Veli Rine
—¿Dónde está mi teléfono? ¡Por Dios! —revuelvo la habitación con inmensa frustración.
No lo encuentro por ninguna parte. No recuerdo haberlo usado desde que estuve en la oficina de Min Do, así que solo puedo haberlo dejado allá. Si se me pierde, no compraré otro hasta que vuelva a casa.
Salgo de la habitación y camino directamente a la de Min Do. Toco la puerta y él la abre de inmediato. Entro, masajeando mi sien con irritación.
—¿Qué pasa? —pregunta al notar mi fatiga.
Respiro profundamente antes de responder.
—No encuentro mi teléfono. Estoy estresada.
—Lo rompí sin querer. Mañana tendrás uno nuevo —dice con absoluta tranquilidad.
Parpadeo varias veces, intentando procesar lo que acaba de decir.
—¿Cómo que lo rompiste?
—Lo siento mucho.
Exhalo despacio, tratando de calmarme.
—Está bien…
Min Do me rodea con sus brazos en un abrazo cálido.
Nos separamos y salgo de la habitación. Bajo las escaleras hasta la sala de estar, me sirvo un poco de agua y me dejo caer en el sofá de terciopelo.
Mindo baja poco después, ahora vistiendo una camiseta.
—Estás molesta conmigo, ¿no es así? —pregunta, sentándose a mi lado.
—No, no estoy molesta contigo.
Solo irritada.
La verdad es que el teléfono ya estaba en las últimas. Con tantas caídas, sabía que en algún momento no aguantaría más. A mí los teléfonos nunca me duran más de una semana sin estrellarse al menos tres veces.
Toma mis manos entre las suyas y las besa suavemente, antes de acercarme a su pecho.
—Recibiste una llamada de un número desconocido mientras dormías —levanto la vista en su dirección—. Estaba por responder cuando cayó y chocó con el borde de la mesita.
¿Quién podría haber llamado?
—No te preocupes, ya cuando regrese a mi casa me compro uno nuevo.
Niega.
—Yo lo rompí y ya te lo envíe a comprar —dice tomando mi rostro.
—Ya tengo el teléfono, solo tengo que hacer el pago e ir a retirarlo.
Resopla, creo que se va a dar por vencido, pero saca su teléfono y empieza a escribir mientras habla:
—Hagamos algo, te haré el pago y el retiro del celular —me acerca el teléfono—. Haz el pedido.
Niego, dejando el teléfono en su pecho.
—Veli, insisto, haz el pedido.
Me rindo y dejo de insistir. Hago el pedido a mi nombre como la última vez. El hace el pago y el retiro para esta misma semana.
Me acerco a él y aspiro su aroma embriagante. Me atrae hacia su pecho fornido, tan firme que parece acero. Mis manos, casi instintivamente, se deslizan hasta su abdomen.
Él suelta una risita divertida.
Escondo mi rostro en su pecho.
—¿Estabas esperando alguna llamada importante? —inquiere
—No, pero me da curiosidad saber de quién se trataba.
—Tengo la tarjeta guardada y l teléfono está en mi oficina, cuando quieras te lo entrego —explica.
Asiento.
Cuando me devuelva la tarjeta voy a revisar de quién se trata.
---
Para distraerme mientras Min Do y Lan terminan de hablar, me dediqué a observar la ciudad. No pasa ni un minuto cuando la puerta de la habitación se abre.
Se pone de pie de inmediato, erguida y con una expresión formal. Se detienen al verla, y en sus rostros se dibujan sonrisas de sorpresa y agrado.
—Min Do, Lan —saluda con una leve venía.
—Han Ní, pequeña —musita Min Do con una sonrisa.
Se acerca a ella y le besa la coronilla, seguido por Lan. La chica los abraza con delicadeza.
—Me alegro mucho de poder volver a verte, ya te extrañaba mucho. Espero que no vuelvas a irte —comenta, haciendo reír a Han Ní.
—No lo haré. He venido para quedarme. Seguro ya te estabas muriendo por no tener mis servicios.
Min Do asiente con una carcajada leve., por un momento, su mirada se cruza con la mía.
Lan se sienta a mi lado mientras él se apoya en su escritorio, cruzando los brazos.
—Señor, ya he hablado con Zan sobre su renuncia para poder volver a mi cargo como su secretaria personal —informa Han Ní.
Asiente, satisfecho.
—También he traído lo que me pidió, señor.
Le entrega la bolsa que había traído. Min Do la toma y, con solo una mirada, parece entender que todo está en orden.
—Puedes regresar a trabajar cuando quieras. No quiero tener que lidiar con esa mujer —ordena, con su mirada fija en la mía.
—Como ordenes. Quiero empezar desde hoy.
—Adelante.
—Con su permiso.
Han Ní sale de la oficina, y Lan la sigue poco después.
Min Do se acerca y se sienta a mi lado. Me entrega la bolsa, y la abro con curiosidad. Me dijo que está tarde llegaría el teléfono y es verdad lo que dijo.
Él desliza una mano por mi cintura cuando nos separamos, esbozando una pequeña sonrisa. Me entrega el teléfono y sus accesorios.
—Gracias. No debiste molestarte —susurro.
—No tienes que agradecer, linda. Yo destroce tu teléfono —acaricia mi mejilla con el pulgar—. Terminaré de hacer algo mientras tú revisas tu nuevo teléfono.
Asiento con una pequeña sonrisa. Min Do roza mi coronilla con un beso antes de regresar a su escritorio.
Me dediqué a revisar algunas cosas y envíar la justificación por no haber enviado mi informe aún. Cada dos semanas debo envíar un informe a mi jefe.
Min Do ha estado ocupado trabajando... o eso creía.
Levanto la vista y lo encuentro observándome fijamente, jugando distraídamente con un bolígrafo entre los dedos. Su mirada suave , y siento el rubor subir por mis mejillas.
Él deja escapar una suave carcajada.
—¿Qué sucede? ¿De qué te ríes? —pregunto, arqueando una ceja.
—Nada —responde con una sonrisa—. Solo soy feliz de ver a mi querida novia ruborizada. ¿No puedo?
Mi rostro se calienta aún más con sus palabras.
—No digo que no puedas, pero deja de mirarme así. Me haces ponerme más roja de lo normal, no quiero parecer un tomate —digo, abanicándome con las manos.