Mi Alpha Protector (#2)

Capitulo 63 - Karen Romanov

De la casa salieron corriendo Lucas, junto con los lobos de Luna Roja y Luna Azul. Apenas salieron, los lobos legendarios comenzaron a transformarse, sus cuerpos cambiando en bestias imponentes y poderosas. Rápidamente, corrieron hacia nuestro lado, listos para la batalla.

Camil y yo nos miramos de reojo, una pequeña sonrisa cruzó nuestro rostro. El cabello de ella seguía en llamas, un fuego constante que no parecía apagarse. Mis manos, por otro lado, picaban de impaciencia, deseando quemar todo a mi alrededor, acabar con esos demonios que amenazaban nuestras vidas.

De repente, Anny salió corriendo de la casa. Podía sentir su energía cálida y dulce emanando de ella, un contraste con la oscuridad que nos rodeaba. Los demonios, al notar su presencia, voltearon a verla, y ella les gruñó con desdén. Sus ojos estaban rojos, como si la ira la estuviera consumiendo por dentro. En su cuello, la marca de la mano de él aún era visible.

Sin dudarlo, Anny levantó sus manos al aire, y en ese instante, raíces gigantes comenzaron a surgir del suelo, atravesando a algunos de los demonios que se acercaban. Con cada raíz que salía, el combate se desató con fuerza, y todo el caos comenzó a tomar forma.

—¡Ve con los niños! —gritó Anny a Eren, su tono desesperado y urgente, mientras lanzaba una raíz que atravesó a un demonio que se había lanzado hacia ella, dejándolo suspendido en el aire, muerto, chorreando una viscosidad negra y espesa. El miasma que los demonios cargaban empezaba a reunirse en un solo lugar, aquellos que morían por las acciones de Anny se desintegraban apenas morían y el miasma se amontonaba en el centro.

Eren la miró un momento, dudando. Podía ver en su rostro la preocupación y el temor, pero sabía que no había tiempo para pensarlo. Con un rápido movimiento, salió corriendo hacia la casa, utilizando su velocidad sobrenatural.

Yo, sin perder tiempo, comencé a usar el fuego. Las llamas que salían de mis manos danzaban con furia, abrazando a los demonios cercanos, calcinándolos al instante. Carolina, que ya se había transformado en su forma de loba gigante roja, atacaba sin piedad. Su pelaje estaba cubierto de pequeñas llamas naranjas, que la hacían aún más temible.

Lucas, con su forma lobuna, comenzó a enfrentarse a varios demonios, arrancándoles las cabezas con una brutalidad impresionante. Los lobos legendarios no se quedaron atrás, atacando con la misma ferocidad, uno de ellos, el lobo de pelaje azul con mechones blancos y dorados, el lobo de Dereck, luchaba junto a Carolina, combatiendo en perfecta sincronía.

Yo seguía lanzando bolas de fuego a los demonios, quemándolos hasta reducirlos a cenizas. Anny, por su parte, no dejaba de invocar raíces de la tierra, atravesando a los demonios con la fuerza de la naturaleza misma. Su mirada estaba llena de dolor y furia, cada demonio que caía era una liberación, pero también una muestra de lo mucho que sufría por todo lo que estaba pasando. Su mirada se notaba atormentada.

Mientras tanto, los lobos de la manada ayudaban a evacuar a los omegas, asegurándose de que nadie quedara atrapado entre la lucha. Los guerreros también luchaban con valentía, enfrentándose a los demonios que intentaban escapar de la pelea y avanzar hacia otras zonas de la manada. El caos era total, y cada uno de nosotros estaba dando lo mejor para sobrevivir.

Carolina y Dereck seguían atacando a los demonios con llamas y rayos eléctricos azules, que surgían de las patas de Dereck con cada salto violento que cada contra algún demonio, algo que había olvidado que podía hacer. La electricidad atravesaba a los demonios, haciéndolos caer con espasmos, mientras Carolina arrasaba con los que se acercaban a ella.

La batalla era feroz, y cada minuto que pasaba sentía que la situación se volvía más desesperada, pero no podíamos darnos por vencidos. No íbamos a dejar que esos demonios destruyeran lo que tanto habíamos luchado por proteger.

Nyoko había vuelto a su forma humana y estaba usando su arco y flecha con una precisión mortal. Cada flecha que lanzaba atravesaba a los demonios, convirtiéndolos en piedra negra, los cuales caían al suelo como simples rocas, desmoronándose en pedazos al impacto.

Anny seguía peleando, pero un demonio se lanzó a su espalda, agarrándola con fuerza. Anny se retorció, furiosa, luchando contra el agarre con todas sus fuerzas, pero estaba claramente en desventaja. Mientras tanto, yo corría hacia ellos, atravesando la multitud de demonios que intentaban interponerse en mi camino, mi objetivo claro: evitar que se la llevaran.

De repente, un portal apareció detrás del demonio que tenía a Anny. Estaba dispuesto a llevársela, pero algo sucedió, algo que jamás esperé.

Un brillo cegador emanó de la espalda de mi hija, una luz intensa que me hizo cerrar los ojos momentáneamente. Anny, aprovechando ese destello, voló hacia arriba, evitando que la metieran en el portal. Dos alas enormes y blancas, resplandecientes como la luz misma, se materializaron en su espalda después de que el extraño brillo desapareciera por completo. Sus ojos cafés brillaban de manera increíble en verde bosque, como si un poder desconocido se hubiera desatado en su interior.

Con una velocidad impresionante, Anny hizo que una raíz emergiera del suelo, atravesando al demonio que la tenía atrapada, el cual gritaba de agonía comí si algo lo estuviera quemando por el contacto anterior que había tenido con ella. La raíz lo desintegró instantáneamente y el miasma que libero se unió con la ahora enorme bola que flotaba, Anny jadeo, miró hacia el portal un instante, su mirada cargada de dolor, y se dejó caer al suelo como una bala con fuerza, causando una onda de energía purificadora que lanzó a todos los demonios a una distancia considerable.

Aquella onda de poder se expandió como una explosión, convirtiendo a los demonios en miasma al instante, como si la misma naturaleza estuviera respondiendo a la ira de ella. El impacto de esa onda me alcanzó parcialmente, golpeándome con fuerza haciéndome perder el aire por unos instantes, pero intenté ignorar el dolor, forzándome a seguir hacia ella.




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