Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 57 - Karen Romanov

Después de tres largas horas, todos estábamos en el comedor, sumidos en un silencio incómodo mientras cenábamos. Nadie parecía atreverse a romperlo, como si cualquier palabra fuera suficiente para hacer estallar la tensión que pendía sobre nosotros como una tormenta a punto de desatarse.

Suspiré pesadamente. Eren ya estaba aquí, más presentable, aunque su postura delataba nerviosismo. Se removía en su silla con cierta incomodidad, evitando mirar directamente a Sonia. Laura había venido con Zack y los mellizos a petición mía, con la esperanza de suavizar el ambiente, pero hasta ahora eso no había servido de nada.

Al otro lado de la mesa, Arturo y Marissa conversaban entre ellos en silencio, enlazados de las manos como si su conexión mental los mantuviera alejados de la tensión que flotaba en el aire. Aun así, su actitud me resultaba extraña.

Rini, con el codo apoyado sobre la mesa y la barbilla descansando en la palma de su mano, revolvía distraídamente la comida de su plato sin llegar a probar bocado. Sus pensamientos estaban en otro sitio.

Los lobos de Luna Roja y Luna Azul también estaban aquí, lo que hacía que la mesa estuviera más llena de lo habitual. Andrew, el bebé de Yashio, dormía profundamente en brazos de Eren, quien lo miraba con una mezcla de nostalgia y pesar, como si estuviera viendo algo que una vez tuvo y ahora temía haber perdido para siempre.

Cerca de ellos, Alexander, el hijo de Carol y Dereck, jugaba con Elías. Sus risas eran lo único que rompía la pesadez del ambiente, una burbuja inocente dentro de toda la tensión. Carol y Dereck habían regresado hoy para atender algunos asuntos pendientes y planeaban partir de nuevo mañana.

Finalmente, después de lo que parecieron horas de un silencio insoportable, Eren se atrevió a hablar.

—Lamento haberme ido así… —su voz sonó baja, vacilante, como si las palabras le costaran salir.

Sonia alzó la vista de inmediato y lo fulminó con la mirada. Sus ojos ardían con una furia que había sido contenida por demasiado tiempo.

—No me sirve —escupió con desprecio, cruzándose de brazos.

Eren bajó la mirada, sin saber qué responder. A su lado, Yashio le apretó suavemente la mano, tratando de tranquilizarla, pero Sonia ni siquiera reaccionó a su toque.

—¿Sabes lo que es escuchar a tu hijo llorar día y noche, sin descanso, repitiendo una y otra vez el nombre de alguien que se supone que debería estar con él? —rugió, su voz temblando al final. Sus ojos, ahora cristalizados, reflejaban el dolor de una madre destrozada.

—No es el lugar, amor… —susurró Yashio en un tono serio, pero conciliador.

Pero ella no estaba dispuesta a ceder.

—¡¿Y cuándo será el momento, entonces?! —gritó, golpeando la mesa con el puño.

El golpe resonó en la habitación como una detonación. Los mellizos se asustaron, al igual que Alexander. Andrew despertó sobresaltado y comenzó a sollozar en los brazos de su madre, quien intentó calmarlo con suaves movimientos.

Eren, que aún tenía las manos extendidas hacia el bebé, tragó saliva y lo miró con angustia.

Sonia se levantó de golpe, su cuerpo entero temblando de rabia.

—Jamás lo entenderás. Y ahora vienes con disculpas estúpidas, después de… ¿qué? ¿Diez malditos meses? —su voz se quebró al final, y la primera lágrima resbaló por su mejilla.

Alexander, con los ojos brillando de dorado, abrazó el moisés de Elías en un intento de protegerlo del ambiente hostil.

—Tía, basta. Los estás asustando —se quejó, mirándola con el ceño fruncido.

Sonia se giró hacia Andrew, tratando de calmarlo, pero su propia desesperación solo lo hacía llorar más. Su llanto fue la chispa que encendió todo. Como si fuera una reacción en cadena, los mellizos comenzaron a llorar también.

Eren se puso de pie bruscamente, su pecho subiendo y bajando con la respiración agitada.

—¡Fue demasiado para mí! —soltó de golpe, como si esas palabras hubieran estado atoradas en su garganta durante meses.

Sonia lo miró con incredulidad y dio un paso adelante.

—¿¡Y para mí no lo fue!? —su voz se quebró aún más, y su rostro se contorsionó en una mueca de desesperación—. ¡Soy su madre! ¡Y no me parece justo lo que le hiciste a mi hijo!

Apreté los puños bajo la mesa, tratando de mantenerme al margen, pero cada palabra de Sonia me ponía al límite.

Entonces, Alexander, con una determinación que no esperaba de alguien tan joven, se interpuso entre ellos.

—¡Basta, tía! No permitiré que sigan así frente a Elías —gruñó con una firmeza sorprendente.

Con cuidado, sacó a Elías del moisés y lo cargó en sus brazos, protegiéndolo del caos. Laura hizo lo mismo con Alissa y Zack con Andrick.

Los ojos de Alexander brillaban intensamente, y su mandíbula estaba tensa. La habitación entera contuvo la respiración.

No podía seguir ignorando esto.

Exhalé con fuerza y me puse de pie.

—Sé que no fue una buena reacción, pero fue demasiado para mi hijo —dije con voz firme, fijando mi mirada en Sonia.

Yashio también se levantó, apoyándome con su sola presencia.

—No supo cómo reaccionar. Y si te das cuenta, Sonia, este no es ni el momento ni el lugar para hablar del tema.

Repetí sus propias palabras con la esperanza de que entraran en su cabeza.

Pero ella solo me miró con resentimiento.

—Tú lo defiendes porque es tu hijo el que se fugó… ¡y el mío el que sufrió! —su voz tembló con ira contenida, y sus lágrimas caían sin control.

Cerré los ojos por un segundo, inhalé profundamente y respondí con firmeza:

—No voy a pelear contigo.

Apreté los puños sobre la mesa, conteniendo el deseo de alzar la voz.

—No estás en condiciones de hablar de esto ni de discutir un tema tan delicado.

Mi tono se tornó más grave, casi un gruñido.

—Ninguno de nosotros ha pasado este tiempo bien, pero no voy a permitir que ataques a mi hijo de ninguna manera.

El silencio que cayó después fue sofocante. La tensión en la habitación se sentía como un peso físico sobre nuestros hombros.




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