Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 42 - Karen Romanov

—Lucas estará mejor lejos de mí —dije con amargura, desviando la mirada hacia el cielo estrellado—. No puedo seguir poniendo a todos en riesgo. Mis hijos estarán mejor aquí, con una vida que han construido, con una felicidad que quiero proteger…

Apreté los puños con fuerza.

—De él. De ellos dos.

El peso de esas palabras se sintió como una losa sobre mi pecho.

Ella tardó un momento en reaccionar. Sus ojos brillaban con una mezcla de enojo y desesperación, pero también de tristeza.

—¿Crees que abandonarlo es la solución? —su voz tembló un poco, pero había firmeza en ella.

No respondí de inmediato.

No porque no tuviera una respuesta, sino porque la verdad era cruel.

Lo sabía.

Ella también.

Pero no había otra opción. No quería ponerlo en riesgo, mi hermana era el menor de mis problemas... Era la menor amenaza.

—Siempre pensando en los demás antes que en ti —murmuró con un deje de ironía en su voz, seguido de un suspiro pesado.

La miré con cierta confusión. Su expresión era una mezcla de exasperación y resignación, como si ya no supiera qué hacer conmigo.

—Te ayudaremos —añadió con firmeza, mirándome con intensidad—. Él debe pagar por lo que hizo… Y ella… ella no te merece…

Había enojo en su tono, un enojo profundo y sincero. No era solo solidaridad, era indignación pura. Mi dolor se reflejaba en sus ojos color rubí, y aunque no lo dijera en voz alta, su mirada transmitía claramente cuánto sufría al verme así.

—No puedo creer que aún no deseas acabarla de una vez —dijo con molestia, sus labios curvándose en una mueca de desaprobación.

No pude evitar soltar una leve risa, casi irónica.

—Es mi hermana… —murmuré, mi voz cargada de un peso que no podía explicar—. Aunque no quiera, no puedo lastimarla… Todo esto es culpa de él.

Ella exhaló con frustración y se puso de pie. Me tendió la mano y, con suavidad, me ayudó a levantarme.

—Es una puta —gruñó, su enojo vibrando en cada palabra.

Mi risa aumentó un poco más. Su forma de protegerme era tan brusca y sincera que no podía evitar sentirme conmovida.

— Además, sabes que ella solo será un dolor de cabeza innecesario. Hay problemas más graves que ella.

Sus palabras calaron bajo mis huesos notablemente, suspiré ligeramente. No lo pensé demasiado cuando la abracé con fuerza, rodeando su cintura con mis brazos. Necesitaba este momento, su calidez, su apoyo inquebrantable. Ella no dudó en devolverme el abrazo, aferrándose a mí con la misma intensidad.

Era como si ambas intentáramos retener en ese instante todo el tiempo perdido, todos los momentos en los que nos habíamos necesitado pero no habíamos estado ahí la una para la otra.

Ella sonrió, su expresión suavizándose, y besó mi cabeza con ternura.

—Eres una chantajeadora… —se quejó en un tono juguetón, aunque en sus ojos aún brillaba la preocupación.

—Te extrañé mucho, hermana —susurré con una sonrisa sincera, sintiendo cómo mi pecho se apretaba con emoción contenida.

—Yo también, cariño —respondió con una leve risa—. Ahora vamos, que tenemos que irnos de viaje.

Se separó de mí con ese brillo característico en sus ojos y me guiñó un ojo con picardía.

—Gracias —le dije con sinceridad.

—Me iré esta misma noche —le confesé—. Lucas no estará en la casa por asuntos de la manada, y voy a aprovecharlo.

Ella asintió, entendiendo mi plan sin necesidad de más explicaciones.

—Bien, vamos.

Tomó mi mano con decisión y, juntas, regresamos a la casa.

El ambiente dentro de la casa era completamente distinto a la seriedad de nuestra conversación afuera.

—Y entonces, Karen cayó en la piscina, y todo su vestido blanco se le transparentó. Yashio se puso como loco cuando pasó eso, quería matar a todos los de la fiesta que le silbaban como lechuzas —contaba Nyoko con una risa contagiosa.

Todos estallaron en carcajadas, mientras Lucas y Yashio gruñían, visiblemente molestos al recordar aquel episodio.

—Mi mamá era muy torpe —comentó Eren con diversión en la voz, haciendo que la risa se propagara aún más.

Mi corazón se llenó de calidez al verlo. Tenía días sin saber de él. Me habían dicho que había venido por petición de Francheska, que necesitaba algunas cosas que aún estaban aquí. Pero en realidad, sabía que su regreso no era solo por eso. Él y los demás estaban aquí porque, de una forma u otra, seguíamos siendo una familia.

—Y lo sigue siendo —agregó Carolina con una sonrisa burlona.

Me giré hacia ella con fingida indignación, abriendo los ojos exageradamente.

—Acabas de regresar y ya me ofendes, qué mala eres —repliqué, soltando su mano y apartando el rostro en un acto dramático.

Todos rieron ante mi actuación.

Carolina se acercó sin dudarlo, envolviéndome en un cálido abrazo antes de besar mi cabeza.

—Además de torpe, dramática —bromeó con una sonrisa.

Reí un poco, pero no rompí mi personaje.

—No soy dramática —me quejé, cruzándome de brazos y frunciendo los labios en un puchero exagerado.

Las carcajadas se intensificaron.

—Sí que lo eres, Karen —apoyó Asa con una sonrisa burlona.

Lo miré fingiendo ofensa, pero no tuve oportunidad de responder porque Akane intervino con un comentario que hizo que todos rieran aún más.

—¿Cómo la ves que Asa reclamó a Soraya como mate? ¡Casi se desmaya al ver esa escena!

La risa explotó de nuevo en la habitación, incluso Lucas estaba sonriendo en esos momentos.

—¡Casi tienen sexo frente a mis inocentes ojos! ¿Quién no se alteraría así? —me defendí, poniendo mi mejor cara de horror.

El estallido de risas fue aún mayor.

El sonido de sus voces, el eco de su felicidad… Me aferré a ello con todas mis fuerzas.

Había convivido con casi todos los que estaban aquí, menos con Soraya y Sonia. Con ellas, las cosas aún eran diferentes. Desde aquella presentación de Sonia como mate de Yashio, nuestra relación se había vuelto distante, tensa. A pesar de la alegría general, esa sombra seguía ahí, recordándome que no todo estaba bien.




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