—Solo que ahora yo tengo el control de esto... —dijo con una calma inquietante, su voz grave y llena de una seguridad perturbadora. —Dicen que si repites algo muchas veces y crees que es así, entonces se cumple. Es un claro ejemplo de que puede suceder. Recuerda, viejo amigo, que soy una reencarnación... no cualquier cosa. —Se separó de él lentamente, sonriendo con un cinismo que se notaba en cada movimiento. —Eso significa que soy mi pasado y mi presente en un solo cuerpo. Eso explicaría tu duda.
El pelirosa me miró rápidamente, sus ojos se abrieron de par en par como si estuviera viendo algo aterrador. Sentí cómo mi cuerpo se quedaba inmóvil, como si el aire se espesara entre nosotros, y su mirada... había algo en ella, algo que me heló por completo. Sus ojos, ahora cristalizados, mostraban un miedo palpable, ese miedo que puede congelar el alma. Me quedé quieto, esperando, analizando sus reacciones, porque en sus ojos había una mezcla de horror y confusión que no podía ignorar.
—Al...pha... —pronunció con voz quebrada, casi como un susurro, como si intentara comprender lo que estaba pasando, pero algo dentro de él no podía aceptar la realidad que estaba viendo. Casi me dio ganas de reírme por la forma en que me dijo esa palabra, como si lo estuviera diciendo a regañadientes, pero me contuve. Karen, quién aún me daba la espalda, se tensó aún más, su cuerpo rígido como una tabla, y pude ver cómo sus hombros se sacudían ligeramente, como si la situación estuviera a punto de explotar.
—¿Cómo... puede estar con este monstruo? —preguntó él, temblando. Su voz se rompió en el aire, llena de horror y repulsión. A través de sus palabras, pude sentir la lucha interna que estaba viviendo. No solo estaba disgustado por lo que veía, sino que estaba aterrorizado. El pánico lo invadía de tal forma que sus palabras se arrastraban como si fueran condenas. Mi corazón latió con más fuerza, pero no por lo que él decía, sino por la forma en que Karen reaccionaba. Ella dio un paso atrás, su mirada cayó al suelo, y vi cómo trago saliva con un esfuerzo visible, como si tratara de mantener la calma, de no ceder ante el miedo.
— No, no, no... Mierda, no me mires así... Tú no... Todos, menos tú —escuché sus pensamientos, y cada palabra se clavó en mí como una daga. Estaba clara la desesperación en su mente, el ruego implorando que no fuera yo quien se interpusiera entre ella y el caos que estaba ocurriendo. Vi cómo apretaba los puños con una fuerza que, por un momento, me pareció que podría romperse en pedazos. Su ansiedad era palpable, tan fuerte que casi podía tocarse.
—¡¿Cómo puede estar con esta cosa?! —gritó él, su voz llena de odio y asco, casi como si la viera como algo repulsivo, algo que jamás debería haber existido. Señaló a Karen, y pude ver cómo el terror en sus ojos crecía al ver la reacción de ella. Ella dio un respingo nervioso y, como si le hubieran lanzado un golpe, su mirada bajó aún más, evitando encontrar mis ojos. Su respiración se hizo más errática, y en ese instante, me di cuenta de lo que estaba pasando. No solo estaba luchando contra mi presencia; su propia guerra interna estaba llevándola a la desesperación.
— Me importa una mierda esto... —escuché la voz temblorosa de Karen, y por un instante, mi estómago dio un vuelco al escucharla. No era la seguridad que usualmente mostraba, esa fuerza que siempre estaba en ella. No, esta vez había algo diferente, algo que me hizo sentir que realmente estaba a punto de romperse. Era tan vulnerable, tan perdida en sus propios pensamientos, que no supe si debía tranquilizarla o seguir adelante con la conversación. —Regresé para protegerlos... y me vale una mierda si me odian por hacerlo. Solo estoy aquí para cuidarlos, y nada más.
Su voz se quebró al final, y al verla tan frágil, sentí cómo el dolor se instalaba en mi pecho. Se giró hacia mí, con los ojos llenos de una tristeza profunda que me calo el alma
—Ella no regresó para recibir empatía, y yo no permití que volviera solo para estar de adorno. La necesito para cuidarlos de él y de ella... —su mirada se desvió, como si no pudiera seguir sosteniéndola. —No voy a dejar de proteger a los que amo, aunque me odien por eso. Sé que mis acciones y las que vendrán harán que me odien aún más, pero esta vez Henry no estará para salvarme de la soledad...
Cada palabra que salía de su boca me golpeaba con más fuerza que la anterior. Había un dolor tan puro y desgarrador en sus palabras, algo que jamás había imaginado escuchar de ella. El nombre de Henry flotaba en el aire, como un eco de su pasado, y sentí un dolor profundo. Algo se retorció dentro de mí al escuchar cómo él todavía podía marcar su presente de tal manera.
—Deja de decir eso... —hablé por primera vez, bajando las escaleras con pasos firmes, con la rabia y el dolor acumulados en mi pecho. No me importaba que mencionara a Henry una vez más; ya estaba harto de escuchar su nombre cada vez que ella se sentía perdida. Yo estaba aquí, yo era su presente, no él. —Te dije que no te odio, ni te odiaré, y menos te dejaré... —miré al pelirosa, mis palabras saliendo como un reto. —Estoy con ella porque la amo, y todo lo que hace lo hace por mí y por los que quiere. Dejarla por eso sería como lanzarme desde un barranco con los ojos vendados... en conclusión, una completa estupidez.
El pelirosa tembló ante mis palabras, como si estuviera sintiendo el peso de lo que acababa de decir. Era un recordatorio de que no había vuelta atrás para ninguno de los dos. Mi amor por Karen era inquebrantable. Me acerqué a él, dejando claro que no había lugar para dudas.
—Ahora haz lo que dijo, o yo seré quien mate a esa tu hermana. Soy un alpha, y los alphas podemos ser tiranos cuando se trata de nuestras Lunas. —Me acerqué a Karen, que seguía procesando mis palabras. Podía ver cómo su mente trataba de digerir todo lo que acababa de suceder. La tomé por el hombro, y sentí su respiración irregular, como si todo esto estuviera afectándola de formas que no podía controlar.
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Editado: 15.07.2026