Mi amada escolta

Capítulo 10. Encuentro

Zhao Min Do

—¿Me dejarás sosteniendo tus flores?

-—¿Son para mí? —inquiere.

—No, en realidad son para Dalí —bromeo—. Obviamente son para ti. Solo quería consentir a mi hermosa novia y dibujar una sonrisa en sus labios. Ya estamos por salir de la empresa, así que puedes recibirlo.

Dibuja una mueca en sus labios.

Le entrego el ramo.

—¿Qué te parecen? ¿Te gustan? Si no es así, dime y pido otro de tu agrado.

-—No tienes que hacerlo, me gustan mucho. Aunque... es muy pesado —-huele las flores y las toca con delicadeza—-. Tienen un olor delicioso.

—-Qué bien que te gustan. Espero que estos también -—digo, tomando la bolsa de mi escritorio.

La ayudo a dejar las flores en la mesa mientras abre la bolsa y encuentra dos inmensas cajas: una de chocolates y otra de fresas.

—Solo las acepto porque estamos por salir. —susurra antes de darme una linda sonrisa.

Suelto una carcajada.

La llevo al sofá, sentándose a mi lado .

Agarro la caja de chocolates y la de fresas.

—Para ti.

—Gracias.

Ella sonríe y deja un pequeño beso en mi mejilla.

—No te vayas a emocionar de más.

Niego, acariciando su cabello con suavidad.

—Vamos a la casa —digo, levantándome del sofá, seguido de ella.

—No tienes tanto trabajo está semana.

—No, estos días no ha habido mucho que hacer.

Asiente y caminamos hasta la puerta, pero entonces recuerdo su ramo de flores sobre la mesa. Regreso por él y se lo entrego.

—Gracias, se me estaba olvidando.

Lo acomoda en su brazo y vuelvo a su lado para poder salir.

Los empleados en el pasillo murmuran al ver a Velí con el gigantesco ramo.

Bajamos y entramos directamente al auto, donde Nim nos espera en el estacionamiento junto con los hombres. Arranca el vehículo de inmediato, sin esperar mi orden.

Velí sonríe con sus flores en mano, como una niña pequeña.

Sus lindos ojos marrones se encuentran con los míos mientras sigue sonriendo.

Me gusta mucho verla así, aunque quiero saber en qué pensaba hace horas.

Acaricio su mejilla con suavidad, observando el brillo diminuto que hay en sus ojos.

Sonrío.

Veo a través de la ventanilla y noto que ya hemos llegado a la residencia. Nim está parada frente al auto, dándonos privacidad.

Siempre ha sido una persona que respeta los espacios de los demás. Es una de las personas en las que más confío en esta casa. Me respeta, y él es leal tanto a mí como a la familia.

Abre la puerta, permitiendo que Velí y yo salgamos. Los hombres de seguridad ya están posicionados en sus lugares.

Entramos a la mansión, donde Dalí nos espera en la puerta.

—Bienvenidos -nos recibe con una venia.

—Gracias, Dalí -responde Veli amablemente—. ¿Me puedes hacer el favor de traer un florero, por favor?

—Sí, señorita. Se lo llevo en un momento.

—Gracias.

Subimos las escaleras hasta su habitación.

Ella deja las flores en la cama y se quita el saco, colgándolo en su armario.

Quita el papel y el lazo que envolvían las flores, dejándolas caer sobre la cama. Luego visualiza la habitación detenidamente y se queda mirando fijamente la mesita de noche a su izquierda.

Tomo una de las flores de la cama, para guardarla en un florero en mi habitación.

—Señorita Veli —llama Dalí.

—Adelante.

Dalí entra con un florero con agua, tal como Velí le ha pedido, y se lo entrega.

—¿Necesita algo más, señorita? —pregunta antes de salir.

—No, gracias.

Dalí se retira tras hacer una leve venia y cierra la puerta.

—Ayúdame con esto —pide. entregándome el florero.

Ella deposita las flores una por una hasta dejarlas perfectamente acomodadas. Luego lo toma de mis manos y lo lleva hasta la mesita que está al lado del pequeño sofá, colocándolo con cuidado.

—¿Se ve bien aquí, baby?

—Sí, se ve muy bien.

—Obvio.

Me levanto de la cama y me acerco a ella. La abrazo con delicadeza.

—Voy a salir —aviso con tranquilidad.

—¿A dónde vas? —pregunta, girándose hacia mí—. ¿Me llevarás contigo?

Río por su pregunta.

—Voy a Francia, París. Y claro que irás conmigo —la acerco más—. Regresamos mañana en la tarde.

—¿Cuándo nos vamos?

—Salimos en diez minutos.

—¿Diez minutos? —Asiento—. Apenas me dará tiempo de alistarme.

—No te preocupes, Han Ní se encargará.

París, Francia

—¿Todo lo de Velí está listo?

—Sí, señor. Todo se encuentra en la habitación.

—Bien.

—Con su permiso, vuelvo cuando lleguen las estilistas.

Le doy la autorización y Han Ní se retira tras hacer una leve venia.

Termino lo que queda en el vaso y me dirijo a la habitación para ver a Veli quien ha estado durmiendo mientras yo daba las últimas indicaciones para la noche.

Me apoyo en el marco de la puerta con las manos en los bolsillos. Veli me mira y deja su teléfono en la cama. Luego, se sienta sobre sus rodillas y me hace un gesto con el dedo índice para que me acerque.

Llego hasta ella y rodeo su cintura.

-—¿Dónde estabas?

-—Confirmando y organizando algunas cosas con Han Ní —respondo, acariciando su espalda.

Asiente y se pone de pie, rodeando mi cuello con sus brazos.

Solo de pie sobre la cama logra igualar mi altura a la perfección, siendo un centímetro más alta que yo.

Río.

-—¿De qué te ríes? —-inquiere.

-—De lo pequeña que eres. Solo puedes igualar mi altura si estás parada en la cama -—respondo con una carcajada.

Me mira indignada.

-—¿Te estás burlando de mí, por mi estatura?

-—No me burlo —-la acerco más a mi cuerpo—-. Además, me encanta tu estatura.

Suelta una risita antes de rozar nuestros labios con una suavidad diferente a la de siempre. Una de mis manos baja a descansar en su espalda, mientras la otra se queda en su cintura. Ella lleva sus dedos a la raíz de mi cabello, acariciando lentamente



#5911 en Otros

En el texto hay: romace, trianguloamoroso, guardaespaldas

Editado: 04.06.2026

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