Estaba apenada por lo que había sucedido en la casa unas horas antes. La situación me había dejado un nudo en el estómago, y aunque intentaba no pensar en ello, los recuerdos seguían golpeando mi mente. Lucas no ha soltado mi mano desde que subimos al auto, y de alguna forma le agradezco por ello. Ese simple gesto de tenerme cerca, de ofrecerme apoyo sin decir una sola palabra, me mantiene la mente despejada de algunas cosas que, en este momento, no soy capaz de manejar. Es curioso cómo la presencia de alguien puede ser tan reconfortante, cómo con solo un toque se puede hacer que el mundo exterior pierda un poco de su peso.
Me sorprendió un poco, para ser honesta, la forma en la que le habló a Icchigan. No me esperaba que alguien tan dulce y tierno como él pudiera actuar con tanta frialdad y sin remordimientos. Siempre había visto a Lucas como alguien lleno de compasión, pero esa parte de él que se mostró hoy… era algo que ni siquiera yo había conocido por completo. Supongo que todos tenemos una parte de nosotros que pocos conocen, pero siempre sale a relucir cuando más la necesitamos. Todos somos más complejos de lo que dejamos ver, y a veces las situaciones extremas sacan a la luz una faceta que ni uno mismo se da cuenta que tiene.
Mi mente, sin embargo, no podía dejar de dar vueltas a lo que acababa de escuchar.
—Me hizo un hijo…— escuché en mi cabeza la voz de Baphomet, casi como un gemido indecente, articulando sus palabras de forma exagerada. Esa maldita voz resonaba en mi mente, y el tono con el que lo decía me hizo estremecer. La forma en que lo expresaba, tan cargada de lujuria, como si cada palabra estuviera impregnada con una necesidad profunda, una especie de obsesión.
—Por Satanás, es tan ardiente, y cómo nos defendió…— Los recuerdos de su presencia volvieron, trayendo consigo la incomodidad de lo que había experimentado en el pasado. Mi mente dio un brinco hacia ese momento, y una risa nerviosa escapó de mis labios, una risa que me sorprendió a mí misma.
Me hundí en mis recuerdos, esos de mi vida anterior que aún trato de descifrar. Una vida que siento tan distante, pero que sigue latiendo dentro de mí, afectando mi presente de maneras que aún no logro entender por completo. Cada fragmento de mi pasado me confronta con una parte de mí misma que ya no reconozco, que ya no sé si quiero reconocer. Los ecos de lo que fui, de lo que hice, siguen resonando en mi mente, y por más que intente huir de ellos, siempre están ahí, esperando a ser descubiertos. Como una sombra persistente, no me deja avanzar sin antes hacerme enfrentar lo que fui. Y esa voz de Baphomet, esa risa cargada de deseo y poder, sólo me recordaba lo mucho que aún no sé sobre mi verdadera naturaleza.
Lucas apretó mi mano con más fuerza, como si de alguna manera supiera lo que estaba pasando por mi mente. Quizá no entendiera todo lo que sentía, pero su gesto de apoyo me hizo sentir que, al menos en ese momento, no estaba sola. Y aunque las palabras de Baphomet seguían rondando mi cabeza, el contacto de Lucas me ayudaba a mantenerme anclada en el presente, a no perderme en la oscuridad de mis propios recuerdos.
Aun así, no podía evitar preguntarme si alguna vez lograría escapar de las huellas del pasado.
Sí en algún momento podría comprender todo lo que tenía en frente.
" —Puede pasar, señora. No dude—, habló un hombre frente a mí con tono tranquilo. Su rostro era borroso, y su voz estaba distorsionada, como si estuviera en una película de baja calidad.
—¿Y tú crees que yo permitiré que haga eso?—, pregunté con voz fría y algo cansada. Estaba con un vestido azul, mi largo cabello recogido en una coleta alta de caballo, unos tacones negros y me encontraba sentada en un sofá con las piernas cruzadas, mirando fijamente a la persona frente a mí. Estaba cansada de todo, de esta guerra que no pedí. —Es un maldito demonio, el que jodió mi vida— me levanté de golpe, acercándome a él, la rabia empañando cada palabra. —Ese hijo de puta pagará por todo lo que hizo, te lo juro...
—Y no lo dudo, señora...— me dijo él, asintiendo con la cabeza. —Lo único que pongo en duda es que usted... "
Y ahí terminó el recuerdo. No tenía el resto de ese recuerdo, así como también varios otros. Eran fragmentos inconclusos que no entendía.
" — ¡Eres una maldición, zorra asesina!—, me golpearon la cara nuevamente con el mismo tubo metálico con el cual me han estado golpeando durante la última hora. Mis manos y pies estaban atados a la silla, mis músculos tensos, incapaces de moverse, mi cuerpo ya más que golpeado. La oscuridad a mi alrededor me aplastaba, mientras los sollozos de la joven frente a mí me golpeaban los oídos, sus lágrimas empapaban el aire. El miedo en su voz era palpable, pero yo no podía permitirme el lujo de sentir lástima. No era mi jodido problema.
—¿Y tenerme así te hace mejor que yo?—, respondí con burla, escupiendo sangre al suelo. Estaba mareada, mi visión borrosa, pero no iba a ser débil, no frente a ello. Mi cuerpo dolía como si cada músculo estuviera a punto de romperse, y la fatiga me atenazaba, pero no daría mi brazo a torcer. No frente a esta niña a la que le han contado una historia completamente errónea de lo que pasó. Sangre salía de diferentes partes de mi cuerpo, mis heridas abiertas, pero no me importaba.
—Solo te hace peor que yo, querida...—, sonreí de forma ladina, con frialdad, indiferente, mientras mis ojos rojos brillaban con intensidad, haciendo que se perdiera en su reflejo. —Nadie es mejor que nadie, y que ellos digan que soy una asesina no me hace serlo. Aunque no te niego que, harta de todo, me convertí en una.— Hablaba con indiferencia, sin apartar la mirada de su rostro. Al final, me encogí de hombros, como si todo fuera un juego.
Mis ojos, que antes eran tan llenos de vida, ahora solo reflejaban la oscuridad que había consumido mi alma. Ese verde característico se había desvanecido hace ya años, reemplazado por un rojo carmín que indicaba que ya no quedaba nada de la persona que alguna vez fui. Y no me arrepentía, no ahora.
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Editado: 15.07.2026