[VOLUMEN 1]: Rearme
Un contingente de 5 miembros de la guardia de Windaz, en compañía de su líder, Naya, hizo acto de presencia ante el taller improvisado de Zaswell.
—No me decepcionaste. Lo lograste; no mentías con lo de «poderoso» -fueron las palabras de la robusta bruja guerrera morena.
El propio «sangre de bruja», ante tales palabras, experimentó un chispazo nemotécnico instantáneo que rememoró el contexto preciso tras el comentario de la guerrera.
—Oh, eso fue hace 2 años, de modo que esta inesperada visita de la propia guardia del aquelarre y su poderosa líder no es mera cortesía -inquirió Zaswell con ironía —5 brujas pertrechadas con sus manos próximas a las armas, incluso frente a un niño nacido de este asentamiento, es imposible observar esta escena... con desconfianza -concluyó su análisis con una mano cercana a su arma, el pimentero, ubicado en la retaguardia de su pantalón.
El choque de miradas entre las brujas combatientes y el propio niño de 10 años evidenciaba cómo aquel joven varón preservaba la calma y un semblante marcial en armonía, mientras las adultas guerreras denotaban una leve preocupación. Naya, la única que no se mostró en guardia ni con su mano próxima al arma, se interpuso en el medio.
—Ciertamente, que 5 brujas de la guardia posen frente a un niño de este aquelarre sería demasiado… si no fuera por el caso de que ese mismo niño no es alguien que se considere ordinario -objetó Naya en defensa de sus combatientes —Es suficiente, ustedes 5 ya cesen ese estado tenso de alerta, desde la distancia se percibe esta notoria intranquilidad, en los gestos de su mano cerca de su propia arma -se dirigió su líder a las 5 guerreras brujas.
Ellas, denotando cierta vergüenza en su conducta, alejaron la mano de su arma y adoptaron una postura menos rígida, sin mediar palabra, acatando las órdenes de su superior.
—Te dejamos marchar anoche para que tú y esas 15 jóvenes brujas que «lideras» pudieran descansar; pero ahora necesito que vengas conmigo a ver a la Eldar, sin retrasos -fue la petición de Naya.
—Vaya, la líder del aquelarre queriendo tener un encuentro con este infame «sangre de bruja», cuánto honor -inquirió con palabras de mera ironía.
—Corta tu sarcasmo, quizás tú no entiendes la magnitud de la situación.
—¿Y usted sí? -planteó el propio Zaswell con sus manos en la espalda —Según yo lo veo, las 15 brujas jóvenes que supuestamente «lidero» evitamos que unos visitantes bastante maliciosos que se colaron al aquelarre anoche llevaran a cabo sus siniestros planes dañinos en Windaz, mientras la guardia se ocupaba de luchar contra otro contingente armado, sin tener la menor idea de este grupo secundario hasta después de haber lidiado contra los invasores con los que luchaba -fue la aguda evaluación de Zaswell —Dígame, señorita Naya, ¿qué cree que hubiera pasado si ese pequeño grupo que logró infiltrarse sin que la guardia lo supiera hubiera cumplido su cometido? Le haré la pregunta más corta para que se entienda mejor: ¿cuántos heridos y secuestrados se habrían sumado esa noche?
Las palabras de ese niño resonaban como una bofetada al orgullo de la propia guardia; más de una de las 5 combatientes a espaldas de Naya ocultaba el hecho de que las manos le temblaban, no de temor, sino de frustración ante tales filosas palabras dictadas no solo por un integrante de su aquelarre, sino también por un «sangre de bruja». Naya, quien no se sintió ofendida por esas duras palabras y notó los temblores en las manos de sus subordinadas, optó por centrar su atención hacia Zaswell.
—Solo… sígueme por favor para ver a la Eldar —le volvió a pedir ella.
—Ya qué, acabemos con esto rápido, tengo bastantes cosas por hacer -repuso el varón de 10 años con un suspiro y aceptando su petición.
Cuando estaban por marcharse, fueron sorprendidos por la llegada de las 15 brujas voluntarias, quienes eran lideradas a la vanguardia por Aleza.
—¿Qué está pasando aquí? ¿qué intentan hacer con el comandante? -inquirió Aleza con total calma en sus emociones y postura.
—¿«comandante»? -replicó Naya con cierta sorpresa ante el título dictado a ese niño a su lado.
El propio Zaswell, entre leves risas, calmó a las voluntarias y les dijo:
—Está bien, chicas, esto será rápido; luego podremos seguir con otra ronda de entrenamientos -aseguró él.
—Entonces estaremos cerca, por las dudas -concluyó Aleza.
Naya observó la postura de esas 15 jóvenes brujas; ninguna dudaba, ninguna brindó una opinión en torno a la decisión de la joven que las estaba liderando a la vanguardia, como si todas estuvieran de acuerdo. La sola presencia de esa muchacha que habló por el resto evidenciaba que era la mayor entre las 15; pero, además, la guerrera al mirarla detenidamente, la reconoció de otro lado.
—«Esa bruja… ah, ahora entiendo; aquí es donde fuiste a parar entonces. Je, vaya giro interesante de los acontecimientos» -expresó Naya en sus pensamientos al verla.
[–––––––]
Llegado al 2.º piso, Zaswell avanzó junto a Naya para ubicarse frente al escritorio de aquella mujer de esbelta figura y cabello corto negro. La dignataria relucía un habitual ropaje color ocre similar a una chaqueta, flanqueado por el típico sombrero puntiagudo y un collar de perlas blancas.
—Sara Dorbo, la misma Eldar de Windaz en persona, cuánto honor me insta estar ante su presencia, mi lady -inquirió Zaswell sin ocultar su faceta sarcástica en esos modales.
El «sangre de bruja» había arribado a dicho lugar portando consigo un saco que cargaba con un objeto en su interior.
—Oye, cuida tu lengua -le exigió una molesta Naya, manteniéndose cerca con los brazos cruzados.
—Jeje, está bien, Naya; me alegra saber que eres un joven con cierto sentido del humor -expresó la propia Eldar, en absoluto enfadada e incluso tomándolo con gracia —La razón del porqué te llamé hasta aquí es para hablar contigo.
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Editado: 09.07.2026