Mi amada escolta

Capítulo 37. Primera confesión

Zhao Min Do

Veli entra a la cocina y yo voy a la sala con una de mis bendiciones en brazos. Se encuentra con mis manos empeñadas en mi camisa y sus ojos fijamente en los míos.

Los pequeños ladridos me hacen acercarme a la pequeña cerca que hay aquí. Ellos brincan y dan vueltas en el interior.

Estoy a punto de abrir para que puedan salir, pero mi cuerpo se endurece y mi vista se vuelve borrosa...

—¡Min! —escucho la voz de Sam lejana cuando caigo sobre mis rodillas con mi pequeña en brazos.

Sostengo su cabeza, para que no se golpee y mi cuerpo termina de caer al suelo. Veo la imágen de mi esposa llegar a mi y tomarme del rostro. Mi vista se vuelve borrosa y pierdo la conciencia.

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Mi cuerpo se siente pesado y cansado, el escandaloso llanto no ayuda para nada.
M

Mi vista está oscura cuando intento abrir los ojos, así que me tomo mi tiempo para volver a abrirlos y acostumbrarme, mis ojos se pasean por la habitación, la primera persona que veo es a mi esposa que está con uno de nuestros hijos.

Ella camina por la habitación sin saber que hacer, porque la pequeña aún sigue llorando.

Me siento lentamente en la cama y cuando ella se da la vuelta se detiene, observándome aliviada. Le doy una sonrisa y trato de ponerme de pie, pero ella llega antes y me abraza con nuestra hija.

—No me vuelvas a dar un susto así -pide en un pequeño sollozo.

La rodeo, sentandola sobre mi y tomo a lílienni. Creo que solo necesitaba a su padre, porque está princesa ya está calmada, con una dulce sonrisa. Su rostro rojo y ojos hinchados son lo que me dan a entender que tiene tiempo así.

—Te prometo que no lo haré —beso su frente y la abrazo-. No fue mi intención asustarte así.

—¿Esto tiene que ver con lo que me ibas a contar? —noto la preocupación en su voz. Levanto el rostro y la observo. Está llorando.

—No, no tiene nada que ver —limpio sus lágrimas con mi mano libre—. Yo tampoco sé lo que me sucede. Hace un mes mientras estaba en prisión tuve un desmayo y el doctor había dicho que se debía a la falta de alimentación e insomnio, pero esta vez no lo entiendo.

-—Deberias ir al médico, amor.

Asiento.

No quiero preocuparla. No se que me pasa, pero si la tranquiliza que vaya al hospital, lo haré sin dudas.

—No quiero que te preocupes demasiado, linda.

—No es algo que pueda evitar —Musita girando su rostro—. Sabés que si hubiera sido yo, te preocuparias.

—Claro que si, eres mi esposa y debo preocuparme por ti, mi vida.

La tomo del mentón y volteo su rostro hacia mi para dejar un beso en sus labios. Bajo a la pequeña que está empuñando sus pequeñas manos en mi camisa y también le doy un beso. A mis dos mujeres más hermosas.

Ella toma a la bebé de mi brazo y la acurruca en su pecho, levantando se de mis piernas.

—Que bueno que ya está tranquila.

La observo caminar hasta el otro lado de la habitación y no si soy yo o está llorando.

—Creo que se asustó —carraspea y pasa el dorso de la mano por su cara—, no dejaba de llorar desde que te desmayaste y sus hermanos le hicieron compañía hasta que se cansaron y decidieron dormir, menos ella.

Voy hasta ella y la abrazo desde atrás, colocando mi mentón en la curva de su cuello.

—Todo está bien.

Asiente. Me alejo para que pueda llevar a nuestro hija a la cuna cons sus hermanos. Los observo junto a ella y no evito sonreír.

—No quiero que tengamos favoritismo con nuestros hijos —se gira a mi y quito mi mirada del pequeño—. No me gustaría que nuestros hijos sientan que no los queremos a todos por igual, ¿Estamos teniendo favoritismo con alguno de nuestros bebés?

No entiendo este cambio de tema, pero creo saber el porque.

—No, linda, no hemos tenido favoritismo por ninguno, porque los amamos a todos por igual —le hago saber, dándole el chupón a Miniel—. Solo que algunos de ellos son más apegados a uno de nosotros. Por ejemplo, Emil es muy e intensamente apegado a ti, lílienni lo es conmigo y Miel nos es apegado a ninguno, por ahora.

—Él es más distante, es como tú, cuando eras joven.

—¿Cómo que cuando era? —la miro incrédulo y ella ríe un poco—, sigo siendo joven, amor.

—Sabes a lo que me refiero, baby.

Le doy a entender que lo se con una sentimiento y observo como nuestro hijo, va cerrando sus ojos hasta dormir lentamente.

Doy media vuelta hasta quedar frente a mi esposa y tomo su cintura entre mis manos. Mis ojos viajan por todo su cuerpo hasta detenerse en sus labios entreabiertos y subir a sus ojos marrones, me encantan.

Ella cierra el espacio que hay entre nosotros y no dudo en estampar mis labios en los suyos, jadea contra mi boca antes de corresponder, rodeando mi cuello con sus brazos.

Sus besos nunca dejan de sentirse bien, como la gloria, una bendición de poder tenerlos para mí y no compartirlo con nadie. Siempre tuve anhelación por probarlos desde el momento en que empecé a tener sentimientos por esa pequeña Veli.

Adentro mi lengua saboreando todo lo que me da. El beso sube de nivel y se vuelve intenso, desesperado y con ganas de más, porque es lo que queremos, más que este beso.

La levanto y rodeo mi cintura con sus piernas mientras camino con ella hasta el tocador. Nuestra respiración es una mierda, pero los movimientos de nuestras bocas son lo mejor.

Adentro mis manos en su vestido en su blusa y desabrochó su sostén, dejando lo caer, para luego sacarle la blusa. Nuestros ojos se encuentran el uno con el otro y sonreímos. Le doy un suave beso y decidiendo por su cuello, dando unos lametones suaves, chupo con fuerza, provocando un agudo gemido.

Se sostiene de mis hombros y toma una de mis manos para llevarla a su teta. Se acerca a mi entrepierna y hace fricción con nuestros cuerpos.

—Min'er...

Busco su boca y pellizco su pezón ahogando su gemido.

Masajeo sus pechos, dejo ir su boca y ella se arquea, dejando a disposición la comida de mis hijos. Pruebo su leche que gotea del pezón y me sabe a una maldita delicia. Los chupo, muerdo, lamo y saboreo sus pechos grandes e hinchados.



#4540 en Otros

En el texto hay: romace, trianguloamoroso, guardaespaldas

Editado: 23.01.2026

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