Caminaba de un lado a otro en la sala de espera del hospital de la manada, incapaz de quedarme quieto. Mi respiración era errática, mis manos temblaban y un nudo de desesperación se asentaba en mi estómago, creciendo con cada minuto que pasaba. Esto no podía estar sucediendo. No ahora. No así.
Mi mente repetía la escena una y otra vez, como una pesadilla de la que no podía despertar. Había perdido el control, lo sabía. Sentí el fuego arder en mis venas, sentí la furia cegarme hasta que todo lo demás dejó de importar. Y en medio de ese estallido, terminé hiriendo a Francheska…
Cerré los ojos con fuerza y pasé ambas manos por mi rostro, tratando de encontrar un resquicio de calma, pero era imposible. La imagen de ella cayendo, su grito de dolor, el olor a quemado en el aire… todo se repetía en mi cabeza como un eco insoportable. Quise proteger al niño, ese niño que llegó con los omegas, mi tua cantante. Pero al hacerlo, desaté un caos que no pude controlar.
Me sentía atrapado en una tormenta de emociones. Culpa, miedo, ira, desesperación. Cada una se enredaba con la otra, asfixiándome poco a poco.
Pero nada de eso importaba tanto como Eren.
La angustia por su desaparición era como un peso sobre mi pecho, sofocante, inamovible. Lo estaban buscando. Guerreros de la manada y del clan vampírico se habían desplegado bajo las órdenes de Arturo, rastreando cada rincón, siguiendo cada pista. Y aun así, no había noticias.
Cada segundo sin respuestas era un puñal directo a mi corazón. ¿Dónde estaba? ¿Cómo estaba? ¿Estaba sufriendo? La incertidumbre era lo peor.
Apreté los puños con fuerza, sintiendo cómo mis uñas se clavaban en mi propia piel. No podía quedarme de brazos cruzados. No podía seguir esperando en este maldito hospital sin hacer nada. Pero, ¿qué más podía hacer? ¿Dónde más podía buscarlo?
El aire se sentía espeso, cargado de tensión. Todo lo que quería era escuchar su voz, verlo entrar por esa puerta, saber que estaba bien. Pero el miedo me carcomía, susurrándome la peor de las posibilidades: ¿Y si no regresa?
El recuerdo de lo que ocurrió me golpeó otra vez como un balde de agua fría.
Las horas transcurrieron con una lentitud insoportable, como si el tiempo mismo estuviera suspendido en el aire, esperando un giro que no llegaba. El ambiente en el hospital estaba cargado de tensión y angustia. Cada minuto que pasaba, parecía que la ansiedad se acumulaba más y más, envolviendo a todos en una especie de sombra pesada. El hombre, que estaba entre la vida y la muerte, se encontraba ahora estable, gracias a la intervención de los médicos. Pero la situación con Karen y Francheska era otra historia.
Karen estaba todavía inconsciente, sumida en una fiebre alta que no cedía. Cada vez que su respiración se volvía más agitada, Arturo y Laura parecían más perdidos, sin saber qué hacer. Los médicos ya pensaban en sedarla, ya que su cuerpo estaba al borde del colapso, y los bebés que esperaba ponían en riesgo su vida. La ansiedad en el rostro de Laura era tan palpable que, al verla, cualquiera podía sentir cómo se le apretaba el pecho. Por su parte, Arturo no dejaba de intentar consolarla, pero la preocupación por Karen era demasiado grande, como un monstruo invisible que acechaba en cada esquina de la sala.
Marissa, Zack y yo estábamos en la sala de espera, una suerte de limbo donde los minutos se convertían en horas, y la espera se hacía insoportable. Zack estaba tenso, imperturbable, pero la angustia se reflejaba en sus ojos. Su madre no podía calmarlo; él no quería moverse, no quería salir de allí hasta que pudiera ver a Francheska. No iba a irse sin hablar con ella, y nada ni nadie lo iba a detener. Había peleado con su madre por eso, desafiando todo lo que le decían. Quería encontrar respuestas, quería saber cómo estaba ella, aunque su corazón ya le advertía que las noticias podrían no ser las que esperaba.
La culpa seguía apoderándose de mí, con cada minuto que pasaba. No había logrado proteger a Karen como prometí, y Best, que me había dado su amor de forma incondicional, ahora estaba muy lejos de mí, atrapada en ese caos del que no sabía cómo salir. Me sentía completamente inútil. Brath, por su parte, estaba a mi lado, pero su tristeza era tan evidente que dolía más que cualquier herida física. Él, que siempre había sido el pilar de fuerza, parecía estar al borde de derrumbarse, pero no lo hacía. No podía, no por los demás. Se obligaba a mantenerse en pie, a ser el apoyo de todos, aunque su corazón estuviera roto.
El dolor me envolvía con una fuerza inusitada. Sentía que si me dejaba llevar por la angustia, me perdería por completo. A pesar de que los pensamientos oscuros me invadían, me esforzaba por mantenerme cuerdo. Si caía en la desesperación, ¿quién quedaría para ayudar a los demás? ¿Quién quedaría para luchar por ellos? La culpa me quemaba por dentro, y la sensación de que todo era mi culpa era abrumadora.
De repente, el doctor principal del hospital de la manada apareció, su rostro serio y grave. Me acerqué a él rápidamente, sin pensarlo. Mi corazón latía con fuerza. Necesitaba saber qué estaba sucediendo, pero no quería escuchar malas noticias. Ya no podía soportar más pérdidas, no ahora.
El doctor, con su tono grave, me miró antes de hablar, como si quisiera darme algún tipo de consuelo. Pero lo que dijo fue aún peor de lo que imaginaba.
—¿Cómo está? —preguntó Zack, sin dejar que su madre lo retuviera. Tenía la mirada fija en el doctor, desesperado, rogando por una respuesta que aliviara su alma.
—Está estable —dijo el doctor, pero su voz no lograba esconder la preocupación. Al ver la angustia del chico, agregó rápidamente—: Las quemaduras de la señorita Francheska fueron tratadas rápidamente, y eso ha ayudado a su recuperación, pero lo que realmente me preocupa es la condición de nuestra luna.
Mi estómago se revolvió. Las palabras del doctor cayeron sobre mí como una tonelada de piedras. El silencio que siguió fue insoportable. Brath aulló, su dolor resonando por todo el hospital. Cada palabra del doctor me hería como cuchillos.
#425 en Fantasía
#97 en Magia
#227 en Thriller
#77 en Suspenso
amor dolor vidas pasadas, secretos demonios angeles caidos, amor prohibido no final feliz
Editado: 15.07.2026