Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 40 - Karen Romanov

—Nada es lo que parece, ¿cierto? — me habló Zack, entrando al cuarto donde estaba con los mellizos. Habían pasado ya dos semanas desde que nacieron y ya estábamos en casa. Sin embargo, no podía evitar sentirme nerviosa. Ambos, Alissa y Elias, parecían tener una percepción muy avanzada para su edad, y eso me tenía un poco inquieta.

—¿De qué hablas? —le respondí, mientras arrullaba a Elias en mis brazos, acariciando su cabecita. Lo acomodé cuidadosamente en su cuna, junto a Alissa, quien ya dormía plácidamente. Me sorprendía lo tranquilos que se veían cuando estaban dormidos, pero eso solo acentuaba mi preocupación por las cosas que comenzaba a percibir en ellos.

Él me observó fijamente, y luego negó con la cabeza, como si supiera algo que yo no. Su actitud me pareció extraña. Me acerqué a él, dudando por un momento, y lo olfatee, casi como si temiera que lo hubieran secuestrado y sustituido por alguien más. Pero no, era el mismo idiota al que golpeé por marcar a mi hermana, o más bien, por embarazar a mi hija, si consideraba que ella ahora era mi hija. Aun no me acostumbraba a este nuevo mundo que se había formado a mi alrededor, con tantas sorpresas y cambios que jamás imaginé que me tocarían.

—Lo que digas —respondí, restándole importancia a lo que me decía. Alissa comenzó a llorar de manera fuerte, lo que me sacó de mis pensamientos. Elias, en cambio, empezó a reír, como si todo fuera un juego para él. Ambos nos acercamos a ellos, Zack cargó a Alissa y yo tomé a Elias, quien no paraba de reír con esa risa contagiosa que se me metía en los huesos y no me dejaba de sacar una sonrisa.

—¡Los lobos de luna roja y luna azul están aquí! — gritaron desde fuera. Elias continuó riendo a carcajadas, mientras Alissa comenzaba a calmarse lentamente. Me asomé por el balcón del cuarto, aún con Elias en brazos, y vi a Camil y Oshin caminando hacia la casa. Detrás de ellos, un grupo grande de lobos de pelajes rojos y azules, con detalles de negro, dorado, amarillo y verde, avanzaba en fila. Entre ellos, un niño de unos cinco años, con una gran sonrisa, iba tomado de la mano de Camil.

Volteé a ver a Elias, que estiraba sus bracitos hacia el lugar por donde venían. Zack se posó a mi lado con Alissa en brazos, ya tranquila y nuevamente dormida.

Caminaban a paso firme hacia la casa. El niño, que supuse que era Alexander, saltaba con entusiasmo, sosteniéndose de la mano de Camil y Oshin. Sonreí un poco, viendo la escena tan natural, como si fuera un cuadro de paz y alegría. Elias seguía estirando sus manitas hacia ellos, como si ya quisiera ir a su encuentro.

¿Bajamos a saludar? —le pregunté a Elias, quien, aún sin poder articular palabra, respondió con una risita, agarrándome la cara con sus manitas.

—¡Bien, vamos! —dije entre risas, sabiendo que Elias compartía la misma alegría que yo en ese momento.

En ese instante, Laura entró al cuarto, interrumpiendo nuestra pequeña burbuja de felicidad.

—Mamá, te buscan a ti, Lucas ya está con ellos, y creo que se están matando— dijo Laura con una mezcla de preocupación y miedo en su voz. La miré sin entender, intentando procesar lo que acababa de decir.

—Gracias — respondí, sintiéndome un tanto extraña, y avancé con Elias en brazos, dirigiéndome hacia la planta baja. Elias se movía felizmente en mis brazos, como si la cercanía de las personas fuera algo que lo emocionara más que cualquier cosa. Eso me tenía extrañada, nunca había visto a un bebé tan efusivo por algo tan simple como una visita.

Cuando llegué a las escaleras, me encontré con doce personas en la entrada. Frente a las escaleras, todos me observaron y, sin pensarlo dos veces, hicieron una reverencia. Un chiquillo, que parecía no tener más de cinco años, miraba curioso a mi sobrino/nieto, observando el pequeño gesto con una mezcla de asombro y emoción.

—Reina Karen — dijeron todos en unisono, haciendo una reverencia hacia mí, excepto el niño, cuyo cabello castaño rojizo brillaba a la luz del sol. El pequeño, al ver cómo los demás hacían reverencia, se rió y comenzó a imitarlos, causando que todos estallaran en risas. Su ternura me conmovió al instante.

—Dejen eso —dije, con una ligera sonrisa en el rostro, terminando de bajar las escaleras. Laura y Zack me seguían detrás, con Alissa aún dormida en brazos. A pesar de que la niña tenía un sueño bastante extraño, era tan hermosa y tranquila que era imposible no admirarla.

—Hola, Karen —saludó Oshin, levantándose de su posición y sonriendo.

—Hola, Oshin —respondí, acercándome a ellos y saludando a cada uno de los presentes con un beso en la mejilla. Finalmente, mis ojos se posaron en el niño.

—El es Alexander, nuestro hijo —dijo Oshin, señalando al pequeño con cariño. Sonreí, y me acerqué a él. Me agaché a su altura y lo observé fijamente. El niño no dejaba de mirar a Elias en mis brazos, mientras este reía sin parar, estirando sus manitas en dirección hacia él.

—El es Elias — dije sonriendo, mirando con ternura a ambos niños. De repente, el niño tomó una de las manitas de Elias, y pude ver cómo sus ojos se volvieron amarillos por un instante. Un pequeño destello de algo sobrenatural que no pasó desapercibido para mí.

—Es muy hermosa —me dijo Nyoko, quien estaba con Laura, observando a los niños con una mirada profunda y minuciosa.

—Nyoko, déjala — me quejé, notando su intensa mirada.

—¿Es tu hija, cierto? —preguntó, con entusiasmo y una expresión de admiración en su rostro. Sonreí y asentí, feliz de que la gente lo notara.

—Escuchamos que tuviste cinco con el rey vampiro, luego de... eso — dijo Jasmir, algo incómodo, como si no quisiera indagar en el tema. Asentí con la cabeza y me levanté del suelo, después de haber estado un momento en cuclillas.

—Sí, pero uno no está conmigo aún— respondí, seria. Miré a Laura, quien estaba sosteniendo a Elias con cuidado, como si él fuera lo más valioso que tuviera en este mundo.




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