Mi amante, el príncipe de jade.

Disputa

Aquella confesión dejó sin palabras a los reyes, Gia había resultado ser más que la salvadora de la emperatriz, una leyenda viva, la protagonista de los aquelarres, quién representaba a esa hechicera tan poderosa que todas deseaban ser o ver nacer algún día, todos ahí habían visto la señal en el cielo, aquella marca real que se dibujó como señal de que por fin el todo había despertado.

—Todos vimos esa señal, y es verdad que solo ella pudo romper la barrera que me tenía prisionera, sin duda es una mujer poderosa, como ninguna en este reino.—dijo Lía tratando de digerir todo.

—Ya lo dijiste antes, ustedes han estado esperando esto por generaciones, una hechicera que les de libertad ¿acaso esperaban su regreso para que las liberará del rey de todo? ¿Para que ya no tengan que servirme a mí si no a ella?—le preguntó Valeska a Beatriz mientras la fulminaba con la mirada.

—Valeska…—Lía lo miró tratando de persuadirlo para que no explotara contra ella, pero el insistió.

—Dices que ya antes la habían confundido con la bruja de sangre y con mi esposa ¿no es así? ¿No será que su deseo desesperado de quitarse mi yugo las ha hecho confundirse otra vez?

—La señal en el cielo es lo que nos hace estar convencidas, nunca se presenció algo así con la bruja de sangre o con mi hija.—insistía Beatriz sabiendo que ya el rey estaba enojado.

—Pues no me convencen tus palabras, esa muchacha tendrá que demostrar quién es y si realmente es la reina de las brujas, el tiempo lo dirá, por lo tanto, dejemos esto de lado, mañana la invitaremos al castillo para que la familia real la conozca y pueda recibir los honores que merece por haber sido valiente y haber ayudado a mi esposa, puedes retirarte.

—Pero señor…

—Gracias por ponernos al tanto mamá, te prometo que no quedará desamparada, después de todo ella fue quién me salvó, le debo mi vida.

—Tú no le debes nada, tu eres su reina, es su deber.—expresó Valeska irritado.

—Claro que si, Gia tiene mi eterna gratitud y contará con mi favor partir de ahora.—expresó Lía convencida.

—¿Que quieres decir?—le preguntó Valeska con el ceño fruncido.

—Quiero a Gia en el palacio, hablare con sus padres para que dejen que pueda entrenarla, no solo yo, si no Calipso, su madre y la mía también, puede que no creas en la profecía, no sé si es o no una reina, pero si sé que es poderosa y debemos ganarla como aliada para que sea una fortaleza para el imperio, ella puede ser lo que yo nunca pude, la guardiana de nuestros hijos, incluso de todos nosotros.—dijo Lía con seriedad y Valeska la escuchó.

Después de eso, Beatriz se retiró de su presencia y fue a contarles todo a sus viejos amigos, ella se reunió con Alejandro y Ginebra, también Leonardo esta ahí, por que aprovechaba su tiempo libre para estar con su querido amigo.

—¿Como te fue?—le preguntó Leonardo al ver su rostro.

—No sabría decirlo, como lo esperaba, el rey se indignó por lo que dije, cuando escuchó que Gia era la reina de las brujas, se molestó profundamente, se cerró por completo, para el todo se trata de una confusión, cree que lo hemos mal interpretado y que Gia es solo una bruja más.

—Pero todos vimos la señal en el cielo, fue algo nunca antes visto, es claro que esa chica es especial, mi cuerpo se estremeció cuando esa luz iluminó todo a su paso.—dijo Ginebra mientras recordaba.

—Valeska lo sintió como un insulto y más por que viene de una de sus aliadas más fuertes y cercanas, decirle a tu gobernante que hay otro rey al que debes seguir no debe ser fácil de escuchar.—añadió Alejandro con los brazos cruzados.

—Si, debe ser muy difícil de digerir.

—¿Como reaccionó Lía? ¿También se ofendió? —preguntó Ginebra preocupada.

—No, el corazón de mi hija sigue siendo humilde y compasivo, ella piensa apoyarla en todo, esta muy agradecida con ella.—expuso Beatriz sonriendo.

—Y todos lo estamos, salvó a la emperatriz y nos devolvió la paz.—expresó Leonardo mientras la abrazaba.

—Es verdad, no la conocemos, sin embargo, nos quedaremos para darle las gracias, debe ser una chica muy buena.—añadió Ginebra con una sonrisa.

—Lo es, es ingenua y torpe, pero con un gran corazón, es valiente y nada codiciosa, por eso creo que es perfecta para moldear, si no somos nosotros, alguien más dará con ella y la formará para pertenecer a un bando, Gia podría caer en las manos equivocadas.—exclamó Beatriz mirándolos a los ojos.

—Por suerte te encontró a ti, eres la mejor maestra que podría tener, yo nunca cuestioné tus métodos, siempre han sido duros he irracionales, pero efectivos, ahí están Lía y calipso, incluso Babani, las mejores fueron instruidas por ti, tu las puliste para que sacaran su mejor versión, esa niña estará bien en tus manos.—le dijo Alejandro y los ojos de Beatriz brillaron.

—Esto debe de ser un alago, no pienso tomarlo de otra forma, viniendo de usted se aprecia más.—le respondió ella con una sonrisa.

Alejandro también sonrió y le dio una palmada en al cabeza, ese era la primera muestra de afecto que le mostraba, ya la consideraba su amiga y ella se conmovió.

—¿Por que te quebrantas?—le preguntó Ginebra al verle los ojos llorosos.

—No pude evitar sentir nostalgia, estar reunidos los cuatro me hace recordar viejas memorias, cuando luchábamos contra todo tipo de monstruos en valle de cobre ¿quién diría que extrañaría tanto el pasado? Siento que el tiempo nos ha robado descaradamente.

—No vale la pena mirar a tras, mira todo loq ue el presente nos ha dado, a pesar de los dolores y las perdidas, tenemos una gran familia, nietos y un futuro prometedor, no importa cuanto nos azote la incertidumbre, mientras estemos juntos, podremos vencer cualquier obstáculo.—dijo Leonardo y abrazó a su esposa con cariño.

—Es verdad, a pesar de todo seguimos siendo grandes amigos, el tiempo no pudo destruir nuestros lazos, nada lo hará.—agregó ginebra sosteniendo la mano de su esposo.




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