Mi amante, el príncipe de jade.

Despues de la guerra

Mi amante el príncipe de jade

Capítulo 1

Después de la guerra.

La batalla contra la bruma oscura por fin había terminado, la paz reinaba después de mucho tiempo, los cinco reinos estaban en una alianza gracias a que el rey de todo había retirado su ejercito y dejado a un lado la conquista, estaba centrado en su familia y el futuro que tenían por delante.

La primera vez que Valeska cargó a su hijo, el corazón se le llenó de un amor incondicional hacia él, era la criatura más hermosa que jamás había visto, había heredado su cabello negro, su piel blanca y su divinidad oscura, por otro lado, tenía los mismos ojos de su madre, dos hermosas esmeraldas que brillaban como si estuvieran bajo la luz del sol, Aspen era un titan y el heredero al trono de los vampiros, destinado a señorear a todos los seres sobrenaturales.

Su padre jamás se sintió más completo como cuando supo que la mujer que adoraba le había dado un hijo, Valeska le había propuesto matrimonio a Lía entregándole el anillo real que le había heredado su padre el día que los separaron para reclamar el poder.

Esa era la muestra más grande del amor y respeto que Valeska sentía por Lía, pues no solo le estaba dando una sortija de matrimonio, si no era un símbolo donde le entregaba todas sus posesiones, su reino, su poder, su señorío y su alma.

La notica de la boda alegró profundamente a sus seres queridos, para Alejandro y Ginebra, no había mejor mujer que Lía para que se convirtiera en la esposa legitima de Valeska, la boda se llevó a cabo tres meses después de la propuesta, Valeska tiró la casa por la ventana demostrando su grandeza y gran riqueza y lo generosos que eran los reyes de su linaje.

La noticia de que el rey de todo por fin había elegido a su esposa dejó a todos sorprendidos y más aun por que despidió a todas las concubinas del palacio y declaró que a partir de ahora, él solo tendría a una mujer para toda la vida.

El día que Lía pisó la alfombra roja y caminaba con su precioso vestido blanco, los ojos de Valeska no pudieron contener las lágrimas de la alegría que le producía ver al amor de su vida caminando hacia el altar del brazo de Leonardo, era como un sueño del cual no querían despertar jamás.

—Te vez hermosa. —le dijo Leonardo conmovido.

—No puedo creer que por fin llegó este momento, me he pellizcado durante todo el recorrido para asegurarme de que no sea un sueño. —le dijo Lía con el corazón a mil por hora.

—No es un sueño, el rey en verdad te ama, mira su rostro, no puede ocultar el nerviosismo, jamás lo había visto así jaja. —expresó Leonardo soltando una risita.

—Mis damas de honor son las mujeres que más amo y admiro, mi hijo está vestido de príncipe y el amor de mi vida está a unos cuantos pasos de mí ¿Qué más puedo pedir?

—Por fin tus tristezas se han disipado, te esperan solo días felices, eso es todo lo que deseo para ti. —le dijo Leonardo con una cálida sonrisa.

Beatriz, Ginebra, Lilith, Babani, Beel, Lucia, Magnolia y Medea eran sus damas de honor y todas llevaban un vestido color verde de terciopelo, Lía había invitado a Eira y a su reina a la boda y ellos aceptaron con gusto la invitación asistiendo con regalos y buenos deseos.

Para Eira, Lía se había convertido en un hermoso recuerdo, poniendo todo su empeño en amar a la mujer que le había mostrado su lealtad y su devoción todos estos años y le ofreció una boda genuina y estaban esperando un hijo, Medea se encontraba en cinta.

La amistad entre Medea y Lía seguía cultivándose y por lo menos Eira y Valeska ya no querían matarse el uno al otro, habían decidido ser maduros al respecto, al principio, cunado Valeska supo que él y Lía habían tendido un romance, los celos le carcomieron el alma, pero no se atrevió a reclamarle nada a ella, no después de haberle roto el corazón de esa forma, en lo profundo de su corazón estaba seguro de que Eira la había amado con toda el alma y tanto la quiso que estaba dispuesto a criar a un hijo que no era suyo.

Pero a pesar de saber todo esto, trataba de olvidar lo ocurrió por que los celos se le venían encima, mientras que Eira se había prometido no considerarse rival del rey de todo olvidando por completo sus deseos de matarlo, la ilusión de tener un bebé que llevara su sangre lo emocionaba, Medea se había esforzado en ganarse el favor de su rey y lo estaba logrando, pues ya la veía con otros ojos, tan hermosa, sabia y prudente, cualidades que una reina debía poseer.

Valeska tenía como caballeros a su padre Alejandro, a sus hermanos Emir y Reynar y a su hijo Aspen quien tenía un poco más de tres meses de edad y a Leonardo quien estaba por entregar a su futura esposa.

Los ojos del rey se abrieron de par en par al encontrar a su amada tan hermosa, no había mujer en esta tierra que causara tantas emociones en él, nerviosismo, ansiedad, alegría y amor.

—No puedo creer que por fin estes vestida de novia, eres tan brillante, amó todo de ti, el color de tu cabello, la tonalidad de tu piel y lo suabe que es a mis manos, adoro tus ojos verdes, amo al hijo que me diste, te amo a ti más que a nadie en este mundo, mi esposa, mi reina, la mujer de mi vida, te honro y te respeto, te admiro y te deseo fervientemente, mi corazón es tuyo, mi lealtad y mi fidelidad te pertenecen, no hay nadie que se te compare, mi bella dama.

Estos eran los pensamientos que cruzaban por la cabeza de Valeska al admirar la hermosura de su ratoncita, Leonardo se la entregó en la mano y ambos se hundieron en la mirada del otro olvidándose del resto de personas que los acompañaban.

La ceremonia fue muy hermosa, los votos de cada uno fueron un pacto de amor eterno, ni el tiempo ni las adversidades pudieron romper su vinculo que ahora estaba más fuerte que nunca, en el momento en le que Lía dijo la palabra “acepto” Valeska sintió que el corazón iba a salírsele del pecho, la tomó por la cintura y la besó apasionadamente, los gritos de júbilo estaban acompañados de los aplausos de alegría que celebraban la unión de esta gran pareja, los cuatro reinos estuvieron presentes, los únicos que no fueron invitados, fue el reino celestial a quienes consideraban como unos cobardes por haber abandonado la guerra cuando más se les necesitaba.




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