—¿Listos?—pregunté a mis tres hijos y mis dos amigos. Ya había anochecido y estábamos a punto de salir para ir a la manada. La noche estaba envolviendo todo en un manto oscuro y pesado, y yo solo quería escapar de lo que sentía, aunque fuera por unas horas.
—¡Sí!—respondió Rini dando saltitos, la emoción brillando en su rostro, como siempre. Su energía me resultaba reconfortante, aunque la mía estuviera completamente drenada.
—Ya—dijeron en unisono Arturo y Laura, con una sonrisa en sus rostros, pero algo en su tono me dijo que también sentían la tensión del momento. Asa y Yashio simplemente asintieron en silencio, y eso fue suficiente para mí.
Baphomet aún estaba demasiado débil. Desde lo que había ocurrido, no habíamos podido comunicarnos de nuevo, y aunque yo deseaba hablar con ella, no quería presionarla. Confiaba en que todo iría bien, solo necesitaba tiempo y espacio para descansar. Y yo le daría todo lo que necesitara. Mi preocupación por ella, por su salud, se había vuelto una sombra constante en mis pensamientos.
Carolina no había regresado, y aunque no lo dijera en voz alta, eso también me estaba consumiendo. Quería ir a la manada, donde tal vez encontraría algunas respuestas, o al menos un poco de consuelo. Yashio abrió un portal y uno a uno fuimos pasando: Asa, Arturo, Laura, y finalmente tomé la mano de Anny, mi conejita, que me miró con una expresión extraña, quizás notando mi incomodidad.
Frente a mí se alzaba la mansión de Lucas. Mi respiración se aceleró al instante, y apreté la mano de Anny con fuerza. Ella me miró, un poco confundida, pero no dijo nada.
—Pueden quedarse con nosotros—me habló Laura, su tono ligeramente molesto, como si estuviera buscando algo, o tal vez solo intentaba distraerse. —Mañana vienes a hablar con él, seguro está dormido—añadió, y aunque su tono era firme, percibí la preocupación en sus palabras.
Asentí, forzando una sonrisa. No quería que Laura viera lo mucho que me afectaba la presencia de Lucas, pero aún así, ella estaba haciendo lo posible por ayudarme. Quería darle las gracias, pero las palabras se me atoraron en la garganta. No las encontraba.
—Nos vemos mañana—se despidió Asa, y se fue en un portal sin esperar respuesta. Yashio, igualmente, se despidió antes de desaparecer.
Arturo, por su parte, se alejó en otra dirección.
—Voy con Marissa, ella está aquí también, en la manada—dijo Arturo, y me dirigió una sonrisa cansada antes de irse.
¿Pero qué había pasado aquí en todo este tiempo? ¿Por qué todo parecía estar tan... alterado?
Seguí a Laura hacia la manada, hasta llegar a una casa pequeña, muy linda en comparación con todo lo que había conocido hasta ahora. Entré detrás de ella, y la primera imagen que vi fue a Zack, tratando de dormir a los mellizos, que se movían inquietos en su cuna. Una pequeña sonrisa se formó en mi rostro, pero se desvaneció rápidamente.
—Anny, ellos son Alissa y Elias, tus sobrinos—dijo Laura, guiándome hacia los niños. Anny soltó mi mano con una sonrisa y se acercó a ellos, con ese cariño natural que solo ella sabía ofrecer.
—Son muy lindos—dijo ella, mirando con ternura a los pequeños, y luego posó la vista en Zack, que cargaba a Alissa con sumo cuidado. —¿Puedo cargarla?—preguntó, su tono suave y respetuoso.
Zack asintió, algo confundido, pero entregó a la niña a Anny, quien la sostuvo con delicadeza, mientras su rostro se iluminaba con esa dulzura tan natural en ella.
—Amor, ella es Anasstacia, mi hermanita—dijo Laura, sonriendo mientras cargaba a Andrick, quien ya estaba profundamente dormido. La imagen de su rostro relajado me dio un poco de paz.
—¿La del amuleto?—preguntó Anny, su mirada llena de curiosidad.
Laura asintió, mientras Anny comenzaba a arrullar a Alissa, quien, poco a poco, se quedó dormida en sus brazos. Zack, por su parte, dormía a Elias, con una serenidad que contrastaba con el caos de mis pensamientos.
—Es muy bonita—dijo Anny, acariciando suavemente la mejilla de Alissa. Yo bostecé, y en mi interior, sentí la necesidad de descansar.
—Lo siento—me disculpé, no queriendo arruinar el momento con mi cansancio y la tensión que me rodeaba. No quería que nadie notara lo mucho que me estaba afectando todo.
—Segundo piso, tercera habitación... podrías descansar allí—me dijo Zack, sonriéndome con amabilidad. Asentí, agradecida, y besé la mejilla de Anny, Laura, Andrick, Elias y Alissa antes de dirigirme a la habitación que me indicó Zack.
Al entrar al cuarto, el olor de Lucas me golpeó de inmediato, un recordatorio doloroso de su presencia, aunque estuviera tan lejos. A pesar de estar en esta casa, su aroma, mezclado con alcohol y ese hedor inconfundible de sus noches de deboche, parecía estar impregnado en las paredes. Cerré la puerta con un suspiro largo y profundo, como si tratara de exhalar todo lo que me consumía por dentro.
—¿Baphomet?—la llamé con un hilo de voz, temerosa de la respuesta, pero al mismo tiempo necesitando saber de ella.
—Estoy bien—respondió, pero su voz sonaba débil, sin fuerzas. Sonreí al escucharla. Saber que estaba viva, aunque fuera a duras penas, me daba un pequeño consuelo.
—Me alegro mucho. ¿Tienes fuerza para ocultar nuestro aroma?—pregunté, mi voz llena de esperanza. Sabía que no podía arriesgarme a que Lucas la detectara.
—Lo hice... Apenas entramos a la manada, no quiero saber de él aún—respondió, y un nudo se formó en mi garganta al escuchar la tristeza en su tono.
—Lo amo, pero nos dañó demasiado—continuó, su voz quebrada. —No sabría decir si duele más que otras veces, porque Henry jamás me fue infiel—dijo entrecortada, y su dolor me alcanzó como una bofetada.
—¿Lo extrañas?—pregunté, casi sin poder contener las lágrimas. Mi cuerpo se desplomó contra la puerta, agotada por todo lo que había vivido. Mi alma parecía pesada, como si no pudiera más.
—Sí—respondió con una voz cansada, agotada de tanto dolor. Y, con ese simple "sí", cerró el enlace, dejándome sola con mis pensamientos.
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Editado: 15.07.2026