Mi amada escolta

Capítulo 04. Declaración de Amor

Zhao Min Do

Me detengo de golpe, al darme cuenta de lo que estoy haciendo. Estoy pensando en ella… mientras estoy con Nin Li. Me levanto de la cama, me cambio rápidamente y salgo sin decir palabra. Subo al auto, dándole vueltas a todo esto.

Me quedo unos minutos dentro hasta que por fin arranco. Al llegar a casa, no bajo de inmediato. Miro hacia la ventana de la habitación de Veli: la luz sigue encendida. Está despierta.

Tal vez es mi señal para entrar… para verla antes de dormir. Pero no subo las escaleras. En cambio, voy directo a la cocina.

Una sonrisa se me escapa sin poder evitarlo.

Ella está allí, tomando un vaso de agua, distraída mirando su teléfono. Se ve increíble con ese vestido.

Me acerco en silencio, quedando justo detrás de ella, no tan cerca para así respetar su espacio personal. Sé que ha notado mi presencia cuando apaga el celular y deja el vaso.

—¿Aún vamos a seguir como si fuéramos desconocidos? —inquiero—, ¿Solo laboral?

Ella no se mueve.

—He extrañado hablar contigo, disfrutar de tu compañía —vuelvo a hablar—. ¿Ya no soy agradable para ti?

Ella se da la vuelta y queda frente a frente conmigo.

—Sabes que siempre te he querido—responde, dejando su celular sobre la mesa—. Además, cuando vine lo hice por mi trabajo aún sabiendo que se trataba de ti, después de tanto tiempo.

—¿Entonces?

Sus ojos se pierden en los míos, durante el silencio que se forma entre nosotros.

—Sera mejor que me retire.

Se despide con la cabeza.

Vuelve a tomar su teléfono para pasar por mi lado y seguir su camino, pero la detengo, envolviendo mi mano en su muñeca.

—Te he extrañado, hay muchas cosas que no pude decirte al irme —confieso.

—Yo también lo he hecho, pero es mejor enfocarnos en una relación laboral.

—No quiero que solo se trate de jefe y súbdita. —insisto—. Hemos sido buenos amigos desde siempre.

Toma mi mano y se suelta suavemente.

—Me has pedido hablar —asiento—. Que sea mañana o después, no me siento bien ahora mismo.

—¿Estás enferma?

Niega y permito que pueda retirarse.

---

Finalmente, ya en el último juego, tiro acertando tras la línea de tres, llega el fin de la partida.

—Yo he ganado. Tres de dos —digo, sin evitar mostrar una sonrisa triunfante y mi hermano se acerca a mí, también con una sonrisa de vuelta.

—Solo por esta vez —responde Lan—, sin duda será diferente la próxima vez. Prometo ganarte.

Asiento soltando una leve carcajada.

Él guarda el balón y volvemos a la casa. Luego de quitarnos el sudor de dos horas con una ducha, bajamos y tomamos un poco en la sala de estar, en el mismo lugar que estábamos antes.

—Competir contigo es de lo mejor —murmura Lan.

—Claro, ya que siempre te gano —suelto una carcajada—. Por eso, es lo mejor.

—Pero solo al final.

—aun así.

Bebe su vaso y ríe, sacudiendo la cabeza.

Volteamos al escuchar los pasos de Dalí subiendo las escaleras, y nosotros seguimos charlando.

—¿Qué te parece si salimos está noche? —pregunta Lan.

—No estoy interesado, tengo un compromiso.

No tengo ninguno, solo deseo hablar con Veli, hoy mismo.

—Seguramente esta noche veas a Nin Li otra vez.

—Ya no quiero tener más relación con ella —Digo con seguridad—. Hay alguien que ha vuelto a robar mi corazón y se ha adueñado de mis sentimientos.

Suelta silbidos al aire.

Suelto una leve risa, negando, y veo bajar a Veli detrás de Dalí. Ella no me mira y le da una sonrisa a Lan.

¿Ahora estaremos en la ley del hielo?

Lleva un vestido que le llega hasta abajo de las rodillas y es un poco ceñido a su cuerpo.

—¿Vas a salir? —pregunta el hombre.

Ella niega y su celular vibra, pero no lo atiende.

La miro con una sonrisa. Parece no olvidar lo de anoche. Pero no tiene razón en hacerlo. Solo quiero hablar con ella.

Termino de beber lo que queda en mi vaso.

Ella sale afuera y a los minutos regresa con una caja. La está abriendo a medida que va subiendo y habla porteléfono.

Voy afuera y llamo a Luoana. No ha estado en casa y me preocupa que esté fuera. Es mi responsabilidad mientras viva en mi casa y yo no puedo dejar que esté por ahí.

—Hermano —responde del otro lado.

—Estoy bien, ¿y tú? —tomo asiento—. Tienes días sin venir y no me has llamado.

—Lo siento, ¿sí?

—Espero que esta noche amanezcas aquí, Luoana —advierto con un tono no tan duro, pero de hermano mayor—. Porque, aunque seas una mujer, eres mi hermana pequeña y estás bajo mi cargo.

—De acuerdo, estaré en casa esta noche, hermano. Lo prometo.

—Eso espero. No quieres que me enfade contigo, verdad —digo y escucho un respiro desde el otro lado.

—No.

Asiento, levantándome para volver dentro de la casa.

—Cuídate mientras estés fuera —pido.

Me da una afirmación y cuelgo, volviendo a la sala.

No hay nadie y al escuchar la voz de Veli la sigo hasta encontrarla. Por el pasillo de la cocina, me encuentro con Veli. Su rostro es serio, como si estuviera enojada.

Recoge algunas cosas del suelo y las organiza en el lavaplatos. Parece algo enojada.

Pero se echa a reír en lo que teclea algo en su teléfono. Se queda pensativa, observando la isla.

Decido entrar y una mueca se dibuja en su rostro.

—¿Podemos tener una conversación?

—Está bien.

Siento una satisfacción en mi interior.

—¿Quieres salir conmigo, está noche y hablemos fuera? —propongo.

—Como tú desees.

Un pequeño color carmesí se pinta en sus mejillas.

—¿No estás enojada conmigo? —niega con una sonrisita—. Entonces déjame darte un abrazo.

Se pone de pie y me permite rodear sus hombros en un abrazo. Al igual que Luoana ella siempre ha sido especial e importante para mí. Me gusta, su olor.



#5488 en Otros

En el texto hay: romace, trianguloamoroso, guardaespaldas

Editado: 21.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.