Mi amante, el príncipe de jade.

intensidad

Había algo que Teldrasil había pasado por alto y era aquella chica a la que todos le estaban prestando atención ¿quién era ella? ¿Quién era esa tal Gia? ¿Y por que hasta ahorita no sabía de su existencia? La razón era que Teldrasl no podía mirarla desde su espejo, no podía conocer sus pensamientos, era la única persona que escapaba de sus ojos.

—¿Por que de repente estos gusanos hablan de ella? ¿Por que no aparece en el radar?—se preguntaba Teldrasil lleno de curiosidad, pues por más que la buscaba no la encontraba.

Pasó un buen rato tratando de hallar algo sobre ella, parecia un sueño, un rumor vago, una historia de la que nadie habla ya y que poco a poco se va olvidando.

—¿Como es esto posible? Yo puedo ver a todo ser viviente ¿por que ella no aparece? Es como si no existiera…quiero saber más de ella, averiguaré de quién se trata.

Por otro lado, Beel se encontraba descansando en el bosque, había capturado un ciervo y lo estaba cocinando en una fogata que había preparado, ya no comía carne cruda y trataba de ser lo más humana posible, o por lo menos quería imitar a esta especie con alma.

—La carne chorrea de lo jugosa que está, será un buen festín.—pensó Beel mientras aprovechaba el tiempo para afilar su espada.

Había tratado de ignorar la presencia de Ishika, el ninja que la seguía desde su encuentro con Eren, este no se le despegaba, no importaba los vientos, la lluvia o el candente sol que los hostigaba, él la seguía entre las sombras fielmente, incluso se metía en las peleas que ella tenía y la libraba de las bestias que querían comérsela, Beel pensaba que se rendiría, pero la voluntad de Ishika era inquebrantable y bel se sintió culpable de haber sido tan cruel con él, pues a pesar de que pensó en matarlo, no fue capaz de hacerle daño y mientras el olor del venado asado llegaba a su nariz, el ninja no pudo contener el rugir de tripas y los tragos de saliva que daba, pues se esta muriendo de hambre.

Así que Beel por fin se rindió y aceptó hacerlo su discípulo.

—¿Que haces ahí entre la hierva escondido como una rata? Ya entendí que primero te mueres antes de desaparecer de mi presencia.

—Lo lamento señora, pero ya le dije que no me iré hasta que acepte hacerme su discípulo.

—¡Pues ven de una vez idiota! No tienes remedio, no me dejas otra opción que aceptar, soy una santa después de todo, sería un crimen dejarte morir.—le dijo Beel mal humorada.

—¡De verdad! ¿Entonces ahora seré su discípulo? —preguntó Ishika con los ojos brillantes.

—¡Ay que si! ¡Ya deja de revolotear a mi alrededor y vente a comer!

—¡Si señora! Juro que no se arrepentirá, seré el mejor discípulo que pueda tener, lo prometo.

—Como sea, si no me sirves te mato.

—Seré de gran ayuda, lo prometo ¿puedo sentarme junto a usted? Quiero aprender todo lo que pueda, sus manías, sus costumbres, su filosofía , todo.

—Haz lo que quieras, solo déjame comer en paz.

—¡Si señora!

Así fue como Ishika por fin logró convencer a Beel de convertirlo en su discípulo, ella era dura con él por que hacía tiempo que su corazón se había endurecido, creando una coraza para que nadie más la lastimara, pues Teldrasil ya había abusado mucho de su nobleza y tenía el corazón hecho pedazos, lo ultima que quería era sentir cariño por alguien más.

—Usted no solo es una guerrera extraordinaria, si no que también una cocinera fantástica, este es el mejor venado que he probado.

—Ay ya cállate, deja las adulaciones para alguien más, solo es carne, cométela y ya.—le dijo Beel con el ceño fruncido.

—Si señora.

Mientras comían, Ishika no pudo evitar mirar detenidamente a Beel, no es que no lo hubiera hecho antes, por que la miraba en todo momento, pero ahora que estaba más cerca y que la luz de la fogata la alumbraba, no pudo evitar perderse en ella.

—Ahora entiendo por qué ese estúpido cazador la llama belleza…la señora es muy hermosa, tiene un bonito cabello blanco que le cae como una cascada por la espalda, sus nariz es perfilada y sus facciones finas y delicadas, aunque para nada es indefensa, su piel es tan blanca que parece que el sol o la luz la podrían destruir, parece una especie de ángel.—pensó Ishika con los cachetes llenos de comida.

Beel se percató de que él la estaba mirando y se ruborizó enseguida.

—¿Que estás mirando?

—Es usted muy bella.—le dijo Ishika sin reparo y ella se ruborizó aun más.

—¡Claro que no! Deja de molestar…

—Pero es al verdad, mi corazón late como loco con solo mirarla.—le dijo con una mirada seductora.

—¡Ya basta idiota!

—Jejeje, eso si fue broma, solo quería romper la barrera que había entre nosotros.

—¿A caso quieres morir?—lo amenazó Beel mirándolo con rabia.

—No, jajaja, quisiera terminar mi cena si no le importa.

Así pasó la noche, Beel en un lado he Ishika en otro, pero ambos no podían dormir.

—¿Así se siente estar acompañada? Es un poco raro…no sé que decir, no me molesta su presencia, quisiera saber si esta cómodo o si tiene frío, pero…no soy capaz de preguntarle sin insultarlo.—se dijo Beel en sus adentros y apretó los puños ligeramente.

No era la única que pensaba así.

—¿La señora se sentirá realmente cómoda? ¿Dormirá bien con su armadura puesta? Al fin y al cabo es una mujer, debe querer su privacidad ¿estaré muy cerca de ella?

Beel pensaba en Teldrasil no había día que su mente no lo recordara, su corazón latía desesperadamente por él, el amor que le tenía era como una enfermedad que la deterioraba cada día más, ese desobligado no era capaz de tener un poco de responsabilidad afectiva con ella, le bajaba la luna y las estrellas y la tenía tan confundida, que ya no sabía si la amaba o la odiaba, pue su abandono era más cruel que cualquier tortura y castigo.

Pasada la madrugada ya, Ishika juraría que la escuchó llorar y eso lo dejó intrigado ¿quién podría hacer llorar a una mujer tan fuerte como ella? ¿Por quién lloraría un ser tan hermoso? Se preguntaba confundido, pero no fue capaz de asomarse a ver si su sospecha era cierta y al final el tiempo lo dejó noqueado y se quedó profundamente dormido.




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