—Llegamos—. La voz de Lucas me sacó de mis pensamientos. Apretó mi mano con suavidad, pero suficiente para que lo sintiera, y me miró preocupado.
—¿Estás bien? —me preguntó, sus ojos fijos en los míos con una mezcla de duda y ternura.
Le sonreí, intentando calmarlo un poco, pero también para tranquilizarme a mí misma. Sabía que si él veía que algo no estaba bien, se preocuparía aún más.
—Claro, vamos —respondí, esforzándome por sonar firme y segura, aunque mi voz tembló un poco, como si las emociones me traicionaran en ese momento. Salimos del auto y me encontré con varios guardias del castillo, distribuidos estratégicamente por todo el lugar, vigilando cada rincón. La sensación de seguridad que me proporcionaban me resultaba irónica, dado que hacía tanto tiempo que había escapado de este lugar.
"¿Por qué hay tantos guardias si no hay nadie en el castillo?", Pensé, algo extrañada. La inquietud creció dentro de mí, pero intenté ignorarla, concentrándome en lo que debía hacer. Lucas tomó mi mano al estar a mi lado, su presencia era un ancla que me mantenía algo estable en medio del caos que sentía. Caminamos juntos hacia la puerta principal del castillo, y una ola de recuerdos me golpeó. No pude evitar sonreír, aunque fuera de manera involuntaria, al recordar aquel primer encuentro con Lucas, hace un año y medio. El tiempo había pasado tan rápido, pero al mismo tiempo tan tortuosamente lento.
Era imposible borrar de mi mente el momento exacto en que lo vi por primera vez, la forma en que se presentó, cómo me hizo sentir una mezcla de miedo, enojó y curiosidad. Ahora, caminaba tomada de su mano, tan segura de él como nunca pensé que podría estarlo. Me sentí como una niña otra vez, vulnerable pero también llena de determinación.
"¿Cómo habrán cambiado las cosas en tan poco tiempo?*, me dije en silencio.
Los recuerdos de la primera vez que vi a Lucas inundaron mi mente y mi corazón dio un vuelco. Una sonrisa se pintó en mis labios carmín, sin que pudiera evitarlo. Era una sonrisa triste, nostálgica, porque aunque había cambiado tanto, esa sensación de estar atrapada entre lo que fui y lo que soy ahora seguía siendo tan real como entonces.
Esa vez fue tan extraña para mí, y aún así estaba feliz de haber salido de allí con mis hermanos. Nadie hubiera imaginado que, con el tiempo, caminaría a su lado de esta manera. Ahora me encontraba aquí, junto a él, con toda mi familia.
"¿Quién diría que el día de hoy sería así?", Pensé, no sin un toque de amargura.
Caminaba tomada de la mano de ese alfa que apareció en mi vida junto a mi Papá Patricio y mis hermanos con los que escapé. Y resulta que ahora, esos mismos hermanos se habían convertido en mis hijos. La vida daba giros extraños, o tal vez nunca había sido tan directa conmigo como en ese momento. El hombre que me había ayudado a escapar de aquí, mi ex esposo, y ahora, alguien a quien le tengo una apreciación profunda. Todo era tan diferente ahora.
Y no solo eso... Estaba aquí, frente al lugar que odié con todas mis fuerzas, el lugar donde me hirieron profundamente. Este lugar que me había robado tanto. Pero ahora, frente a él, no sentía lo mismo que antes. Iba a reclamar lo que, por derecho, me pertenecía, pero no lo quería. Era una lucha interna que me carcomía por dentro.
"¿Por qué tengo que tomarlo?", me preguntaba. Pero debo hacerlo para cumplir mi objetivo. Tenía que ser fuerte, aunque cada parte de mí me gritaba que no debía regresar.
Estaba de nuevo aquí, el lugar que fue mi hogar por una eternidad, y que luego se convirtió en el escenario de todas y cada una de mis pesadillas. Regresar aquí no era lo mismo. Yo no era la misma. Ahora tenía una razón mucho más poderosa para estar aquí: mi familia. No pensaba dejarlos, no importaba lo que tuviera que hacer. Costara lo que costara, no pensaba dar un paso atrás.
"No lo haré en esta vida", me prometí.
Lucas apretó mi mano entre la suya, como si quisiera recordarme que no estaba sola, como si al sostenerme, pudiera asegurar que todo iba a estar bien. Lo miré, y por un momento, toda la tensión que sentía desapareció, reemplazada por la fuerza de su presencia.
—Vamos —dije con una sonrisa cálida, una sonrisa que solo él podría hacerme dar, y que significaba más de lo que cualquiera podría entender. Entramos juntos al castillo, y los murmullos se apagaron a nuestro alrededor, mientras todos los que estaban afuera hacían una reverencia al pasar frente a ellos.
Avancé con paso firme, la cabeza erguida, mis pies marcando el ritmo de una marcha que no podía detenerse. Aferrada a la mano de Lucas, sentía el peso de todo lo que había dejado atrás, pero también el peso de todo lo que estaba a punto de reclamar.
"Maldita estaba mi vida", pensé, mientras caminaba, con la mirada fija al frente. Había salido de aquí para no regresar, y ahora lo estaba haciendo, y lo más probable es que no salga de nuevo... no sin una corona maldita manchada de sangre en la cabeza que hiciera que todos me reconocieran.
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Editado: 15.07.2026