Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 39 - Karen Romanov

Cerré los ojos con fuerza, abrazándome a mí misma mientras las imágenes de lo sucedido volvieron a mi mente, como una película que no podía apagar. El dolor en mi pecho era palpable, pero al mismo tiempo, algo dentro de mí me decía que todo esto tenía que suceder. Lo había intentado, lo había querido con todo mi ser, pero el destino, como siempre, tenía otros planes.

—En serio lo siento, no quise…— su voz quebró la quietud de la noche, y por un momento no supe qué decir. Lo miré, y vi en sus ojos la sincera tristeza que había llevado todo este tiempo. Era un dolor compartido, aunque ya no quedaba nada entre nosotros.

—No te preocupes— interrumpí, aunque mi voz temblaba un poco. Me giré para mirarlo, con una leve sonrisa forzada en mis labios. —Era tu mate y yo solo una chica con la cual pasabas el rato…— me encogí de hombros, tratando de restarle importancia a la situación, aunque por dentro, todo se me estaba desmoronando.

Se acercó un poco más, como si quisiera buscar una forma de reconciliar lo que había sucedido entre nosotros, y su voz sonó sincera, casi desesperada.

—Te amé de verdad— dijo, sus palabras llenas de arrepentimiento. —Esa noche pensaba decirle a todos de lo nuestro, pero encontré a Sonia luego de comprarte esto— sacó un anillo de su pantalón y me lo extendió, como si fuera la cosa más importante del mundo. Lo miré, un nudo se formó en mi garganta, y una mezcla de nostalgia y tristeza me invadió.

Sonreí un poco, recordando lo que alguna vez había sido nuestro amor, lo que creímos que sería eterno.

—Yo también te amaba, e incluso llegué a pensar que no hacía falta que fuera tu mate para amarte como lo hacía…— dije en un susurro, mirando el objeto que sostenía en sus manos. —Luego conocí a Henry y llegué a amarlo más de lo que te amé a ti…— tomé el anillo, un delicado diseño en oro fino, en forma de corazón, con una pequeña división que dejaba un espacio vacío, como una herida sin sanar, con la punta de una flecha apuntando hacia adelante. Lo observé por un momento, como si el anillo fuera la pieza final que cerraba ese capítulo de mi vida.

—No te odio, jamás llegué a hacerlo… Pero tampoco te amo, ya no— me lo coloqué en el dedo índice, observando el anillo que ya no significaba lo que alguna vez fue. —Es muy lindo— susurré, casi sin poder creer que lo tenía en mis manos, y una pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro, aunque era dolorosa.

El silencio que siguió fue pesado, cargado de sentimientos no dichos. Yashio me miró con una expresión de culpa, casi esperando que lo perdonara de alguna manera.

—Perdóname— dijo después de un largo silencio.

—Tranquilo— respondí, con una calma que no sentía. —Hace mucho te perdoné, Yashio. Merecías y mereces ser feliz con Sonia, se ve que se aman mucho— cambié de tema, queriendo alejarme de esa conversación dolorosa.

Yashio sonrió, pero su rostro estaba marcado por la tristeza, algo que no pude ignorar.

—Gracias, Karen— dijo, su voz ahora más firme. —La amo con todo mi corazón. Me pasó lo que a ti con el rey Grayson, le he llegado a amar más de lo que te amé a ti… Pero eso no significa que no fuiste y eres importante para mí— sus palabras me calaron hondo, aunque ya no sentía nada por él. Sabía que su amor por mí había sido sincero, pero en este momento, el dolor me pesaba más que la comprensión.

—He llegado a amar a Lucas más de lo que lo amé a él y a ti juntos— respondí con una risa que me salió casi sin querer. El pensamiento de Lucas, de todo lo que me hacía sentir, me trajo un extraño cosquilleo en el vientre.

—Mereces ser feliz, después de todo, siempre fuiste muy buena— dijo Yashio, como si tratara de consolarme, pero algo en su tono me hizo reír con algo de diversión, a pesar de mi dolor.

—Un monstruo, una bestia… Pero buena, ¿no?— dije entre risas con algo de ironía, mientras la verdad se asentaba en mi pecho. —No merezco ser feliz, pero intentaré serlo…

Yashio me miró con firmeza, y sus palabras llegaron como un bálsamo, aunque no lo era en su totalidad.

—No eres ninguna de esas dos cosas, Karen O'Gahan— dijo, serio, mirándome fijamente. —Y mereces ser feliz más que nadie…— continuó, pero yo solo podía pensar en el verdadero origen de todo lo que había sido, en lo que realmente era, y cómo eso me había llevado hasta aquí.

—Si supieras la verdad, no dirías eso…— murmuró, mirando al suelo, sintiendo ese peso en mi alma que no podía compartir con él. Me alejé de él sin decir nada más, y lo dejé atrás, mientras mi mente volaba hacia los recuerdos de mi verdadero origen.

—Ella te busca… Ve antes de que llegue hasta acá— le dije, en un susurro casi inaudible, advirtiéndole de lo que estaba por venir. Él asintió, dándome una última mirada antes de irse rápidamente.

—Cuídate, Karen, siempre contarás conmigo— me dijo antes de desaparecer en la oscuridad de la noche.

Me quedé allí, sola, en el acantilado, observando el anillo en mi dedo. Lo giré entre mis dedos, sonriendo ligeramente a pesar de la tristeza que me inundaba.

—Cuánto me hubiera gustado…— murmuré, perdiéndome en el viento que azotaba mi rostro. —Pronto, mi conejita… Lo prometo— dije, mirando la gran cascada que caía frente a mí, como si fuera una metáfora de todo lo que había sido y todo lo que estaba por venir. Un nuevo capítulo, tal vez. Pero por ahora, solo quedaba recordar.




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