Mi amante el villano (libro 3)

Abrazados por las llamas.

 

Lía y Eira por fin habían cruzado al otro lado, los espíritus demoniacos y las criaturas carroñeras se hacían a un lado para dejarlos pasar, el barquero se despidió de ellos y desapareció entre la niebla, el otro lado del río era aún más tenebroso, había demonios que protegían el orden, torturaban y desmabraban a los cuerpos que querían cruzar el río, había un monstruo gigante en forma de oruga o larva que en lugar de patas tenía manos humanas, su cara era la de un bebé, era simplemente perturbador, se alimentaba de todo lo que veía.

Estar ahí te consumía la mente, el miedo era algo natural para las cosas aberrantes que ahí había, los demonios hicieron una reverencia en cuanto vieron a Eira, había lava por todas partes y el calor era insoportable, Lía tubo que cubrir su cuerpo con una armadura mágica para que su piel no quedara desintegrada por el ardiente lugar.

Después de caminar un poco, vieron ante ellos las puertas del infierno, eran enormes y muy amplias, estaban hechas de huesos secos y sangre, las custodiaban dos mujeres de cabellos negros hasta el suelo que les cubrían el rostro, tenían la piel azulada y dos cuernos blancos en al cabeza, eran muy voluptuosas, eran muy altas y tenían cadenas en los pies, el cuello y las manos, sus vestidos eran blancos y ligeros casi transparentes, eran sacerdotisas infernales que al ver a su rey comenzaron a rezar en voz baja, estaban abriendo las puertas y de pronto, muchos seños rojos hechos de sangre comenzaron a brillar.

—Llegó el momento de recuperar a tus familiares, debes saber que lo que verás detrás de esa puerta será traumático, después de que salgamos de este lugar tendré que borrar tu memoria de todas las cosas que verás, si no quedarás en la locura, pase lo que pase, veas lo que veas, recuerda que no perteneces aquí, ninguna criatura te puede obligar a quedarte, intentarán meterse en tu cabeza, pero debes ser más fuerte, se que lo lograrás porque ya sobreviviste al segundo infierno que es el abismo. —Después de darle estas instrucciones a Lía, las puertas se abrieron de par en par y lo que los ojos de la bruja vieron casi la hacen retroceder.

Jamás había visto tanta desesperanza, nunca sentí tanto miedo de ser una pecadora, el sufrimiento era tanto que los gritos de ayuda y dolor casi me provocan un paro respiratorio, el lugar era insoportable, las criaturas y las personas que eran torturadas en aquel fuego abrazador rogaban porque les refrescáramos la lengua, cuanta desesperación… entendí porque Eira me dijo todo eso, lo único que sentía eran ganas de morirme.

—Es insoportable… —exclamó Lía agarrándose la cabeza, miles de millones de almas en pena le hablaban al mismo tiempo pidiéndoles que las recatara, que les diera un poco de agua o que intercambiaran lugares por solo tres segundos, sentía que se estaba volviendo loca.

—Resiste, no dejes que se apoderen de ti. —le dijo Eira mirándola con preocupación.

—No puedo más…

—Aguanta, estamos muy cerca.

La presión que Lía sentía era demasiada, además de que la piel le ardía a pesar de que tenía puesta su armadura, no podía respirar porque sentía que se le quemaban los pulmones, se aferraba fuertemente a Eira, sentía que iba a morirse, el lago de azufre derretía a las personas que se ahogaban en él, era un círculo sin fin, pues sufrían eternamente.

De pronto, un humo negro comenzó a emanar del cuerpo de Lía, estaba empezando a desesperarse y su poder brotaba para su supervivencia, parecía como si fuese a detonarse una bomba nuclear.

—¡Resiste Lía! ¡recuerda porque estas aquí! —gritó Eira para tranquilizarla.

—¿Por qué estoy aquí? Yo viene por…

De repente, unas voces llamaron su nombre.

—¿Princesa? Princesa…

La mente de Lía proyectó las imágenes de sus gemelos bélicos, todos esos bellos momentos que pasaron juntos, sus risas, sus muestras de cariño y todas las promesas que se habían hecho.

 —Yo vine por ellos… —exclamó Lía volviendo en sí, el amor que sentía por ellos era tan grande que la despertaron de su frustración, haciéndola volver en sí.  

A lo lejos se encontraba una cascada de lava que caía manteniendo llenó el lago de azufre, había una boca de un dragón que dejaba correr el ardiente fuego, los ojos de Lía se entre abrieron cuando vio a Beel y a Emm sufriendo, estaban encadenados, colgados y el azufre les caía en sus cabezas y así en todo el cuerpo, al ver como lloraban y gritaban el nombre de Lía, ella se petrificó.

—Beel…Emm…

Eira se sintió muy mal al ver lo que había hecho por la influencia de Bitchancy.

—¿Qué haces aquí humana? ¿Cómo te atreves a pisar este lugar estando con vida? tu tiempo aún no ha llegado. —le dice la bestia que custodiaba a Beel y a Emm.

—¡Suelta a mis gemelos malnacido! ¿Cómo te atreves hacerlos sufrir bastardo? —Lía estaba furiosa, estaba temblando de rabia y antes de que Eira pudiera decir algo, Lía se abalanzó contra el dragón y trató de arrebatarle a sus familiares, pero el dragón la golpeó con la cola lanzándola con fuerza contra las piedras ardientes.

—¡Lía! —Eira no podía creer que Lía se hubiese atrevido a pelear contra aquella bestia y lo que vio lo dejó sin palabras.

—Eres una humana, jamás podrás romper estas cadenas, están condenados a sufrir por la eternidad, es el destino de todos los demonios.

—¡No! Aunque me tarde una vida, voy a liberarlos, ellos son míos, me pertenecen y aun así jamás los he torturado ¿Quién demonios te crees para condenarlos sin antes haberlos juzgado infeliz?

Lía volvió a lanzarse sobre él con fuerza, y tomó con sus manos las ardientes cadenas que le quemaban la piel quedándole pegada en el hierro caliente.

—¡Ahhh! —Lía gritaba de dolor, las lagrimas le caían rodando por sus mejillas.

—Princesa…déjenos aquí, se está quemando… —decían los gemelos envueltos en llanto.




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