Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 20 - Karen Romanov

Caminé tras Herbet, la corona pesada en mi mano derecha, mientras que en la izquierda, casi con reverencia, sostenía un pequeño anillo de oro. El anillo parecía insignificante a simple vista, pero para mí, era mucho más que un simple accesorio. Sus bordes delicadamente labrados albergaban una inscripción apenas visible: mi nombre, Karen. El oro, con su brillo apagado, estaba marcado por el paso del tiempo, pero aún reflejaba el resplandor de aquellos momentos pasados, los que ahora se sentían como fragmentos perdidos en la niebla de mi memoria. El anillo había sido mío antes, pero con el tiempo se había convertido en un recordatorio de lo que había sido… y de lo que aún quedaba por venir.

Lucas me seguía, su presencia una sombra persistente que hacía que mi mente se dispersara, aunque no dejaba de notarlo. Y Baphomet, la otra parte de mí, la que siempre me había acompañado en los momentos más oscuros, estaba despierta, ansiosa por mostrar al mundo que, a pesar de los años perdidos y las luchas internas, seguía siendo quien gobernaba en este cuerpo. Había cosas que aún no comprendía, como las batallas entre los lobos rojos y azules de las que apenas recordaba algunos retazos. Pero lo que sí sabía era que, en algún rincón de mi memoria, el demonio que había vendido el alma a Bechet hace siglos, estaba esperando. Y yo debía ser la que recopilara esa información, aunque mi corazón aún latía fuerte por las preguntas sin respuesta.

La sala de fiestas estaba cerca, una gran estructura que albergaba no solo las celebraciones, sino los símbolos de la familia real. Los tronos de los reyes, las reinas y los príncipes y princesas eran el centro de todo, un lugar en el que se decidían los destinos, no solo de los nobles, sino de todo el clan vampírico.

Herbet me sacó de mis pensamientos con su voz grave:

—Listo, su majestad.

Lo miré, pero no respondí inmediatamente. No era mi voz la que necesitaba escuchar, sino la de Baphomet, la que controlaba mi cuerpo, la que se hacía cargo de lo que sucedía. La esencia de lo que era yo misma, pero más fría, más calculadora.

—Bien —respondío Baphomet, con una fría indiferencia en su tono.

Me coloqué la corona sobre la cabeza, sintiendo el peso de la responsabilidad, aunque no era yo quien lo sentía realmente. Era Baphomet quien tomaba el control, quien caminaba hacia el trono de la reina con una gracia calculada, sabiendo que el lugar le pertenecía por derecho.

El salón era grande, casi asfixiante en su opulencia. Las paredes de mármol blanco estaban cubiertas por tapices oscuros que representaban la historia de la familia real. La luz que entraba por los vitrales formaba patrones de sombras místicas que danzaban por el suelo, creando una atmósfera que se sentía más como un santuario que como una simple sala. Las esencias de magia flotaban en el aire, una mezcla densa de poder y de antiguos hechizos, que parecían vibrar con cada paso que daba. El aroma era una mezcla de inciensos apagados y la fragancia metálica de la sangre, que nunca desaparecía del todo en el aire del castillo. Cada rincón estaba impregnado de historia y poder, y yo, de alguna manera, era parte de todo eso.

Subí los escalones hacia el trono, el que una vez fue mío, sin ninguna emoción en mi rostro. Mi cuerpo se movía con la fluidez de un ser que ya no sentía el peso de las decisiones, pero mi mente, aunque atrapada en la frialdad de Baphomet, no dejaba de analizar cada detalle, cada posible reacción. Me senté en "mi lugar", acomodándome con una despreocupación que solo Baphomet podía mostrar. Desde la entrada, Lucas me observaba en silencio, pero no necesitaba mirarlo para saber que su mirada estaba llena de deseo, una mezcla de admiración y lujuria. Pero esa mirada, aunque poderosa, no significaba nada para mí en este momento, por desgracia. Había cosas mucho más importantes que tratar. Aunque realmente deseaba que me mirara de la misma forma al acabar todo esto, y teñir algún lugar de este inmenso castillo junto con algún hermoso recuerdo juntos, con él haciéndome suya.

Porque era suya, completamente le pertenecía.

Herbet, que había estado ajustando una cámara extraña, levantó la vista hacia mí, esperando una señal. La cámara flotó hacia mí, transformándose en una esfera luminosa que comenzó a enfocarme, y por un instante, me sentí como si todo el peso del mundo estuviera sobre mis hombros.

"Todos están mirando", pensé, y la sensación de estar siendo observada por millones de ojos invisibles era lo único que podía sentir en ese instante.

—Listo —anunció Herbet.

Una sonrisa fría se dibujó en mis labios, y sin pensarlo, miré directo a la esfera. La expresión en mi rostro se mantuvo implacable, mientras que mis pensamientos comenzaban a formarse en una cadena de palabras que Best ya había preparado.

—Bien, supongo que todos los vampiros del mundo están viendo esto. Solo quiero confirmarles algo.

Las palabras salieron de mi boca como si estuviera hablando desde el fondo de un pozo, una voz profunda, implacable, que resonaba en las paredes de la sala. Sentí cómo la esencia de mi poder crecía dentro de mí, alimentada por la corona en mi cabeza y el anillo en mi mano. Un poder que había estado dormido por demasiado tiempo.

—He vuelto.

El sonido de mi voz se proyectó en el salón, reverberando en cada rincón. Sentí cómo el aire alrededor se cargaba de una magia pesada, como si la misma esencia del castillo reaccionara a mi presencia. No había lugar para dudas. Soy la verdadera reina, pensé, mientras levantaba la mano y mostraba el anillo, un pequeño detalle, pero suficiente para hacer mi reclamo oficial.

—Y una prueba de que soy realmente yo… la verdadera reina. Karen Romanov ex D'Grayson.

Mi mirada se clavó en la esfera, que flotaba ante mí como un ojo invisible observando cada movimiento. Sentí la presión en mi pecho, la mezcla de antiguas emociones y recuerdos que afloraban, pero los dejé a un lado. No era momento de titubear.




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