Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 62 - Karen Romanov

Anny intentaba soltarse de él, luchando con todas sus fuerzas mientras todos nosotros nos conteníamos, sabiendo que cualquier movimiento en falso podría poner en peligro a mi hija.

—¿Qué haces aquí? —gruñó Baphomet , enderezando su espalda con una postura defensiva, acercándose cautelosamente, paso a paso.

—Quería verte, hace mucho fue la última vez que te vi, ¿no lo crees? —respondió él con una sonrisa burlona, me tense notablemente tragando en seco, moviendo sus dedos alrededor del cuello de Anny de manera amenazante, como una advertencia a cualquier movimiento que pudiéramos hacer. Best apretó los puños, deteniéndose al ver cómo el hombre apretaba el cuello de Anny una vez más. —Tu sabes perfectamente que hago aquí, la Alpha de los lobos rojos también. —agregó con una sonrisa cínica entrecerrando ligeramente sus ojos.

Mis manos ardían con el deseo de lanzarles bolas de fuego, quemarlo vivo en ese mismo instante, pero me contenía. No quería dañar a nadie más.

—¿Ahora qué le robarás? —preguntó Nancy, la vampira de Carolina, en tono sarcástico. También extrañaba a esa idiota. —En estos momentos está jodida. Has aparecido en el peor momento... —rió, su risa amarga llenó el aire. El hombre chasqueó la lengua y negó con la cabeza, acercando más el rostro de Anny al suyo. Ella comenzó a llorar de nuevo, sus ojos brillando con algo extraño.

—Esta niña es interesante... Podría llevármela a cambio de tí, Baphomet. —dijo él, con una frialdad que hizo que todos nos tensaramos. Algo en mi interior se retorció sin piedad, sin entender del todo.

¿Por qué se querría llevar a Baphomet?

Gruñimos al unísono: Arturo, Eren y yo. La rabia y el odio amenazaban con desbordarse. Me encontraba peleando por el control de mi cuerpo, luchando para no lanzarme a matarlo allí mismo.

—No... no... —susurró Anny, su voz sofocada por la presión de su cuello. Él sonrió, ladino.

—No pregunte, pequeña. —dijo él, con frialdad. Anny apretó los ojos, luchando por contener las lágrimas, hasta que los abrió de nuevo.

—Hielo... —murmuró, su mirada encontrándose con la mía. Fue entonces cuando entendí a qué se refería. Pisé fuertemente el suelo, sintiendo cómo mi poder comenzaba a fluir de nuevo. Grandes trozos de hielo se levantaron, estancando sin querer mi pierna entre ellos. Había pasado tanto tiempo desde que usaba este tipo de magia, que el esfuerzo me resultó más difícil de lo que había anticipado.

Él me miró, desconcertado, mientras Anny, con fuego en sus manos, tocaba sus brazos, envolviéndolos en llamas con la esperanza de que la soltase. Ella seguía llorando, sus lágrimas mezclándose con amargura, dolor y algo más que no logré descifrar.

En un parpadeo, Arturo, Eren y Lucas se movieron rápidamente hacia ella, atrapándola antes de que cayera al suelo. Arturo se colocó frente a ellos, gruñendo, con Lucas a su lado, protegiéndola mientras el hombre parecía decidido a llevársela.

Anny, aferrándose a la camisa de Eren, lloraba sin cesar, ocultando su rostro en su pecho. No pude evitar sentirme desconcertada y preocupada. Algo no andaba bien. El llanto de Anny no era el llanto de una niña aterrada, era algo más profundo, algo que me helaba el alma.

En ese momento, Yashio y Carolina se lanzaron al ataque, tacleando al hombre de forma brutal. Ambos chocaron contra la ventana detrás de él, cayendo fuera de la casa. Mi corazón latía acelerado, la rabia me quemaba por dentro. No podía dejar que me adelantaran. Al liberarme del hielo que había creado, corrí tras ellos, mi única meta era matarlo con mis propias manos. Encargarme de que él entendiera que no iba a ser tan fácil matarme.

Carolina estaba encima de él, gruñendo furiosamente, su cabello envuelto en llamas mientras lo ahorcaba con una furia que nunca le había visto. Pero él la pateó con fuerza en el abdomen, lanzándola lejos. Sin pensarlo, corrí hacia ella para evitar que se golpeara aún más. Su cabello seguía ardiendo, las llamas quemando la ropa que llevaba puesta y amenazando con hacerme daño.

Pero no me importó. No pensaba en nada más que en detenerlo, en acabar con él para siempre.

—Esto se pondrá interesante... —murmuró él, con una sonrisa sádica, mientras limpiaba su labio inferior, que estaba manchado con espesa sangre negra. —Dos mujeres que poseen todos los elementos bajo su poder, ¿pero qué creen? Vamos a igualar el número. —dijo, y dos portales se abrieron detrás de él, comenzando a emerger demonios de su interior. —No pensaron que iba a ser tan fácil. Simplemente venía de visita, ver qué tal estaban, ver qué tan consciente estabas tú de lo que llevabas dentro, Karen.— todo en mi se estremeció ante su acusación, me sonrió sin apartar su vista de mí mientras se adentraba en uno de los portales.

Los portales se cerraron rápidamente, y frente a nosotros, más de cien demonios de rango medio estaban ahora listos para pelear. Sus ojos eran completamente negros, y las manchas negras cubrían sus manos. Colmillos largos y afilados sobresalían de sus bocas, mientras que algunos de ellos tenían cuernos que los hacían parecer aún más aterradores. El pelo de muchos les llegaba hasta los hombros, y su presencia era pura maldad.

Nos gruñían con ferocidad. Yo sentía una rabia que me quemaba por dentro; ese maldito había escapado y dejado a su ejército de demonios para acabar conmigo y con los demás.

En ese momento, la alarma de la manada comenzó a sonar, lo que faltaba... La situación iba de mal en peor.




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