Primero que nada, feliz Navidad y próspero Año Nuevo.
Ahora sí. Hoy no vengo con tantas quejas como de costumbre; más bien, el otro día me acordaba de que, en realidad, no me gustaba leer. Antes de que me juzguen, escúchenme —o mejor dicho, léanme—. No me gustaba leer en un principio; más bien fue un gusto adquirido. Me forzaba a mí misma a leer cuando discutían a mi alrededor.
Creo que el recuerdo más vívido que tengo es de cuando tenía unos 13 años. Después de clases, estábamos discutiendo sobre el libro que nos dejaron leer, "Jacinta Peralta", y uno de mis compañeros empezó a quitarse el pantalón para mostrarle a todos su… no lo diré, pero sí, eso. Yo solo pude concentrarme en mi libro para ignorar todo lo que pasaba a mi alrededor.
Después de eso… no sé cómo escribir esta parte, mi mente se bloquea usualmente cuando quiero hablar de esto, pero fue así: mi papá se envició con la bebida y, digamos, tuvimos un hogar muy disfuncional. Los libros fueron mi escape, y así nació mi gusto por la lectura. Me hace pensar que he leído tantas cosas que me gustaron y, a pesar de ello, no es que me apasionara leer en un comienzo.
Por otro lado, iba a hacer esto más extenso, pero mi mente se pone en blanco cuando pienso en ello. Son tantas cosas las que quiero decir pero no puedo. A veces solo quiero gritar que pasé una adolescencia terrible: mi padre era alcohólico y discutía con mi madre un día sí y el otro también; cuando no estaba ella, discutía conmigo. Al ser la mayor, mi madre me contaba sus problemas… vamos, yo era una adolescente, ¿para qué me decía eso a mí? Mis pensamientos eran que solo quería morir y que todo era mi culpa, pero gracias a eso me refugié en la lectura.
Incluso llegué a crear en mi mente una "RD" (Realidad Deseada), como lo llaman hoy en día, aunque en ese entonces solo era un mundo donde podía estar tranquila. Aún lo hago, solo que ya no tanto como antes.
En fin gracias por leerme. lo quiero y comenten si gustan