Él frunció el ceño y la miró con cautela.
—¿A qué te refieres?
Anny cruzó los brazos y lo observó con firmeza.
—No ha hablado con él desde el accidente con mamá —explicó—. Y él la ha buscado por todos lados, incluso ha viajado algunas veces al castillo solo para sentir su aroma a la distancia… Me pregunto, ¿qué pasaría si, por azares del destino, él muere en una de esas ocasiones?
Eren permaneció en silencio.
—Francheska estaría devastada —continuó Anny—. Rogaría regresar el tiempo para estar con él…
Hizo una pausa y lo miró directamente a los ojos.
—Pero dime, ¿de qué le serviría? Él ya estaría muerto y solo le quedaría lamentarse por haber sido una idiota.
Eren apretó los puños.
Anny metió las manos en los bolsillos de su pantalón y suspiró.
—Ahora dime tú —dijo en tono desafiante—. ¿Qué harías si, al crecer, él se enamora de alguien más, de una manera tan intensa que, cuando te descubra, te rechace solo por estar con ella?
Lo miró con una ceja arqueada, esperando su respuesta.
Eren entrecerró los ojos.
—Eso no pasará —afirmó con seguridad.
Anny sonrió con burla.
—¿Y cómo estás tan seguro, Grayson? —preguntó con una pizca de arrogancia—. Si tú lo rechazas por el simple hecho de ser hombre, ¿qué le impide a él hacer lo mismo contigo… solo que con consecuencias más graves?
Eren bajó la mirada al suelo.
—Lo supuse… —susurró ella, con frustración.
El silencio se instaló entre ellos, pesado, incómodo.
Pasaron varios minutos antes de que Eren hablara de nuevo.
—Sería la mejor solución… —murmuró.
Anny lo miró fijamente antes de soltar una carcajada, pero esta vez sin alegría.
—¿"Esa" es la mejor solución? —se burló, su voz cargada de sarcasmo—. ¿Que tu pre-destinado te rechace por una mujer? ¿O por un hombre, tal vez? Nadie puede asegurar quién se ganará su amor.
El enojo iba creciendo en su tono.
—¿Ser infeliz el resto de tu existencia solo porque no aceptas que él será un hombre en el futuro? —preguntó con una mezcla de furia y frustración—. ¿Cuál es su maldito problema con los hijos de Karen O'Gahan? ¿Acaso padecen retraso o qué?
Levantó las manos al cielo con exageración, su paciencia agotada.
Eren se tensó. Sus puños se cerraron con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. Mordió su labio inferior, evitando mirarla.
—Tú lo has dicho… —susurró tras un largo silencio—. Será un hombre.
Hizo una pausa, y cuando volvió a hablar, su voz sonaba tensa, cargada de emociones reprimidas.
—Un hombre… por la Diosa Sangre.
Y en su mirada, vi el miedo de alguien que se aferraba con uñas y dientes a una verdad que tal vez ya no podía sostener.
—¡¿Cuál es el maldito problema con eso?!—se quejó ella en un grito cargado de frustración, sus manos se crisparon en el aire antes de dejarlas caer a los costados—. ¿Le tienes asco? ¿Por eso?
Eren no dijo nada. Su mirada se clavó en el suelo, evitando responder. Anasstacia frunció el ceño y resopló, cruzándose de brazos con evidente molestia.
—Yashio me dijo que el niño llora por tu maldita ausencia —continuó ella, esta vez con un tono más bajo, pero igual de duro—. Es un bebé, Eren, y ya tiene la necesidad de estar contigo. No seas un completo gilipollas y no lo lastimes de esta manera. Apenas puede hablar y su primera palabra ha sido "Elen", gritando tu nombre entre lágrimas, buscando a alguien que no está.
Eren la miró incrédulo, el desconcierto evidente en su rostro.
—¿Qué? —su voz salió entrecortada, como si le costara procesar la información.
—Exacto. No sabe cómo ni por qué, pero la primera palabra de la ratita blanca fue tu nombre, aunque a medias —dijo ella con los brazos en jarras.
Me sorprendía lo que estaba escuchando. No tenía idea de que Yashio y Anny habían hablado de esto. Algo dentro de mí se removió con inquietud.
Eren se llevó ambas manos a la cabeza con frustración, cerrando los ojos con fuerza.
—Pero... pero...—balbuceó, sin encontrar palabras.
—Eren, hacer que te rechace desde ahora no es una solución —dijo ella con un tono más sereno, acercándose un poco a él—. Estás actuando con miedo.
Él bajó las manos lentamente, exhaló un suspiro tembloroso y cerró los ojos un instante antes de murmurar:
—Tengo miedo...
Las palabras salieron en un susurro apenas audible, pero lo suficientemente claras para que Anny las escuchara. Se quedó quieto un momento, pero luego continuó:
—Tengo miedo de que cuando me conozca como su mate se decepcione. Tengo miedo de que lo juzguen por estar destinado a un hombre, aunque a mí no me importe. Tengo miedo de que me rechace...
Su voz se quebró al final, y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Anny lo observó con una expresión suave, pero firme. Dio un paso más hacia él y negó con la cabeza.
—Yo también tengo miedo —dijo en voz baja—. Pero lo mío sí es de vida o muerte. Lo tuyo es simple estupidez e inmadurez. Deja que las cosas pasen, Eren. Aún falta mucho para que él crezca.
Eren se quedó en silencio, mirando fijamente el suelo. Su respiración era irregular.
—Eren, no sabes si te matan mañana, o si él enferma en un par de años y muere —continuó ella, su tono volviéndose un poco más firme—. ¿Qué harás si eso pasa? ¿Torturarte toda la vida por no haber hecho algo diferente? No pienses en el rechazo ahora, ni en el futuro, ni en los prejuicios. Si él de verdad fuera a rechazarte, no estaría llorando por ti, gritando tu nombre como si fueras la única persona que puede calmar su dolor.
Eren comenzó a sollozar en silencio, las lágrimas resbalando por su rostro. Anny lo miró con una mezcla de comprensión y determinación.
—Estoy segura de que él te amará tanto como tú lo amas ahora —dijo con una pequeña sonrisa—. No puedo decirte que no tengas miedo, porque eso es imposible. Pero el miedo es parte de vivir. Habán obstáculos, pero al final todo valdrá la pena. Algún día recordarán esto como una tontería que contarle a sus hijos.
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Editado: 15.07.2026