Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 6 - Lucas Thunder

—Estúpida… —gruñó en un murmullo.

Su ceño se frunció con fuerza mientras su mirada descendía hasta mi brazo. Mis ojos la siguieron y me encontré con la delgada línea de sangre deslizándose lentamente por mi piel, escapando de los arañazos que sus uñas habían dejado. No era una herida profunda, pero la culpa en su expresión lo hacía parecer mucho más grave.

—Lo siento… —susurró, su voz temblorosa. Sus ojos, llenos de arrepentimiento, se alzaron para encontrarse con los míos.

Sin pensarlo, llevé mis manos a su rostro, sujetándolo con suavidad. Quería verla, quería asegurarme de que realmente estaba bien. Deslicé mi mirada por su rostro, analizando cada detalle. Su piel pálida, sus mejillas levemente sonrojadas, el brillo hipnótico de sus ojos y… sus labios. Esos labios rojos carmín que formaban una sonrisa delicada, pero peligrosa.

Un par de colmillos sobresalían ligeramente entre ellos. Blancos, afilados, impecables.

Me quedé atrapado en la imagen. Era hermosa y aterradora a la vez.

—¿Estás bien? —pregunté en un susurro, intentando ignorar el leve estremecimiento que recorría mi espalda.

Ella asintió sin apartar sus manos de las mías. Su tacto era frío, pero de alguna forma me tranquilizaba. Me perdí en la intensidad de su mirada, en ese brillo que parecía ocultar secretos que aún no lograba descifrar.

—Lo estoy… —murmuró con voz ronca.

Su tono era más grave de lo normal, más áspero. Un escalofrío me recorrió la columna, pero no por miedo… era algo más. Una sensación desconocida que me dejaba inquieto.

—Creo…

Su expresión cambió de repente, como si algo la perturbara. Su cuerpo se tensó y, sin previo aviso, se apartó de mí.

—¿Mamá? —preguntó Eren, su voz cargada de confusión.

Mi mente procesó la situación a toda velocidad, conectando las piezas antes de que pudiera articular una respuesta.

Su transformación… se había adelantado.

¿Cómo?, No tenía idea. Como tantas otras cosas sobre ella, esto escapaba a toda lógica. No entendía las reglas de su mundo, y a veces parecía que ni siquiera ella las entendía del todo.

Extendí mi brazo hacia ella, la herida aún fresca. Sabía que la estaba tentando, pero no tenía otra opción.

Karen no me miraba, pero la tensión en su mandíbula la delataba. Sus instintos luchaban contra su voluntad.

—Ten —le ofrecí con calma.

Ella negó de inmediato, con movimientos lentos y controlados.

—No te saciarás con ninguna otra ahora que has olido mi sangre y estás marcada —afirmé, observándola con seriedad.

Su negación se hizo más firme.

—No podré controlarme… Sería peor… —susurró, su voz teñida de tristeza y miedo.

La vi apartar la mirada, como si temiera lo que podía llegar a hacerme.

—Yo te detendré si veo que no te controlas, mamá —intervino Eren con determinación.

Me sorprendió su confianza, pero en el fondo sabía que él estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario.

—Hazlo —reafirmé, extendiendo aún más mi brazo.

Karen vaciló. Sus ojos se debatían entre el instinto y la razón. La lucha interna era evidente.

Pero finalmente cedió.

Tomó mi muñeca con una delicadeza sorprendente y, después de un último segundo de duda, hundió sus colmillos en mi piel.

El dolor que esperaba nunca llegó.

En su lugar, una ola de calor recorrió mi cuerpo, envolviéndome en una sensación completamente inesperada. No era solo la presión de sus colmillos ni el cosquilleo de su lengua contra la herida… era algo más profundo.

Un estremecimiento me recorrió la espalda y me descubrí respirando con dificultad. No quería admitirlo, pero la sensación no era desagradable. Todo lo contrario.

Era embriagador.

El ritmo lento con el que bebía mi sangre hacía que mi cabeza se sintiera ligera, como si estuviera flotando. Su cercanía, su aliento rozando mi piel, la forma en que sus dedos se aferraban a mi muñeca…

Mierda.

Esto no era normal.

—Mamá, ya… —Eren rompió el momento con su voz preocupada.

Karen tardó en reaccionar.

Por unos segundos más, permaneció aferrada a mi brazo, bebiendo con un placer casi palpable.

Entonces, lentamente, se apartó.

Sus labios estaban teñidos de rojo.

Me miró fijamente y, con un movimiento fluido, pasó su lengua por la herida, limpiando cualquier rastro de sangre.

—¿Mamá? —insistió Eren, esta vez en un tono más bajo.

Yo la observé con atención.

Sus ojos estaban completamente teñidos de rojo. La sed seguía ahí, ardiente, insaciable.

Pero no me asustó.

Sonreí para tranquilizarla, y poco a poco, el rojo se desvaneció, dejando que el verde de siempre recuperara su lugar.

Karen pestañeó un par de veces antes de hablar.

—Estoy bien —su voz sonaba más firme, aunque su mirada seguía fija en la mía—. ¿Tú estás bien, Lucas?

Asentí con una sonrisa.

—Lo estoy. Te controlaste bien.

Eren soltó un suspiro de alivio y se pasó una mano por el cabello.

—Por un momento, creí que tendría que pelear contigo para que lo soltaras —intentó bromear, aunque su risa sonó nerviosa—. Si lo hacía, moriría… Eres una neófita, pero no solo eso… eres la reina vampiro.

Se puso de pie y nos miró a ambos con seriedad.

—Los dejo solos. Necesitan hablar…

Dicho esto, se despidió y salió del cuarto.

—Lucas, la hechicera viene en media hora —anunció Zack, entrando en la habitación. Miró a Karen con curiosidad antes de fruncir el ceño—. Sus ojos…

—Mi liberación se adelantó —lo interrumpió ella con naturalidad.

Su voz tenía un matiz elegante, pero seguía siendo la misma Karen.

Zack la miró por un instante antes de sonreír con tranquilidad.

—Me alegra verte en perfectas condiciones.

Luego, suspiró y rodó los ojos con diversión.

—Voy a buscar a Laura. Estaba preocupada por ti, pero luego se distrajo y se fue a una heladería. Ya sabes cómo es.




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