Veli Rine
Me detengo en la puerta del baño y observo a Min cantarle a nuestros hijos desde sus cunas. No puedo evitar sonreír, apoyando mi cuerpo en el marco, sin dejar de ver esta magnífica escena.
Esto es realmente hermoso.
Termino de entrar a la habitación y abrazo su cuerpo ligeramente. La bebé está en la cuna, con sus ojos puestos en nosotros. Aún tiene la piel rojiza y llora mucho cuando le pica. Habían dicho que no pasaría en las veinticuatro horas.
Mis otros dos bebés duermen muy tranquilos. Están todos recién bañados y alimentados.
—Nuestra pequeña Lílienni no está interesada en dormir —habla Min a mi lado.
Niego, ríendo suavemente, alejándome de su cuerpo para ir a vestirme.
Esta mañana Min se despertó de buen humor y eso es algo que me hace feliz. Seguía algo triste, pero está mañana despertó cantando, así que creo que le hizo bien confesar que algo lo hacía mal.
Me visto con vaquero y una blusa, calzando mis pies con unas sandalias. Dejo mi cabello suelto y salgo del armario.
—La próxima semana debemos ir a aplicar la vacuna de los dos meses a los niños -Le recuerdo a Min.
—De acuerdo.
Tiene a la niña en sus brazos y el está sentado en la cama.
—¿Te vas a quedar con nuestros en casa? —inquiero, buscando mi teléfono.
—Los dejaremos con Han Ní —responde—. Yo voy contigo.
Hoy la fotógrafa encargada de nuestra sección anterior nos llamó y nos dijo que ya tenían las fotografías listas, no quiero perder tiempo y voy a ir por ellas.
—Vamos a tener la fotografía de unos hermosos angelitos —le digo a mi bebé al tomarla en los brazos de su padre—. Y uno de ellos eres tú.
Mueve sus piecitos en el aire, cuando la alzo un poco en el aire. La dejo en mi pecho y dejo un beso en su frente y mejillas rosaditas.
Sus pequeños hoyuelos marcan su pequeño rostro y es tan tierno. La verdad es que muero de amor.
Min me pasa su chupón y lo dejo en su boquita.
Tomo un mechón de mi cabello entre sus pequeñas manos y tengo que quitárselo a medida que vamos bajando los escalones, ya que se lo quiere llevar a la boca.
Siento la mano de Min en mi espalda suavemente a medida que avanzamos al comedor. Ya están sirviendo el almuerzo, Han Ní está esperando en el comedor junto a David y Anderse. No los había visto desde la noche anterior.
—Hola, desaparecidos -saludo con una pequeña sonrisa cómplice.
Sueltan unas leves carcajadas, en lo que David rodea el comedor para venir a abrazarse de mis piernas.
—Hola, tía.
Su sonrisa es radiante y amplia. Tomo asiento y me inclino un poco para dejar varios besos en su rostro.
—Mi pequeño hombrecito.
Besa mi mejilla y lo ayudo a tomar asiento a mi lado.
Presiona una de las mejillas de mi bebé suavemente, haciendo la reír por el acto. No tengo duda de que será una niña muy risueña, alegre y de lo más encantadora.
Pincha repetidas veces sus mejillas y ella carcajea. Veo a Min y puedo ver su pequeña sonrisa detrás de la copa que hay en su mano. La observa con una antelación que me hace sentir feliz.
David sigue jugando con Lílienni, en lo que yo me dedico a comer. Min toma un poco de verduras y las deja en mi boca. La comida siempre está mejor que nunca y me gusta.
—Está muy delicioso todo, Dalí —le digo a la cocinera principal.
—Muchas gracias, todo fue gracias a la ayuda de las chicas —responde.
Les doy una sonrisa a todas y sigo comiendo.
—Xingmin quiere venir a visitar —habla Min al rato—. Está ansioso por conocer a los niños, al igual que mis hermanos y la abuela.
—Es algo genial, ¿Cuando vienen? Me gustaría verlos. Extraño mucho a la abuela y quiero que pueda conocer a nuestros hijos —le hago saber a mi esposo.
Realmente me siento de lo más hipócrita y es algo que me molesta, de cualquier persona y no me gustaría serlo jamás. Tengo como un mes sin siquiera llamarla para saber cómo está. Me siento como la peor persona ahora mismo.
Recuerdo que me habían dicho que su tensión arterial había empeorado un poco y la llamé para saber de ella y después de eso, más nada. Espero que no se enoje conmigo y mucho menos se sienta triste.
La abuela y yo siempre hemos sido muy unidas, al igual que con la nana y aunque ellas digan que no tienen favoritos, yo sé que soy su favorita aunque no lo digan. Siempre me lo demuestran y tratan de hacer lo mismo con los demás para que no sientan celos.
Sonrío al recordar como siempre me guardaba chocolates bañados en chocolate de fresa. Es lo que más me gusta y es algo que nunca olvidan. La abuela sabe como consolarme cada vez que estoy triste o necesito de su calor maternal.
—Ella también te extraña, a Han Ní y a Dalí —las mira antes de volver a fijar su vista en mi—. Dijo que la tienes abandonada y que está esperando tu llamada.
—Lo haré, se que hemos estado de lo más incomunicadas y es algo que admito —musito en voz baja.
Asiente y termina de comer para tomar a la niña y empezar a dejar besos en su mejilla.
Bajo mi vista a David y está con una pequeña sonrisa mientras come las frutas en su plato. Mi pequeño hombrecito, es muy risueño. Será todo un galán cuando crezca.
Tomo su rostro entre mis manos y dejo un beso en su cabeza.
—Tía —llama y asiento para que hable—. ¿Mi vas a compiar un legalo cuando me yaya? Mami Han, mi compió uno con mi papi.
No puedo dejar salir un pequeña risa. Aún hay palabras que no sabe pronunciar.
—¿Quieres regalos, mi amor?
—Si, muchos.
—Bien.
Dejo un beso más en su cabeza.
—También me dalás legalos, tío Min? —le pregunta a Min y él no duda en asentir—. ¡Sii!
Le doy una sonrisa antes de levantarme y pedirle a Han Ní que cuide a los niños por mi mientras salimos, quien no duda en aceptar.
Luego de una larga sesión de besos a una de mis bebés de parte de su padre y de mi parte, Min prepara el auto para irnos.