Metalord Neo Revolution

CAPITULO 19

[VOLUMEN 1]: Rearme

El perímetro del campamento enemigo concentraba la actividad logística en torno a las jaulas de confinamiento próximas a las tiendas de campaña. Los turnos de relevo entre los vigilantes manifestaban descoordinación táctica. Un forajido, apostado a escasa distancia de los barrotes, consumía una manzana con descuido. Al darle la espalda, en solo un segundo, un brazo semihumano provisto de grilletes y cadenas se proyectó desde el interior de la estructura de hierro y le arrebató la manzana de la mano mediante una maniobra rápida. El tableteo metálico de los eslabones delató la presencia de la criatura cautiva.

—¡Maldita semihumana…! -dijo el forajido desenfundando su espada con una transición torpe.

—¡Baja eso, idiota! -dijo su compañero de guardia interponiendo el brazo para bloquear la trayectoria del arma —¡Como le hagas daño, el jefe nos colgará a los dos!

El sonido de la fruta al ser triturada de un solo mordisco y deglutida de inmediato interrumpió la disputa de los guardias.

—Tsk… Espero que lo hayas disfrutado -dijo el centinela envainando el arma —No recibirás más raciones durante las próximas 24 horas, jodida bestia.

La jaula estaba cubierta casi en su totalidad por una densa lona de tela que proyectaba oscuridad absoluta hacia las secciones internas del habitáculo. El blindaje improvisado dejaba únicamente un flanco al descubierto, sector donde la escasa iluminación ambiental filtraba la silueta de la criatura cautiva. La inspección visual rápida determinó las características de la entidad: se trataba de un ser de morfología bípeda, cubierto por un pelaje espeso y provisto de una cola corta, pero de alta densidad pilosa. En la región cefálica destacaban dos largas orejas que remataban sobre un hocico corto bien definido. La comisura de las fauces permanecía manchada con residuos del jugo de la fruta recientemente consumida, mientras una lengua, de un grosor superior a la anatomía humana, relamió el contorno de sus labios.

—Cuanto antes llegue los comerciantes de esclavos, más pronto nos desharemos de esta bestia -dijo el forajido que había contenido la agresión de su compañero.

—Je, ansío ese momento lo más rápido -dijo el centinela que había perdido su manzana —Ojalá fuera más obediente como el otro prisionero.

A una distancia de escasos metros de la estructura que confinaba a la entidad semihumana, el campamento disponía de un segundo habitáculo de menor envergadura, también restringido visualmente por una lona textil que liberaba únicamente un flanco a la luz ambiental. Este segundo prisionero descartó rasgos de morfología semihumana. En su interior permanecía recluido un individuo de complexión humana, caracterizado por una estatura estimada de 130 centímetros, brazos fornidos cuya fisionomía exhibía un largo cabello descuidado en conjunción con una barba densa y vistiendo harapos sucios.

[–––––––]

Los Forajidos de Lars: constituían como un grupo integrado por asaltantes, ladrones, asesinos y escoria criminal, supeditados al liderazgo de Lars, un experto guerrero mago que rondaba los 45 años. El contingente distaba de ser una banda ordinaria; su comandante era un elemento versado tanto en el combate directo como en la dirección estratégica y la doctrina logística. Dichas aptitudes técnicas le permitían coordinar al grupo delictivo para ejecutar incursiones con notable eficacia, estructurar una red autónoma de recursos y preservar un riguroso bajo perfil operativo.

El propio Lars inspeccionaba el reciente arribo en carreta con unas criaturas en su interior, humanoides de piel verde que rondaban entre los 190 y 220 centímetros de altura. El contingente exhibía una contextura fornida que sobresalía notablemente en el torso y las extremidades; su mandíbula inferior se proyectaba por encima de la superior, con un par de colmillos que sobresalían hacia afuera, complementados por fosas nasales anchas, chatas y simiescas. Su única vestimenta consistía en un harapo sujeto a la cintura. Registraban escaso cuero cabelludo en la cabeza y algo de pelo sobre el pecho. Todos portaban un collar metálico igual sobre el cuello. En total, el cargamento contabilizaba 5 de estos seres.

—¿Estos son los orcos de combate domesticados de los que tanto se jactaban los rumores? -dijo Lars mientras los examinaba

—En efecto, mi estimado Lars, líder indiscutible de los forajidos de Lars -dijo un hombre de mediana edad, provisto de un característico látigo guardado en una funda en su cintura.

El sujeto se presentó como Lonse, el domador encargado de controlar y dirigir con eficacia a los orcos.

—¿Qué seguridad hay de que estos monstruos no se rebelen? -preguntó Lars con los brazos cruzados.

—Totalmente ninguna -dijo el domador con un rostro sádico —Los collares de esclavitud que poseen restringen su voluntad para nunca levantar la mano contra sus amos, y mi látigo encantado con magia me permite dirigirlos con total precisión, al pie de la letra. Incluso si les pidiera que se suiciden, lo harían sin duda alguna, jejeje

—Excelente, porque precisamos toda la mano de combate para el siguiente plan -aclaró el mismo Lars.

El 1ª asalto hacia el aquelarre de brujas resultó en un fracaso. La mayoría de los combatientes usados eran esclavos, pues el objetivo estratégico consistía en que un primer grupo se convirtiera en el cebo que se sacrificaría, para que un 2º grupo, conformado por integrantes mayormente de la banda, se colara a escondidas y secuestrara una cantidad de brujas estimadas.

El propio Lars era consciente del fracaso del primer intento. El costo de emplear 5 orcos de combate esclavos con un domador fijo representaba un presupuesto que tuvo que permitir debido al descalabro anterior.

—«Los contactos de la Familia Bonavesse me permitieron conseguir rápido una fuerza de choque apropiada -pensó el líder de la banda criminal en un momento reflexivo —Ya no tenemos casi nada de esclavos, por lo que debo poner a mis hombres en este segundo intento».




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