Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 53 - Karen Romanov

El sol se filtraba tímidamente por la ventana, rozando suavemente mi rostro. Su luz cálida me despertó lentamente, pero no pude evitar sentir que la pesadez en mi cuerpo no correspondía solo al cansancio físico. El dolor de cabeza que me martillaba la cabeza era el resultado directo de las lágrimas que había derramado la noche anterior, de la angustia y la tristeza que no me dejaban descansar en paz. Mi mente aún se aferraba a los recuerdos de las últimas horas, a la confusión y el dolor, pero algo dentro de mí, algo sutil, me decía que las cosas mejoraban. Baphomet estaba mejor. La conexión que compartíamos me lo decía sin necesidad de palabras; mi alma sentía una ligera calma que hacía tiempo no experimentaba.

Me levanté de la cama con un suspiro, sintiendo cómo cada movimiento parecía arrastrar consigo un poco más de agotamiento. Caminé hasta la mochila que había dejado sobre el suelo la noche anterior. Saqué un cambio de ropa y me dirigí al baño, decidida a hacer una pequeña rutina de autocuidado. El agua caliente me envolvió al entrar en la ducha, y aunque mi cuerpo aún se sentía agotado, el calor parecía aliviarme, aliviando un poco el peso de la angustia que se había instalado en mis hombros.

Al salir, me vestí con lo primero que encontré, sin ganas de pensar demasiado en lo que estaba eligiendo. Una camiseta negra que dejaba al descubierto mi ombligo, una chaqueta de cuero que parecía darme una falsa sensación de protección, y unos jeans rotos en las piernas que, por alguna razón, me hacían sentir un poco más fuerte. Los botines de tacón alto, que rara vez usaba, terminaron de completar el conjunto, un toque de arrogancia que escondía la vulnerabilidad que sentía por dentro.

Con todo eso puesto, bajé al primer piso. En la sala, Anny estaba jugando con los mellizos, y Zack y Laura conversaban tranquilamente. La escena, aunque tranquila, solo acentuaba lo mucho que deseaba escapar de las inquietudes que me rondaban en la cabeza. No quería quedarme ahí mucho tiempo. Sabía que tenía que ir a ver a Lucas, y esa idea me causaba una mezcla de ansiedad y repulsión que no podía ignorar.

—Iré a casa de Lucas —dije sin rodeos, intentando mantener la calma, aunque mis palabras parecían vacías de certeza.

Anny, al escucharme, se levantó de la silla con una rapidez que me sorprendió, como si hubiera estado esperando ese momento.

—Te acompaño, y no quiero que digas que no —respondió con una sonrisa de desafío, y no pude evitar reír. Aunque su actitud parecía la de una niña, su mirada era profunda, llena de una madurez que a veces no comprendía.

—Sí —dije finalmente, asintiendo y besando su frente. No comprendía por qué estaba cambiando tan rápido, pero de alguna manera me sentía aliviada de tenerla cerca.

Asa y Yashio nos esperaban afuera, charlando entre ellos, compartiendo un secreto que no me molesté en preguntar. Ellos también estaban listos para acompañarnos, como si la situación fuera más bien una de esas misiones que ya habían hecho antes. Al final, no importaba mucho el cómo, lo que importaba era que allí estábamos, juntos.

—Nos vemos luego, Karen —me dijo Zack con una sonrisa, y yo le devolví el gesto mientras salíamos de su casa. Caminamos por las calles con una rapidez inusitada, como si el tiempo fuera un lujo que no podíamos permitirnos.

Cuando llegamos a la mansión del alfa, los nervios me atacaron. La casa se veía imponente, pero era su aroma lo que me inquietaba. Un olor que me era familiar, pero que ahora solo me causaba malestar. La fragancia de Lucas impregnaba cada rincón, y la sensación de que algo estaba mal me oprimía el pecho.

Toqué la puerta, y una de las empleadas nos abrió. Su sonrisa, tan falsa como la bienvenida, solo aumentó mi incomodidad.

—Luna —saludó mientras nos dejaba pasar. Todos entraron, y Anny no se apartaba de Asa mientras ambas conversaban animadamente. La atmósfera en la casa estaba cargada, como si todo estuviera teñido de algo que no podía identificar.

Fue entonces cuando lo vi, bajando las escaleras con paso pesado, como si me hubiera estado esperando. Sus ojos se entrecerraron al verme, y restregó los suyos como si intentara borrar una visión que no podía ser real.

—¿Otra alucinación? —se quejó, con voz rasposa, y mi estómago se revolvió al escuchar sus palabras. No quería saber nada de sus excusas, pero aún así me vi obligada a mirarlo de nuevo, despojándome de la rabia que quería liberar en ese momento.

—Hola, Lucas —dije, tratando de sonar indiferente, aunque la incomodidad me recorría como un río helado. Él me miró fijamente, y al ver que estaba ahí, se acercó a mí, como si fuera lo más normal del mundo, queriendo abrazarme. Pero, antes de que pudiera hacerlo, Anny se adelantó y, en un abrir y cerrar de ojos, lanzó un bate hacia él, golpeándole la cara con toda la fuerza que tenía.

—No vuelvas a dañar a mi madre —gritó Anny, su voz cargada de furia. Golpeó las costillas de Lucas con el bate, y mi sorpresa fue tan grande que no pude reaccionar al principio.

El bate lo golpeó con fuerza, pero Lucas no dejó de toser, sosteniéndose las costillas mientras intentaba levantarse del suelo. Anny no se detenía, su ira era tan palpable que sentí miedo de lo que podría hacer.

—¡Rini Anasstacia Graysn Romanov! —me quejé, tratando de quitarle el bate de las manos. Ella me miró, su ceño fruncido y una mirada llena de determinación.

—De la manera más insignificante en que vuelvas a dañar a mi madre, y te juro que estarás cien pies bajo tierra, ardiendo en el maldito infierno —gruñó, su voz temblando de rabia.

Lucas, entre tosidos, intentó defenderse.

—En-ten-di-do... Jamás fue mi intención dañarla, lo juro —balbuceó, su rostro lleno de confusión.

—Lo hiciste. La intención no vale un carajo. Las acciones son las que cuentan —replicó Anny, apretando los puños. Asa y Yashio observaban la escena con las manos cruzadas, entretenidos por la tensión que se había formado.




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