Tenía su mano alrededor de mi cuello, su presión aumentando con cada segundo que pasaba. Las posibilidades de que me matara eran del cincuenta por ciento, y mientras respiraba con dificultad, una parte de mí intentaba aceptar esa realidad. Pero, extrañamente, no era eso lo que más me aterraba en ese momento. No era la muerte inminente lo que estaba destrozando mi mente.
Lo que realmente me aterraba era la idea de que ellos pudieran matarlo a él. Esa idea me paralizaba. Mi pecho se apretaba como si un peso invisible me oprimiera el alma, el pánico llenaba mi garganta y me dejaba sin aire, aún más que su mano presionando contra mi cuello. La visión de que algo pudiera ocurrirle a él me aterraba más que cualquier otra cosa. Porque, aunque todo me decía que debía salvar a mi familia, no podía dejar de pensar en lo que él significaba para mí, y la angustia de perderlo me destrozaba por dentro.
Mi mente se debatía en un caos sin fin, las posibilidades de lo que podría pasar a continuación se multiplicaban ante mis ojos. Podía ver cómo la situación se desmoronaba, cómo la vida de mi familia y la mía misma pendían de un hilo. Si algo le pasaba a él, ¿cómo podía seguir adelante? ¿Qué haría sin esa parte de mí que parecía ser lo único que me mantenía cuerda en todo esto? Pero, por otro lado, el daño que él podría hacerles a los que más amaba, el terror de que la violencia que había generado en su vida llegara a los que me rodeaban… No podía permitirlo. Mi familia me había acogido, me había dado un hogar, me había criado cuando no tenía a nadie. ¿Cómo podría traicionarlos en este momento?
Mi cabeza giraba con pensamientos contradictorios. Quería huir con él y pedirle que parara, que todo esto terminara de una vez. Pero, al mismo tiempo, sabía que no podía hacerlo. No podía arriesgar la vida de mi familia, no podía ver cómo ellos se desmoronaban mientras yo estaba atrapada en una lucha interna que no tenía solución. Quería que él se fuera, que desapareciera de nuestras vidas, pero la realidad era que ya no podía alejarlo de mí. Mi alma estaba entrelazada con la suya, aunque lo odiara por lo que había hecho, por el dolor que me había causado, no podía dejar de sentir esa conexión, esa fuerza que me ataba a él.
Aún así, lo peor de todo era que ni siquiera sabía qué hacer. Nadie en la habitación sabía quién era él, pero a esa altura eso ya no me importaba. Lo que me aterraba era que él supiera mi duda e intentará usarme, que fuéramos vulnerables de esa forma. Lo supe cuando le rogué, con la voz entrecortada, que me dejara respirar aunque fuera un poco. Sabía que él podía percatarse de todo lo que había entre nosotros, pero al mismo tiempo, no quería que nadie lo supiera, no quería que nadie se diera cuenta de la debilidad que significaba para mí. ¿Cómo podía seguir adelante sabiendo que la persona a la que había amado durante tanto tiempo estaba a punto de destrozar todo lo que había construido?
No fue suficiente. Mi súplica no hizo que desistiera. Él seguía decidido a hacerle daño a mamá, y eso me puso en una situación tan mala, tan desesperante. Estaba atrapada entre salvar mi alma y salvar a mi familia. Ambas opciones eran irremplazables, pero sabía que solo podía elegir una. Y esa elección era más difícil de lo que cualquier ser humano podría soportar. ¿Cómo elegías entre la persona que amabas y las personas que te habían dado todo lo que tenías?
Mi corazón estaba dividido, mi mente hecha pedazos. ¿Cómo iba a salvar a uno sin destruir al otro en el proceso? No había una respuesta correcta, no había una solución que me trajera paz. La culpa me devoraba por dentro, me hacía sentir como si estuviera traicionando todo lo que había sido. Mis pensamientos se estancaron en una espiral interminable, sin salida, repitiéndose una y otra vez: ¿cómo te deshaces de tu alma sin morir en el proceso? ¿Cómo logras hacerlo sin perderte en el intento?
Cada vez que miraba la situación desde una perspectiva diferente, mi mente se nublaba aún más. Sabía que tenía que elegir, pero elegir me destruía. En cada opción, perdía algo invaluable. No quería perder a ninguno, pero sabía que no podía salvarlos a todos...
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Editado: 15.07.2026