de forma fulminante ante el ímpetu de aquel artefacto enigmático. Ninguna protección les protegía, ni la destreza ágil de la raza Cait, ni los propios escudos mágicos manifestado por uno de los magos, pudieron evitar caer ante semejante potencial destructivo.

—Tal poder, capaz de superar la agilidad y reflejos de la raza Cait, perforar una coraza sin dificultad y doblegar los escudos de la «Conjuración» de un mago, debe constituir ser un artefacto arcano sumamente formidable -dictaminó Sara.

—Y disponen de múltiples unidades de estas varas metálicas, ¿de dónde proceden tal semejante arsenal místico? -añadió Naya, sumando dicha incógnita a la deliberación.

Mientras los presentes desentrañaban el enigma en torno a la naturaleza mística de aquellas formidables armas a distancia, la deposición de la niña de cabellera naranja supuso una revelación que saturó la estancia con una densa certidumbre, desafiando la lógica imperante en Liava.

—No hubo magia… -Aseveró Riza —Permanecí cerca; presencié a escasos metros el estruendo y el fuego brotar de aquellas varas metálicas. Percibí el flujo mágico de los magos forajidos en el instante en que usaron sus poderes, pero las armas empleadas para ejecutarlos no las sentí. No registré ni la más insignificante presencia de maná; no subsistió vestigio alguno de magia en ellas ni en sus pertrechos, esas armas… NO USAN MAGIA.

Semejante declaración se erigía como la cumbre de lo absurdo. En Liava, donde el poder absoluto se manifestaba a través de la magia, que un arma exenta del uso de maná lograra imponerse con semejante potencial constituía un hecho tan inverosímil como inaudito; no obstante, también sembraba una honda de aprensión.

Para Naya y Sara, el solo sopesar las aseveraciones de la niña de cabellera naranja equivalía a admitir la quiebra de la lógica imperante en Liava. Validar su testimonio significaba aceptar la sola posibilidad de una fuerza dotada del potencial descomunal para sobrepasar al flujo de la propia magia. Pues por siglos la magia ha regido como la fuente primordial del equilibrio, la cultura, la hegemonía y el poder.

—Agradecemos sus testimonios; nos han provisto de una ayuda crucial -declaró la Eldar, manifestando su gratitud con mesura hacia las tres testigos —Pueden retirarse a sus estancias. Sean cautas y, en lo concerniente a las deliberaciones de esta noche, les pediré por favor, guardar silencio de ello, gracias.

Naya escoltó hacia el exterior a las dos brujas adultas y a la joven Riza, para retornar a la brevedad ante la Eldar y deliberar sobre las deposiciones obtenidas. Ambas convergieron de inmediato en que el dictamen más revelador e impactante salió de la boca de la Magdictia.

—¿Crees que el shock de haber presenciado semejante carnicería de forma tan inmediata indujo a su intelecto, aún inmaduro, a conjeturar el relato expuesto? -fue la hipótesis planteada por Naya.

—Podrá ser una niña, pero su estirpe confiere un peso notorio a sus palabras expuesta esta noche -aseguró Sara —Considero tanto su destreza practico como su aptitud para la magia, no desestimo en absoluto su habilidad sensorial para percibir el maná.




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