Mi amante, el príncipe de jade.

Unidad.

 

Al ver que su sonrosada nariz sangraba debido a las bofetadas que le impartió, Lía se llenó de dolor y culpa, decepcionada de ella misma, su impulso la llevó a tomar a Aspen y desaparecer con él llevándoselo lejos, en un abrir y cerrar de ojos dejaron el lugar.

—¡Lía!

—Estarán bien, necesitan un tiempo a solas.—le dijo Leonardo mientras se subía las mangas para volver a meter el féretro a la tierra.

—¿Por que el príncipe sacó la tumba de su hermano?—preguntó Magnolia confundida.

—Debe haber alguna explicación para esto, mi hijo no actúa impulsivamente, es un chico racional y educado, adora a su madre y amaba a su hermano.

—Valeska…¿estás bien?—Emir se acercó a él y le tocó el hombro, al sentir el tacto de su hermano, Valeska se quebrantó y se sumergió en sus brazos.

—No…mi hijo se convirtió en un familiar, ya no es Ban, si no Behemut, solo reconoce a Aspen, no hay mayor verdad que él, por eso lo eligió para unírsele como su sirviente protector, la esperanza que nos mantenía a flote…nuestro único consuelo era creer que su alma había encontrado consuelo en el paraíso a donde van los espíritus puros, pero estuvo bagando todo este tiempo como un alma en pena, como un niño no nacido al que se le fue la vida como agua entre los dedos, quería vivir…se aferró a este plano por esa razón ¿tienes idea de lo difícil que es procesar todo esto? Mi corazón esta desgarrado, pero el de mi esposa esta quebrado, siempre vivirá fracturado, incompleto por la falta de Ban en su vida, no apruebo la forma en la que reaccionó con Aspen ¿pero como podría jugarla? Si su dolor es incontenible, espero que nuestro hijo pueda perdonarla.

—Lía es la luz de sus ojos, su madre y su reina, jamás podría odiarla, creo que él se siente responsable de algo que no es su culpa, conozco a Lía y se que se llevó a su hijo para poder hablar con él de corazón a corazón, vamos, démosle sepultura a Ban.

Enterrarlo se sintió igual que dejar bajo tierra un cascarón vacío, un montón de huesos que ya no contenían la esencia de su hijo, una herida que había dejado de sangrar, se sentía como si sanar fuera algo imposible, pero no había dolor que perdurara para siempre, ni pesadilla de la que no se pudiera despertar.

Leonardo sintió una profunda tristeza al ver en carne propia el gran dolor que cargaban los reyes en su corazón, él no era alguien que interviniera en la crianza con el príncipe, pero si solía ser un abuelo cariñoso cada que podía, le daba regalos a Aspen, trataba de jugar con el a la pelota, tenían charlas prolongadas donde caminaban por los jardines, pero ver el rostro de dos de sus seres más amados completamente llenos de dolor, le rompió el corazón.

—Probablemente, aquella extraña liberación de poder oscuro que salió de Lía, era en realidad el espíritu de Ban que se había aferrado a ella para no partir al plano espiritual, pero, en esos días, aquella expansión que sacudió el castillo fue mucho más fuerte y oscura que él, no creo que hayamos descubierto aquel misterio, pero no es momento de hablar de hipótesis, no ahora…—pensó Leonardo quién tenía las manos llenas de tierra.

Por otro lado, Lía mantenía abrazado a Aspen, estos aparecieron en una pradera soleada y llena de flores, el lugar favorito de Lía desde que había regresado del infamando, este era su refugio, su lugar se creo donde pasaba las horas pensando y reflexionando sobre lo que sucedía a su alrededor, ahora había traído a su hijo.

Aspen podía escuchar como su madre sollozaba y un nudo en la garganta se le formó involuntariamente.

—Perdóname hijo…lo lamento…fui tan mala…tan mala madre…perdóname mi vida.—exclamaba Lía entre lagrimas.

—Era la única manera…la única forma en la que Ban podía salir de su soledad, él me guió hasta su corazón, soy como tu mamá, puedo abrir portales y tener mis propios familiares, pero soy una bestia que esclavizó a su hermano, aunque haya sido lo mejor…no me hace inocente ante los ojos de nadie, por eso no te culpo por odiarme.—declaró Aspen derramando lagrimas de dolor.

—¡Jamás! ¡Nunca podría odiar a la razón de mi existencia! Mírame…tu me cambiaste la vida, fuiste tu el que me convirtió en una madre, tu llegada me enseñó el significado del verdadero amor, no sabía lo fuerte que podía ser hasta que te conocí, tu haces que quiera ser mejor en esta vida, tu me enseñaste a desconocer la palabra “no puedo” y aferrarme al “todo es posible por que te amo” me pueden faltar muchas cosas en la vida, pero jamás tu…

Lía agarró las manitas de aspen y se las pegó en el rostro.

—Regrésame las bofetadas si quieres…pero saca de tu cabeza el hecho de que yo pueda odiarte, eres mi amor bonito, el único hombre que se que no me fallara, aunque conozcas a mil mujeres, tu corazón siempre será mío, yo siempre seré tu mamá, lamento todo lo que dije, me arrepiento en polvo y ceniza, yo te amo…

—Jamás levantaría la mano contra mi madre, lo haría en la guerra en tu nombre, me las mancharía de sangre si alguien te ofendiera o se burlara de tu nobleza, nunca te faltaré al respeto, aun si te equivocas, o si me confunden tus actos, yo jamás le causaré una herida a tu corazón, mi reina, mi amiga y mi madre…tu eres mi adoración, pero me siento destrozado al pensar que te he decepcionado, Ban no podía bajar eternamente en el castillo, su alma se hacia cada vez más perversa, quizá algún día encuentre al forma de salvarlo.

—Haber perdido a Ban fue como perder un brazo o una pierna, vivo mutilada, deseando haberlo tenido con vida, su partida me dejó herida, nadie entiende lo que se siente, el mundo me pide seguir adelante, pero aveces yo solo quiero detenerme para esperar a mi hijo, las madres como yo, cerramos los ojos esperando oír una voz  que no conocemos, esperanzadas en el viento, deseando un milagro, imaginamos más de la cuenta, por eso aveces nos ven con la mirada perdida, mi mente se disocia pensando en como hubiese sido si estuviera vivo, aveces mis emociones me juegan en contra y me siento culpable, me enojo por que jamás entenderé por que me lo arrebataron, me entristezco cuando mi razón me dice que jamás escuchare su voz diciendo mi nombre y es un ciclo interminable entre añoranza y melancolía, aprender vivir con esta herida es similar a vivir con las entrañas abiertas o el corazón expuesto, una madre como yo siempre sentirá envidia de las madres que si pudieron escuchar el primer llanto de su bebé, me compararé con ellas, me enojare con ellas y con la vida, para después desear estar en su lugar, pero a pesar de todo lo que siento, yo te amo y quiero vivir la vida agradecida de que Minerva y tu si están conmigo, quizás debo aprender a vivir el presente con ustedes sin mirar atrás, te prometo que aprenderé a ser una madre que te haga sentir seguro del amor que te tiene.




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