Querido Edmon, he cumplido mi promesa, hoy empecé con mi vida cotidiana, como si nada hubiese pasado, me he lavado la cara, me he puesto un vestido bonito, aunque con pantalones abajo porque ya sabes que me gusta trepar a los árboles por si encuentro algo de miel, hoy pienso en ti más que otros días, no soy capaz de dejar ir tu recuerdo, probablemente nunca lo haga, fuiste y siempre serás mi gran amigo, mi gigante de piedra con un alma hermosa.
Gia caminaba en la espesura del bosque, se había perdido en sus pensamientos y eso la llevó a caminar sin fijarse por donde iba, hasta que finalmente, se perdió.
—¿Y esto? ¿Donde estoy? ¿Habré pasado los limites del bosque?.—de pronto se escuchó un ruido muy extraño, miró a su alrededor y todo parecía desconocido, los arboles eran gigantes y tragó saliva diciendo—espero no haber entrado al lugar de las bestias…—pensó Gia preocupada.
La reina de las brujas había descubierto su posición recientemente, no hace mucho había sido capaz de liberar su poder y salvar a la emperatriz de su letargo, sin embargo, no sabía controlar su gran poder, no sabía si era capaz de convocarlo a voluntad, pues no pudo graduarse de la academia de magia, por que la consideraban un ser sin maná, un ser común y corriente a quién no se dignaron a enseñarle correctamente como hacer cada hechizo, se podría decir que nuestra querida Gia, no tenía una preparación más allá de la básica que todo mago, bruja y hechicero, recibían en el curso propedéutico del primer año de enlistamiento.
—Ok, no pasa nada, todo saldrá bien, lo único que tengo que hacer es mantenerme tranquila y buscar la manera de no llamar la atención de ningún monstruo para poder salir viva de este lugar jejeje…
Enseguida Gia vio algo brillante en la parte superior de un árbol, sus ojos brillaron como estrellas y la saliva se le calló a gotas.
—No puede ser….¿eso es miel? Que surte tengo…justo en casa se acaba de terminar…si la consigo podré comer pan tostado con esa delicia encima, ay que hambre tengo.
Gia había prometido ser cuidadosa, pero era amante de las cosas dulces, así que en menos de lo que canta un gallo, se fue a trepar aquel árbol que goteaba por el panal que tenía pegado.
—Ay este vestido me estorba ¡me lo arrancaré! —Gia tomó un extremo de su vestido y lo rasgó dejando a la vista solo su ropa interior que era como un pantalón de tela blanca con moños rosas en los bordados y aquel corset pegado al cuerpo que dejaba al descubierto su diminuta cintura y sus amplias caderas.
Mientras la reina de las brujas luchaba por alcanzar aquel manjar, los príncipes se encontraban luchando ferozmente contra las criaturas salvajes que se topaban en el camino.
—¡Esto es energizante! Destripar, cortar, mutilar…¡es fantástico!—expresaba Minerva mientras se bañaba con la sangre de aquel enorme ogro que tenía el aspecto de un jabalí.
La escena era sangrienta y salvaje, uno tras otro los iba aniquilando, corría como un ciervo a campo libre, bastaba un solo toque de sus manos para paralizar aquellos seres desafortunados que para nada eran sus víctimas, ya que toda criatura que se le acercaba , tenía la intensión de comerla.
—Cazar o ser cazado ¡se toparon con la presa equivocada malditos cerdos! Jajajaja ¡yo soy la princesa del imperio vampírico, su ama y la razón de su agonía jajajaja.
Minerva estaba extasiada, se dice que todos los Romani tienen alma de villanos, la malicia corre por sus venas y no pueden resistirse a su naturaleza maligna, por eso la princesa gozaba de su pelea, además, podía tocar la carne aun tibia de sus oponentes, sentir, rosar, oler, todo le aprecia fascinante, era como estar en el paraíso.
—¡Me has dado el mejor día de mi vida hermanito! ¿No es delicioso escuchar el gorgoreo en sus gargantas? !me encanta!.—al notar que no había respuesta, minerva volteó a todos lados.—¿Hermanito?
En algún momento de la pelea se habían separado, el príncipe estaba fastidiado de ver tan grotesca imagen y decidió irse sin llamar su atención, decidió dejarla sola para que liberara tensión.
—Sabía que tenía una hermana demente, la pobre se volvió loca de tanto aislamiento, siento pena por ella, pero estará bien, desdichadas las criaturas que se encuentren con ella, me apiado de todo ser que al toque, el solo hecho de recordar como se sienten sus caricias me estremece…—se dijo el príncipe así mismo mientras se alejaba.
Así fue como los hermanos se separaron, una vez que Minerva notó su ausencia, pensó en reunirse con él donde habían dejado a todos a los magrodos, pensaba aprovechar cada momento de libertad que le quedara para vaciar su energía.
Por otro lado, Gia había logrado bajar con cuidado aquel delicioso panal, por suerte, había lanzado un hechizo somnífero contra las abejas para que no la picaran y había envuelto el panal en unas hojas anchas que había llevado de casa.
—Menos mal…gracias por la miel pequeñas, solo tome prestado un pedacito, no pude resistirme jejeje.
Gia caminaba felizmente con su miel, pensaba en todo el pan que comería y en lo mucho que le hubiese gustado compartirla con Edmond, hablaba con él aunque no estuviera presente, como se sentía tan pegostiosa, deseaba bañarse en algún riachuelo, tenía la sensación de asearse lo antes posible, pues no quería llamar la atención de ninguna criatura extraña, así que caminó y camino, había un hechizo simple pero acertado que identificaba lugares acuáticos, como ríos, pozos y lagos, una vez que lo conjurabas, se dibujaba una linea azul en el suelo que te mostraba el camino.
—¡Funcionó! Solo debo seguir este camino y entonces podré lavarme ¡que felicidad!
Gia corrió emocionada y como hacía calor, el deseo de refrescarse era aun más grande y no era la única que quería asearse, Aspen era un hombre pulcro y amante de la limpieza y la perfección, detestaba sentirse sucio, así que se dirigió al río para poder lavarse la sangre que su hermana la salvaje había derramado y por ende, lo había salpicado.