"Todos son el villano de la historia de alguien. Todo depende de la perspectiva."
Apenas pasé el portal, me encontré nuevamente en la fría oscuridad de mi oficina, en el inframundo. El aire denso, impregnado de esa esencia que nunca me había permitido sentirme en casa, me envolvió. La casa estaba tal como la dejé: vacía, fría, inerte. Mis pasos resonaron en el suelo de piedra mientras caminaba hacia el centro de la habitación. Sin poder contenerme, tomé una silla con rabia y la lancé contra la pared. El impacto resonó por toda la estancia, y la silla se estrelló en pedazos, como si también compartiera mi desesperación.
Mis manos recorrieron mi rostro, buscando alguna forma de aliviar esa frustración que se había vuelto un peso insoportable en mi pecho.
"De nada sirvió perder mi alma con Adbiel, si esto iba a ocurrir." Pensé con amargura, mi voz interior rasgada por la rabia. Nada de lo que hice sirvió. Nada de lo que he sufrido ha tenido algún propósito real. Había jurado destruir mi alma, había hecho sacrificios, pero aún seguía atrapado en este círculo de condena. No era la primera vez que me sentía así, pero esta vez era diferente. Cada vez que pensaba que todo lo que había hecho me acercaría a la libertad, terminaba más lejos de ella.
Había dejado atrás mis deseos humanos, mis principios. Lo había hecho por ella, por Zephyros, porque mi amor por ella había sido el único refugio en la oscuridad. Pero ahora, después de todo, me encontraba más perdido que nunca. El hecho de que ella estuviera fuera de mi alcance me carcomía por dentro.
¿De qué me sirve que haya revivido si no la puedo tener conmigo?
El pensamiento se repetía en mi cabeza como un eco doloroso. La rabia me consumía y la impotencia me hacía sentir más pequeño de lo que realmente era.
Sabía que habría un truco bajo todo esto... La duda, esa inquietud que siempre había sentido, se convertía en certeza. Nada es tan fácil para un demonio como yo. Me había entregado a la oscuridad, había pactado con Abdiel, con la esperanza de que al final podría ser libre, podría estar con mi Zephyros. Pero no. Nunca sería tan sencillo.
En ese momento, el portal se abrió detrás de mí. Miré hacia el, mis ojos se ensancharon y mi corazón latió con fuerza. Sabía lo que eso significaba. Finalmente, traían a Zephyros de vuelta. O al menos eso era lo que pensaba. Mi ansiedad se disparó. Ahí está, finalmente. El final de mi sufrimiento. Mis pensamientos se arremolinaban, pero la sensación de esperanza me arrastró a un estado de expectación, como si toda mi existencia dependiera de lo que sucediera a continuación. De teneros al fin de vuelta, luego podríamos encontrar una solución para Baphomet.
Sin embargo, cuando el portal se abrió por completo, no era lo que había imaginado. No era ella, no al menos como esperaba. El demonio que había enviado para traerla de vuelta voló hacia el cielo, pero lo que vi a continuación me descolocó por completo. Zephyros. Zephyros, con esas enormes alas blancas, tan brillantes que parecía que la luz misma se retiraba de la oscuridad para rendirle homenaje. La vi ascender, como si fuera el mismo cielo el que la reclamaba. La magia de sus alas me llenó de una sensación ambigua, una mezcla de admiración y frustración. Sabía lo que su poder significaba, lo que representaba.
Ella era un ángel de la naturaleza, una de las más puras criaturas en el universo.
Yo, en comparación, no era nada. Y eso me lastimaba, me dolía de una manera que ni siquiera el dolor físico podía igualar.
Volteo a mí, sus preciosos ojos color cielo me miraron, el dolor reflejado en su mirada. Jadeé cuando entendí su mirada, negué rápidamente tratando de correr a ella para evitarlo, para traerla a mí.
Pero luego, la escena cambió. Zephyros descendió rápidamente, con una furia que nunca había imaginado en ella. Se lanzó al suelo con una fuerza inhumana, y el poder que emanaba de ella atravesó el portal, cerrándolo abruptamente. Un golpe. Una fuerza indescriptible me impactó con tal brutalidad que mi cuerpo fue lanzado hacia atrás como si fuera una marioneta a merced de una fuerza mayor.
"El poder de ella..." Pensé mientras volaba a través de la habitación, sin poder hacer nada para evitarlo. Es tan fuerte... Caí contra la pared de mi oficina con un ruido sordo. El impacto me hizo rebotar y caer de cara al suelo.
—Mi-mier-da... —Murmuré, apoyando mi brazo izquierdo contra el suelo mientras intentaba apartar mi rostro del polvo. La sensación de impotencia me abrumaba, y la ira se convirtió en algo palpable. La esencia de su poder atravesó el portal y me alcanzó. Mi piel ardía al contacto con esa energía celestial. Sentí cómo se curaban lentamente las heridas que ya había comenzado a sufrir, pero en lugar de alivio, solo aumentaba mi frustración.
Golpeé el suelo con mi puño izquierdo, tan fuerte que sentí el dolor recorrer mi brazo. No era suficiente. Nada era suficiente. Mi mente estaba llena de rabia y desesperación. ¿Por qué me pasaba esto a mí? ¿Por qué no podía tenerla, tenerla a ella, Zephyros, conmigo?
"Tenía que hablar con Abdiel." Esa fue la única idea que se consolidó en mi mente, mientras la angustia me aplastaba.
Esto no era el trato. Me había prometido que todo esto se resolvería, que al final, después de todo lo que había hecho, Zephyros era mía, yo era suyo. Pero no. El destino, o quizás algún otro maldito juego, me había traicionado una vez más.
Ella había elegido huir, y yo me encontraba atrapado en mi propia condena, más solo y más perdido que nunca.
Mi existencia parecía un laberinto interminable, con paredes que se cerraban cada vez más a medida que pasaban los siglos. Lo que había sido un sueño, el deseo de tener a Zephyros a mi lado, todo el amor que desfilfarramos en el pasado y que me mantenían en pie en mi idea, ahora era un recuerdo lejano, casi inalcanzable.
Pero el amor que sentía por ella seguía ardiendo en mi pecho, como una llama que no podía extinguirse, aunque la oscuridad me rodeara por completo.
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Editado: 15.07.2026