Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 35 - Karen Romanov

"Seré un monstruo, pero cuando amo a alguien hasta los colmillos escondo para acercarme y no lastimar."

Esas palabras de mis recuerdos resonaban en mi mente mientras el sol empezaba a elevarse lentamente, su luz dorada invadiendo el cielo. El primer rayo de sol tocó mi rostro, estorbando mis ojos con su brillante intensidad. Siempre me había molestado el amanecer, el cambio brusco de la oscuridad a la luz. Mi cuerpo no estaba acostumbrado a la paz de las primeras horas del día. Sin embargo, sabía que cuando la tarde llegaba, mis ojos se adaptaban, y entonces todo volvía a la normalidad, como si nada hubiera interrumpido mi descanso.

Me levanté del suelo con esfuerzo, aún sintiendo la pesadez de las lágrimas no derramadas, las cicatrices emocionales que no dejaban de recordarme lo que había perdido. Caminé con paso lento hacia el cuarto, deseando una pequeña tregua de mi propio caos interior. Lucas seguía dormido, su figura serena y tranquila en el balcón, con la mirada perdida en el paisaje, como si el mundo entero fuera suyo. Sonreí en silencio al verlo, esa sonrisa que parecía más un suspiro de alivio, de cariño sincero, y con un susurro de mi voluntad, lo elevé con telequinesis hacia la cama sin que se diera cuenta.

El ver su rostro relajado me recordó que, a pesar de todo lo que había pasado, no estaba sola. Aunque la culpa y la tristeza aún me perseguían, Lucas estaba aquí, y por alguna razón, su presencia me brindaba una sensación de calma. Me quedé un momento observando su rostro dormido, como si fuera un extraño que no pertenecía a este mundo tan sombrío, tan oscuro. Pero la realidad siempre golpeaba, y sabía que no podía vivir solo para él. Aunque su amor me daba fuerzas, necesitaba encontrarme a mí misma, sanar las partes rotas de mi alma.

Me dirigí al baño, necesitaba algo de claridad, aunque fuera por un momento. Me quité la ropa lentamente, como si cada prenda fuera una capa de algo que ya no quería cargar más. El agua caliente comenzó a recorrer mi cuerpo, tocando cada rincón, cada herida, como si tratara de lavarme del dolor que me acechaba desde dentro. Cerré los ojos bajo el chorro de agua, permitiendo que el calor me envolviera por completo, y dejé que mis pensamientos se dispersaran, al menos por unos minutos.

Mientras el agua caía sobre mí, recordaba las palabras de Camil y cómo, a pesar de todo lo que me habían hecho, seguía luchando con una fuerza que a veces ni yo misma comprendía. A veces pensaba que el amor me había corrompido, que me había convertido en algo que no podía controlar, pero al mismo tiempo, el amor también había sido mi salvación. Cada vez que sentía que la oscuridad me arrastraba, un suspiro de su recuerdo me mantenía en pie. No sabía si eso me convertía en un monstruo, pero había algo en mi interior que me decía que, al menos, había algo humano aún dentro de mí.

El agua seguía fluyendo, y yo seguía allí, sumida en mis propios pensamientos, buscando respuestas en el líquido caliente que me rodeaba. Y aunque no las encontraba, sabía que, tarde o temprano, lo haría.

Salí del closet aún con el corazón golpeando fuerte en mi pecho. Tenía puesto un jeans negro, ajustado pero cómodo, y una camisa azul de cuello redondo y mangas cortas que apenas llegaban a los codos. Mis botas negras de tacón complementaban el conjunto, y mi largo cabello azul caía libre, todavía húmedo de la ducha. No me importaba que se secara lentamente; solo quería poner mi mente en orden antes de dar el siguiente paso.

Al salir, mis ojos se encontraron con Lucas. Él estaba saliendo del baño con una toalla enrollada en su cintura y otra en su cabeza, dejando que el agua que había caído sobre su cuerpo se deslizara por su pecho. Cada gota caía con una precisión casi tortuosa, haciéndolo lucir increíblemente sexy. No pude evitar mirarlo brevemente, aunque rápidamente traté de ignorar lo que me provocaba su presencia, enfocándome en lo que necesitaba hacer.

—¿Mis hijos? —pregunté, intentando mantener la compostura y desviar la atención hacia algo más importante.

Lucas, aún con su mirada intensa, respondió sin perder su calma:

—Francheska regresó al castillo para alejarse de su pre-destino.

El nombre de Francheska me tensó el estómago, pero Lucas siguió hablando.

—Eren está con ella mientras lo revisan por algunas cosas después del extraño secuestro —dijo, y la pequeña sonrisa que apareció en mi rostro fue inevitable. Me sentí un alivio momentáneo al saber que Eren estaba en buenas manos—. Laura está a días de dar a luz, y Arturo está con Marissa en Argentina… —concluyó, y su tono mostraba un leve atisbo de preocupación. Asentí, aunque me sentía un tanto cohibida por la cantidad de información que acababa de recibir.

—Bien —respondí, casi sin voz, y salí del cuarto con paso firme, aunque mi mente estaba llena de inquietudes. El jardín me recibió con una brisa fresca, pero no podía dejar de pensar en lo que Lucas me había dicho.

—Más razones para regresar al castillo… —murmuré para mí misma, cerrando los ojos y dejando que el aire llenara mis pulmones. Sabía que tenía que ir, pero una parte de mí se resistía a ese destino.

—No creo que sea buena idea —escuché una voz familiar que me hizo abrir los ojos de golpe. Esa voz… no la confundía con ninguna otra. Era Yashio.

—Hola, Yashio —dije sin voltear a verlo, manteniendo mi rostro impasible. No quería que me viera vulnerable. Una risa ronca resonó detrás de mí.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, girando ligeramente la cabeza para verlo. Estaba sobre una rama, observándome, como siempre, con esa calma que a veces me irritaba.

—No creo que sea buena idea dejarlo… —dijo, ignorando mi pregunta, como si no importara lo que yo pensara.

—¿Tú no sabes lo que debo hacer? —gruñí, frustrada por la forma en que hablaba. Yashio se puso serio al instante, bajando de la rama con un salto ágil y caminando hacia mí.

—No lo sé, tienes razón —dijo, ahora a pocos pasos de mí. Sus ojos oscuros me miraban con una intensidad que no podía negar—. Pero no deseas que todo lo que pasó antes… —No terminó la frase, pero sus palabras quedaron flotando en el aire.




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