—Gracias, mi Luna—, escuché en mi mente, y una sonrisa tonta se formó en mis labios. Era la primera vez que Brath me hablaba desde que aparecí en la vida de Lucas, hace poco más de un año. Un año que había sido difícil, lleno de incertidumbres, pero también de descubrimientos. Ahora, esa simple frase de Brath, llena de ternura y cercanía, me hacía sentir que, a pesar de todo lo malo que había sucedido, había algo hermoso que me esperaba, algo que me quería tal cual era.
—Pensé que no te agradaba —respondí por la conexión, sin querer que nadie más me escuchara, temerosa de ser malinterpretada. Él siempre había mantenido su distancia, y esa sensación me había inquietado desde el principio—. Pensé que me odiabas por lo que soy y por eso no me habías hablado desde que aparecí en sus vidas... —acaricié su cabeza, mis dedos se movieron con ternura mientras la nostalgia me invadía. Todo era tan incierto para mí—. Es lo que temo con ambos...
Él me miró con esos ojos tan expresivos, y antes de que pudiera decir algo más, lamió mi cara, suavemente, como si tratara de tranquilizarme.
—No lo hago, mi Luna, solo que yo no soy de controlarme... —dijo, moviendo sus orejas y su cola de un lado a otro, de forma feliz. Verlo así, tan alegre, me hizo sonreír, aunque fuera solo un poco. A veces, lo más sencillo era lo que más reconfortaba—. Lucas sí puede, pero yo no. Pero prometo acercarme más a ti, mi Luna... Y no te odio, ni te odiamos por lo que eres. Te amamos así tal cual eres...
Esas palabras me calaron hondo. Sentí una oleada de alivio y gratitud que me invadió. Nadie me había hablado de esa forma en mucho tiempo. No solo Lucas, sino Brath también, los dos me aceptaban, sin reservas, sin prejuicios. Eso era más de lo que yo había esperado encontrar en este mundo tan cruel.
Mi vida pasada, está.
Ambas habían sido una mierda.
Sonreí, con la sensación de que algo en mi interior se aligeraba, y besé su cabeza, haciendo que él ronroneara, el sonido era bajo, pero lleno de satisfacción.
—Tienen que descansar, vamos a casa —dije, con una calma renovada. Él se apartó de mí, y me levanté del suelo, sintiendo cómo mis piernas se movían de forma algo torpe pero determinada. Caminamos juntos hacia la casa, mi lindo lobito, ese que amaba con todas mis fuerzas, el que me había protegido sin preguntar, sin dudar. Ese que se había convertido en mi fuerza, mi protector, y ahora, y, en algo mucho más.
Cuando llegamos a la casa, Brath entró en su forma lobuna. Lo seguí sin dudar, y al entrar, lo vi subir las escaleras, con esa majestuosidad propia de un ser salvaje y noble a la vez. Caminar detrás de él me hacía sentir en paz, como si todo lo que había ocurrido hasta ese momnto realmente no tuviera sentido.
Subí las escaleras detrás de él, y al entrar en el cuarto, se destransformó, quedando solo con un bóxer gris que cubría su feliz amigo. El contraste entre su cuerpo musculoso y esa fragancia tan masculina que emanaba de él me hizo detenerme por un momento, solo para admirarlo en silencio. Sus ojos, verdes como la hierba después de la lluvia, brillaban con una intensidad profunda, marcada por el deseo y la pasión. Vi en su mirada que Brath aún tenía el control total de su cuerpo, y eso me hizo sentir una oleada de calor.
—Mi sexy Luna —dijo con voz grave, y de repente, se abalanzó sobre mí, rodeando con sus manos mi cintura, apretándome contra su cuerpo. Sentí su calor, su fuerza, y una ola de emoción me recorrió—. No me gusta cómo te miran los otros lobos... Me dan ganas de arrancarles las cabezas por observar lo que es mío... —me abrazó, y sus palabras resonaron en mi oído, llenas de posesividad—. Mía, y solo mía... —besó la marca en mi cuello, haciendo que mi piel se erizara, provocando que mis sentidos se agudizaran aún más. Aquel beso, tan cargado de deseo, me hizo estremecer.
Luego, comenzó a dejar un rastro de besos húmedos en mi cuello, desde la marca hasta el inicio de mis pechos, un camino ardiente que me hizo suspirar. Él gruñó bajo, como una promesa de lo que vendría, y un gemido se escapó de mis labios sin que pudiera evitarlo. Su toque, su cercanía, todo lo que estaba haciendo me llenaba de un deseo que nunca había sentido de esa forma.
—Te amo, mi Luna, no lo dudes jamás. Por más idiota que me comporte —dijo entre susurros, antes de devorar mis labios con un beso rápido, fogoso, lleno de necesidad. Ese beso estaba impregnado de amor, de pasión, de deseo, y sobre todo, de una urgencia que me dejó sin aliento. No me soltaba, su cuerpo presionaba el mío, y mi corazón latía desbocado.
Gustosa, le seguí el beso, enrollando mis manos en su cuello, profundizando más el contacto, perdiéndome en la intensidad de ese momento. Él gruñó bajo, y con una rapidez asombrosa, me tomó de la cintura, sus manos explorando mi cuerpo, acariciando mi cintura y mis nalgas, apretándolas con firmeza. Gemí ante su acción, y él me levantó de las piernas, haciéndome envolverlas alrededor de su cintura con naturalidad. Sus labios no se separaban de los míos, y comenzó a repartir besos por mi cuello una vez más. Yo trataba de retener los gemidos por sus toques, por la forma en que me hacía sentir, pero era imposible.
Sus colmillos acariciaron mi marca, y el simple roce me hizo estremecer, haciéndome gemir aún más fuerte.
—Bra...th —gemí su nombre, y él gruñó gustoso al escuchar el sonido de mis labios. Caminó conmigo, con mis piernas aún envueltas en su cintura, y me llevó hacia la cama, dejándome sobre ella con una suavidad sorprendente, a pesar de la urgencia en sus movimientos.
—Hazlo de nuevo —gruñó sobre mis labios, su voz llena de deseo—. Gime mi nombre de nuevo, me encantó escucharte —dijo, deseoso, antes de devorar mis labios una vez más. Unió nuestras lenguas en un vals adictivo, tan intenso que parecía que no podríamos separarnos nunca.
—Bra...th —gemí de nuevo, con más intensidad, cuando besó mi cuello, y él gruñó en respuesta. Empezó a deshacerme la ropa con movimientos rápidos, pero llenos de una delicadeza que me hizo sentir aún más especial.
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Editado: 15.07.2026