Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 8 - Karen Romanov

—Amor... —la voz de Lucas me sacó de mis pensamientos.

Me detuve, pero no aparté la mirada de la dirección en la que aquella figura había desaparecido. Aún sentía su presencia en el aire, ese eco de energía que dejaba tras de sí como una sombra persistente.

Había sonreído antes de irse. Un gesto ladino, como si supiera algo que yo no.

Fruncí el ceño, sintiendo una punzada de irritación en el pecho. Bufé con frustración antes de girarme hacia Lucas, quien ya estaba a mi lado.

Él tomó mi mano con suavidad, su pulgar trazando círculos sobre el dorso en un intento por tranquilizarme. Ese simple gesto, tan natural en él, siempre tenía un efecto inmediato sobre mí.

—¿Qué pasó? —preguntó, su tono era sereno, pero sus ojos reflejaban una cautela contenida.

No respondí de inmediato.

En cambio, me permití acercarme más a él, buscando la calidez de su cuerpo. Sentí su aroma envolverme como una brisa familiar, un bálsamo contra el torbellino de pensamientos que inundaban mi mente.

Cerré los ojos por un instante.

Entonces, como si alguien hubiera pulsado una tecla dentro de mí, una melodía de piano comenzó a sonar en mi cabeza, suave y melancólica.

Mi corazón se encogió.

Sonreí, casi sin darme cuenta.

Abrí los ojos y encontré los suyos.

Lucas tenía la mirada más intensa que jamás había visto, como si pudiera leer cada emoción que pasaba por mi mente sin necesidad de palabras.

Llevé una mano a su mejilla, deslizando mis dedos con lentitud por su piel. Sus facciones eran tan perfectas para mí que a veces temía que todo esto fuera un sueño.

Mi tua cantante... —murmuré con voz baja, dejando que las palabras fluyeran como un secreto compartido.

Lucas sonrió de lado, un gesto tan suyo que me provocó un estremecimiento.

Con ternura, juntó nuestras frentes, su respiración cálida chocando contra la mía.

—Mi hermosa mate y Luna —susurró, y el amor en su voz me atravesó con fuerza.

Mi sonrisa se amplió.

Sentí que mi corazón latía más fuerte, como si cada parte de mí respondiera solo a él. Rodeé su cuello con mis brazos, buscando aún más de su contacto.

Lucas no dudó en corresponderme. Sus manos se deslizaron hasta mi cintura, y su toque fue ligero, reverente, como si temiera romperme. Sus dedos se movieron con lentitud, dejando caricias casi imperceptibles que enviaban escalofríos por mi espalda.

Nos quedamos así, enredados en nuestro pequeño universo, hasta que el sonido de la puerta abriéndose nos obligó a regresar a la realidad.

Arturo y Marissa salieron de la casa.

No me separé de Lucas. No quería hacerlo.

En cambio, giré sobre mis talones y apoyé mi espalda contra su pecho, sintiendo la seguridad que me ofrecía su abrazo.

Lucas entendió mi necesidad sin que tuviera que decirlo.

Sus brazos se ajustaron alrededor de mi cintura, y sus dedos continuaron sus caricias pausadas, como si su única preocupación en este momento fuera hacerme sentir bien.

Hundió su rostro en el espacio entre mi cuello y mi hombro, y dejó un beso sobre la marca que me había hecho tiempo atrás.

Una oleada de calor se expandió por mi cuerpo.

—Mamá… —Arturo me llamó con cautela.

Le dediqué apenas una mirada, sin moverme del abrazo de Lucas.

—¿Por qué estás así? —preguntó con el ceño fruncido.

Respiré hondo.

—La liberación se adelantó… —respondí en un tono neutro, aunque por dentro la inquietud seguía latiendo en mi pecho.

Lucas se tensó detrás de mí.

Sus manos en mi cintura pasaron de caricias delicadas a un agarre más firme, como si tratara de aferrarme a la realidad, de evitar que cualquier cosa pudiera alejarme de él.

No podía permitirme flaquear ahora.

Me obligué a recomponerme y le di un leve codazo para que detuviera su toque al sentir como el calor empezaba a invadir cada rincón de mi cuerpo.

—Tienen que reforzar la seguridad en la manada —continué, esta vez con un tono más firme—. Los estuvieron siguiendo todo el tiempo. Su aroma quedó impregnado en ustedes.

Mis palabras no fueron un reproche, sino un hecho innegable.

Lucas gruñó, su cuerpo tensándose aún más.

Para calmarlo, deslicé mis manos sobre sus brazos y entrelacé mi mano derecha con la suya.

Él relajó un poco la mandíbula, pero su mirada seguía cargada de ira contenida.

—No saldrán de la casa sin guardias —sentencié.

Arturo abrió la boca para protestar, pero lo detuve con una mirada seria.

—No dudo que puedas defenderte, Arturo, pero esto no es solo por ti. Quien los seguía era un híbrido… y dudo que sea el único que esté aquí.

Lucas apretó los dientes, su agarre sobre mí volviéndose más protector. Mis hombros se relajaron notablemente ante su acción.

—La manada ya ha comenzado a ser atacada —proseguí—. Son vampiros que antes formaban parte de la guardia real del castillo. No serán los únicos que quieran acabar con la reencarnación de la Reina… pero también habrá otros que nos apoyarán.

Marissa intentaba calmar a Arturo mientras yo hacía lo mismo con Lucas.

Él me rodeaba con más fuerza, como si la idea de perderme fuera insoportable.

No podía culparlo.

—No podemos permitir que la manada sufra por mi culpa —dije con determinación—. Así que tendremos que hacer alianzas con otras manadas. Retomaré mi lugar como Reina del Clan Vampírico mientras esto dure y formaremos una alianza entre vampiros y lobos.

Se hizo un silencio espeso.

—Quiero a Laura fuera de esto… —agregué tras unos segundos.

Arturo y Marissa asintieron sin cuestionarlo.

—Estoy de acuerdo —dijo Arturo, tomando la mano de Marissa—. No quiero que les pase nada. Te ayudaré con las alianzas.

Sonreí levemente y asentí.

Después de un rato, los chicos se marcharon.

Lucas permaneció conmigo.

—Voy a estar contigo todo el tiempo —murmuró, su voz grave y llena de promesas—. No dejaré que hagas nada sola.




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