Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 29 - Karen Romanov

Sentía mi cuerpo cada vez más fuerte, aunque aún no podía moverme. Era una sensación frustrante, como estar atrapada dentro de mí misma. Escuchaba sonidos, respiraba el aire estancado del cuarto, y la presencia constante de Lucas a mi lado me brindaba algo de tranquilidad, pero la inquietud no se disipaba.

No saber qué había pasado con Francheska me carcomía por dentro. ¿Estaba bien? ¿Había logrado sobrevivir? La desesperación se mezclaba con el peso de mi inmovilidad. Si tan solo pudiera abrir los ojos, decir algo, mover un dedo siquiera... Pero mi cuerpo seguía negándose a responder.

Al menos la sangre que Lucas me daba estaba funcionando. Sentía a Baphomet recuperándose más rápido de lo esperado. Su fuerza fluía dentro de mí, tibia y poderosa, dándome la energía que mi cuerpo no terminaba de asimilar.

Laura estaba en la habitación junto a Zack. Su voz sonaba emocionada cuando me habló: estaba esperando mellizos ahora. Quise sonreír, abrazarla, compartir su alegría, pero apenas pude formar una respuesta en mi mente. Mi corazón se llenó de felicidad por ella, aunque la impotencia de no poder expresarlo me hacía sentir aún más atrapada en esta prisión de carne inerte.

Los días se mezclaban entre la vigilia y el sueño. No estaba segura de cuánto tiempo había pasado cuando una presencia se filtró en mis pensamientos. No era humana ni completamente terrenal.

Camil Aksenoff.

El alfa de los Lobos de Luna Roja se había manifestado en mi mente, respondiendo a mi llamado silencioso. Le pedí ayuda, claridad. Quería saber si su clan realmente había acabado con el lobo que había hecho un pacto con Abdiel, el rey del inframundo. Su respuesta fue vaga, pero suficiente para encender en mí la chispa de la urgencia.

Debía moverme.

Horas después…

Lucas salió de la habitación, y la sensación de estar sola me impulsó a intentarlo de nuevo.

"Están aquí."

La voz de Baphomet resonó en mi mente con urgencia.

Forcé mis músculos. Esta vez, no aceptaría un no como respuesta.

Un temblor recorrió mis extremidades cuando finalmente logré mover los dedos. Luego las muñecas, los brazos, las piernas. La rigidez se negaba a soltarme por completo, pero luché contra ella.

Con un último esfuerzo, me incorporé, sintiendo el peso de la gravedad arrastrarme de vuelta. Me aferré a la cama para no caer, jadeando con la sensación de que cada músculo ardía.

El olor a antibióticos y sedantes se me hizo insoportable. Había estado aquí demasiado tiempo.

Me acerqué a la ventana y la abrí de par en par. El aire frío de la noche golpeó mi piel, enviando un escalofrío a través de mi columna. El bosque se extendía ante mí, oscuro y denso, con la luna filtrándose entre los árboles, proyectando sombras alargadas sobre la tierra húmeda.

Salté.

Mis pies descalzos tocaron la hierba, fría y húmeda por el rocío. El suelo estaba cubierto de hojas secas y raíces retorcidas que crujían con cada paso. Avancé lentamente, con el viento nocturno acariciando mi piel y mi cabello azul, que se arrastraba tras de mí como un río de sombras.

No entendía cómo había crecido tanto en estas semanas. Era un detalle menor en comparación con todo lo demás, pero aun así, me desconcertaba.

"Están por ahí."

Baphomet me guiaba.

Aceleré el paso, ignorando el dolor punzante en mis músculos. Si la manada los encontraba antes que yo, habría problemas. Y en mi estado actual, no podría detener una pelea.

Cuando finalmente llegué, las vi.

Las gemelas me miraban con una sonrisa, idénticas en su postura y expresión. Había algo reconfortante en su presencia, una energía familiar que me hizo sentir que, después de tanto tiempo en la oscuridad, por fin estaba regresando.

Les devolví la sonrisa.

—Reina Karen —dijo Sonia, haciendo una reverencia con gracia felina. Soraya la imitó, sin perder la diversión en su mirada.

—Gracias por venir hasta aquí —respondí, intentando recuperar el aliento.

Sentí a Lucas acercándose y, sin pensarlo demasiado, extendí una raíz del suelo, deteniendo su avance. Quería unos minutos más antes de que interviniera.

—Soraya, Sonia, Lobos de Luna Azul… —saludé, ignorando deliberadamente la presencia de Lucas.

—No hay de qué, Reina Karen —respondió Sonia con suavidad.

—Reina Karen —repitió Lucas, y sin previo aviso, se liberó de la raíz y saltó sobre mí.

Su risa vibró en mi oído mientras luchaba por mantenerme en pie. Mis piernas temblaban con su peso, pero me negué a caer.

—Alpha —dijeron las chicas al unísono.

Dos figuras emergieron de entre los árboles. Eran altos, con posturas relajadas pero alertas, como depredadores midiendo su entorno.

Yashio y Asa.

—Un gusto —dije entre risas, intentando ignorar la fatiga que me carcomía. Brath, en su forma lobuna, me hacía cosquillas con la cola, y aunque quería mantenerme seria, no pude evitar reír.

—Nuestros alfas nos han enviado —dijo Yashio.

—Escuché que Camil y Oshin también regresaron —comenté, enderezándome con esfuerzo—. Y que vencieron a un lobo con esencia demoníaca.

Los cuatro asintieron con solemnidad.

—Así es —dijo Asa con orgullo.

—Me alegra que hayan decidido ayudarme ahora —dije, con un dejo de amargura—. Creí que Camil Aksenoff me había olvidado… o que me odiaba.

Yashio rió.

—No lo hizo, Reina Karen. De hecho, la extrañaba. No vino porque su hijo Alexander enfermó.

Lo miré con incredulidad.

—Es demasiado sobreprotectora con ese niño —bromeó Soraya.

Suspiré y asentí.

—Gracias… Brath, los presentaré.

El lobo negro se sentó sobre sus patas traseras y asintió con un gruñido.

—Ellas son Soraya y Sonia, Lobas de Luna Azul —señalé a las gemelas—. Y ellos son Yashio y Asa, Lobos de Luna Roja.

Noté cómo Asa abrazaba la cintura de Soraya con un gesto protector. Sonreí internamente.

Los cuatro saludaron al unísono. Matt gruñó en respuesta.




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