Mi amante el villano (libro 3)

El valle de los espectros

 

La tención que existía entre Eira y Lía iba desapareciendo poco a poco gracias a que los dos se habían a sincerado, ella por fin había aceptado su capa y ahora se encontraba caliente y con mejor aspecto, aquel desierto de arena oscura no era más que la ceniza de los muertos, principalmente hecha con los huesos de soldados caídos en la guerra, guerreros llenos de adrenalina, pánico, terror y miedo ante la batalla que les había arrebatado la vida de la manera más violenta y salvaje.

 Eira y Lía estaban atentos ante la expectativa de que en cualquier momento su paz se vería perturbada con alguna anomalía.

—Es raro que no hayamos visto nada raro todavía, parece que todo es paz y silencio. —exclamó Lía mirando a su alrededor.

—Es sospechoso, este lugar me es familiar, si no me equivoco deberíamos estar caminando sobre el valle de los huesos secos. —externó Eira con seriedad.

—¿El valle de los espectros? Así le decíamos Lilith y yo ¿este es el lugar? Esta demasiado tranquilo. —dijo Lía mirando cuidadosamente.

Este fue uno de los lugares donde casi pierdo la vida, fui a tacada por un ejercito de espectros malditos, el solo hecho de recordarlo hace que me fatigue.

Cuando Lía cruzó ese valle, solo tenía trece años, su poder aun estaba en desarrollo, así que fue una pelea agotadora para ella en la que casi pierde la vida, sus pulmones llegaron al limite y el cansancio era extremo, pero gracias a Lilith pudo sobrevivir.

Ahora se encontraba justo en el mismo lugar, solo que la calma era cruelmente sospechosa.

De repente la arena comenzó a volverse movediza, provocando que el lugar donde Lía estaba pisando comenzara a hundirse.

—¡Ahh! —exclamó Lía con la mitad del cuerpo en la arena.

—¡Mi reina! —Eira se convirtió en cuervo y agarró a Lía de la ropa sacándola de aquel torbellino de arena que se estaba formando.

—¡gracias! Tienes mucha fuerza. —le dijo ella asombrada y desde las alturas pudieron ver que en el valle comenzaban a formarse miles de torbellinos de arena y desde el suelo comenzaron a formarse esqueletos con los ojos brillantes y una luz azulada a su alrededor.

—Es el ejercito maldito… —susurró Lía al ver la escena.

—Tenemos que enfrentarnos a ellos o no podremos cruzar al otro lado. —manifestó Eira decidido.

—Si.

En el momento en el que el valle de cenizas se estableció, Eira soltó a Lía y los dos cayeron a suelo firme, estaban rodeados de un ejército completo de esqueletos desquiciados con sed de venganza.

—¿Estas listo Eira? —le preguntó Lía con el ceño fruncido posicionándose para la batalla.

—Por supuesto, acabemos con ellos.

Eira y Lía se pusieron contra espaldas, acoplándose a la perfección para la batalla, Eira sacó su espada maldita y la desenvainó mientras que de las manos de Lía aparecían unas runas donde su poder se dispararía.

—Esta técnica la aprendí de mi madre, ya no soy una niña, ahora seré yo quien los atormente. —exclamó la bruja de la invocación y junto a Eira iniciaron la batalla.

Aquel ejercito de guerreros sangrientos gritaban enfurecidos como si quisieran desgarrarse la garganta, grito de guerra era la canción que entonaban, parecían bestias salvajes descarnadas que solo querían desmembrar y degollar  a sus enemigos, se decía que cada vez que algún intruso pisaba su tumba tormentosa, estas almas en pena cobraban vida y repetían el circulo infinito de la batalla que les había arrebatado al vida y cuando sus arenas se mantenían intactas, su misma ira los hacia resurgir de las cenizas para matarse entre ellos por al eternidad.

Su sufrimiento y martirio nunc terminaba, esa era su maldición, repetir eternamente su muerte violenta.

—¡Tenga cuidado ama! —gritó Eira al ver que un montón de esqueletos se abalanzaban contra Lía cubriéndola por completo, unos encima de otros, pero Lía los hizo volar, gracias a que se cubrió con un escudo el cual hizo explotar para despedazarlos y así sucedió, pero al instante los huesos volvían a recobrar su forma.

Eira peleaba con mucha destreza, su espada era muy filosa y con un solo corte destrozaba los cráneos de sus oponentes, su rapidez lo hacia parecer un rayo veloz, que se movía entre los muchos soldados malditos.

—Maldición…ya había olvidado lo fastidioso que era esto, ahora entiendo porque me pareció eterna la pelea, estos nunca mueren. —dijo Lía quien preparó varias runas en el suelo para hacerlas explotar, parecían brillantes dinamitas parpadeantes.

—¡Mira por donde pisas Eira! ¡he puesto runas explosivas por todo el balle! 

—Las he visto, no se preocupe por mí, concuerdo que solo una explosión masiva nos dará el tiempo suficiente para salir de aquí—manifestó Eira con seriedad mientras destruía a un montón de esqueletos.

—¡Invocaré una runa para transportarnos! ¡estaremos lo suficientemente arriba como para que las explosiones no nos afecten! —exclamó Lía a voz en cuello mientras se libraba de un grupo de soldados malditos.

—¡Entendido!

Las runas comenzaron a explotar y Eira y Lía se subieron a la runa elevándose muy alto mientras sobrevolaban el valle, cada una de las runas eliminaba por lo menos a cuarenta esqueletos dándoles el tiempo suficiente de salir sin demora de aquel lugar.

—Parece que fueron destruidos, hasta la próxima vez que se levanten a pelear. —dijo Eira con seriedad.

—Su maldición es espantosa ¿jamás podrán descansar en paz? —preguntó Lía con pena en su corazón.

—No, es su castigo por toda la sangre que derramaron en vida, asesinaron a tanta gente que fueron condenados a luchar por la eternidad, su crueldad no tubo fin, masacraron a más personas de las que podemos contar. —externó Eira pensativo.

—Aun así, sufrirán eternamente….

Lía y Eira viajaron en la runa por un rato, y ambos aprovecharon para descansar, Lía se había acostado dándole la espalda a Eira, a pesar de que tenía sueño, no podía dormir, Eira estaba sentado vigilando los cielos pues ningún lugar del inframundo era seguro, había criaturas monstruosas esperando devorar todo lo que se moviera.




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