Mi amante el villano (libro 3)

Dulce consuelo.

 

Ella tenía un dolor agudo en el corazón, me limitaba a observarla, sus cabellos rizados y rojizos eran iluminados por la luz de la luna, al igual que su piel blanca y fría, se estaba congelando y aun así parecía estar más fría por dentro, no era la primer vez que la veía llorar y lamentarse por un amor no correspondido, un amor dañino que le enfermaba el corazón, cada que pensaba en él, se marchitaba su alma, me era molesto verla así, cada día que pasaba a su lado me sentía más comprometido ayudarla, el deseo de protegerla de todo mal me dominaba, ya no me era indiferente, me irritaba ver que ese vampiro invadiera su mente ¿era cosa de familiares sentirse de esa manera? Si es así ¿Por qué nunca sentí esto por Bitchancy? A ella la despreciaba profundamente, la odiaba por haberme esclavizado, por haberse adueñado de mí, presenciar su muerte fue un verdadero alivio, sus cadenas eran pesadas he insoportables, nunca sentí la menor empatía por ella, me alegra que haya dejado de existir, pero no me pasa lo mismo con esta mujer, ella hace que dejarlo todo sea fácil, que sea mi dueña no me pesa, mi cuerpo se mueve por si solo y me encuentro haciendo cosas como estas.

Eira abrazó a Lía por la espalda, la abrazó tan fuerte que Lía se quedó sin palabras.

—Ya no llore, el cielo es demasiado hermoso como para lamentarse debajo de el. —le dijo Eira con voz profunda.

—Lo siento… — respondió Lía entre lágrimas.

Eira se sentó aun lado de ella y después se acostó sobre sus piernas, tomando a Lía por sorpresa, Eira era este tipo de familiar, demasiado contacto físico y parecía no incomodarle, lo inexpresivo se le había quitado, pareciera que era así por la amargura que Bitchancy le había provocado, pero una vez desintoxicado de todo rencor, Eira simplemente era resplandeciente.

Lía miró los ojos cristalinos y azulados de aquel cuervo, el firmamento se reflejaba en esos diamantes brillantes, eran simplemente hermosos, una de las ultimas lagrimas le calló a Eira en la mejilla y él desvió su mirada hacia ella quedándose prensados el uno al otro.

—¿Puede acariciar mi cabello? —le preguntó Eira mirándola fijamente, esa pregunta desconcertó a Lía.

—¿Qué? Oh, claro… —Lía no era ciega, Eira era muy bello y él lo sabía, quería ser mimado por su ama, extendió su mano y acarició su mejilla limpiando aquel rastro de lágrimas, después agarró su mano y se la puso en el corazón, Lía podía sentir como latía y era cálido.

—¿Qué haces? —le preguntó Ella extrañada.

—Creí que esto la haría sentir mejor. —le respondió Eira con una tierna sonrisa.

—¿Cómo es que el rey del inframundo puede ser tan dulce? Creí que serías oscuro y vil, sanguinario y sin sentimientos, a pesar de las cosas horribles que ves a diario y por todo el dolor que has pasado, sigues siendo dulce, estoy realmente sorprendida. —se dijo Lía en sus adentros y sonrió.

—Ahora me siento mucho mejor.

—Si sigue sintiéndose triste puede dormir conmigo. —externó Eira con amabilidad.

—No sé si eres inocente o astuto, ya te dije que yo no haré contigo lo mismo que hacia Bitchancy. —manifestó Lía con la cara ruborizada.

—¿Y que piensa usted que haremos? Yo solo la invité a dormir.

—Ya te dije que no me hables de manera tan formal, somos amigos, háblame como hablarías con tus amigos. —expresó Lía cruzada de brazos.

—Los siento, te acompañaré hasta tu tienda de campaña.

—Gracias.

Eira y Lía caminaron hasta la tienda y antes de entrar, Lía se detuvo.

—Gracias por estar conmigo, siento que puedo ser yo misma y no me incomoda, eso se siente bien, tener a alguien así.

—Es un placer, que duermas bien mi reina.

Lía entró a su tienda y tenía la cara roja como un tomate.

—¿Cómo puede decirme así? Hace que me sienta avergonzada, sé que la mayoría de mis familiares son así de expresivos, pero no me siento así con ellos, que incomodo…

La cercanía entre la bruja y el cuervo era inevitable, su relación era diferente a la de los otros familiares, por alguna razón se sentían identificados le uno con el otro y cada vez conocían más sus almas.

Su estancia con el clan de los centauros “hierro negro” fue de una semana, después de ese tiempo, Lía y sus familiares decidieron partir, sabían que debían irse y encontrar su propio camino, miles de aventuras los estaban esperando, desafíos que los llevarían a un mayor crecimiento, Proteus y su clan los despidieron dándoles víveres y algunas cobijas para que se mantuvieran calientes y así emprendieron su viaje nuestros amigos.

—¿Estás lista para ver que nos depara el destino? — le preguntó Eira con optimismo.

—Supongo que sí, a lo que sea que nos enfrentemos, lo haremos todo juntos.

—Sabe que la seguiríamos al fin del mundo si no lo pide. —exclamó Lilith quien seguía en su forma de loba.

 —¡Estamos listos para la aventura! —gritaron Beel y Emm pegando grandes saltos.

—Seguro que nos ira increíble princesa. —externó Vinland entusiasmado.

Horas de recorrido más tarde, Lía ya se había acabado las reservas de agua y comida, estaban cansados de tanto caminar y por más que avanzaban no veían ningún pueblo cercano para comprar algo de comer, el clima era espantoso, el cielo estaba nublado y la lluvia acababa de soltase.

—Lamento arrastrarlos a mi miseria…estamos completamente perdidos y no se como rayos me termine tanta comida yo sola. —les dijo Lía apenada.

—Le dije que no se bajara de mi lomo, a Vinland tampoco le importa llevarla en él, si es que se bajó pensando en que me cansaría, venga, súbase otra vez, no quiero que le salgan ampollas. —manifestó Lilith con insistencia.

—Huele mucho a humanos, debe haber un pueblo cerca de aquí. —exclamó Vinland relamiéndose el hocico.

—Es verdad, huele delicioso… —añadieron los gemelos con ojos brillantes.




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