Mi amante el villano (libro 3)

Brujas en la hoguera

 

En mi travesía, me he encontrado con todo tipo de problemas, nos hemos enfrentado a monstruos y seres de ultratumba, criaturas infernales llenos de ira, bestias salvajes y villanos de todas las clases, mis amigos y yo coincidimos en lo mismo, no hay criatura más malévola y destructiva que el ser humano, su corazón puede ser tan malo como para destruirse los unos a los otros.

—Por Dios…

Lía y sus familiares habían estado recorriendo varios lugares, con el único propósito de ayudar a las personas que lo necesitaran, algo así como el trabajo que hacen los cazadores, solo que ella no cobraba por su servicio, deseaba ser de utilidad para los oprimidos, no importando si eran humanos o seres sobrenaturales y con la ayuda de Eira y sus amigos, iban de pueblo en pueblo, de provincia en provincia esparciendo esperanza.

Pero, ya tenían días donde solo encontraban campos y naturaleza, sabían de un pueblo a unos kilómetros de donde se encontraban y lo primero que encontraron para darle la bienvenida a los visitantes fue realmente impactante, estaban los cuerpos de cinco mujeres amarrados en altos palos de madera, tenían signos de tortura y violencia, huesos rotos, golpes y quemaduras, al momento de ver el lugar, Lía lo reconoció, sintiendo un nudo en el estómago, el letrero decía “Bienvenidos a valle de cobre”

—Tienen como tres días muertas ¿Por qué las habrán tratado así? —se preguntó Eira sintiendo pena por ellas, pues todas eran mujeres jóvenes.

—Seguro que fueron hombres malos. —dijeron Beel y Emm al acercarse a los cuerpos, en sus cuellos tenían letreros que decían: esto es lo que les pasa a las rameras que aceptan al demonio como su amante.

—Fueron acusadas de brujería, ninguna tiene rastros de haberlo sido, no cabe duda de que los humanos son estúpidos, se matan entre ellos con mucha facilidad. —externó Lilith con seriedad.

—¿Estas bien? —le preguntó Eira al ver que Lía se quedaba sin palabras.

—Este lugar fue mi hogar cuando era una niña, este es el pueblo donde conocí a mis amigos y familia, al señor Alejandro, Ginebra, mis padres adoptivos y…mis padres biológicos.

—¿Este fue tu hogar?

—Si, sigue viéndose tan deprimente como antes, solo que se volvió más violento. —expresó Lía con tristeza.

Jamás imaginó que volvería a Valle de cobre, un lugar del cual escaparon para salvar sus vidas, en aquel tiempo, todo el pueblo se volvió en su contra por culpa de Fernando, el héroe que se convirtió en villano por los celos de ver a su amada en brazos de otro hombre, ahí fue donde quemaron a Beatriz y Leonardo tubo que transformarla en vampira, había tantos recuerdos, buenos y malos, todos regresando a su cabeza como torrentes de agua.

—¿Quieres que nos vallamos? —le preguntó Eira al verla mirar fijamente aquel letrero.

—No, este es el lugar donde nací, debemos hacer algo al respecto, no puedo irme sabiendo que asesinan a mujeres inocentes, Valle de cobre no puede seguir sumergido en la ignorancia. —exclamó Lía apretando los puños y añadió. —Chicos ya saben que hacer.

Sus familiares a excepción de Eira, regresaron a su lugar de reposo y los dejaron a ellos dos para continuar el recorrido.

—¿Me veo como una bruja? —le preguntó Lía mirándolo a los ojos.

—Pareces más una princesa. —le respondió Eira con amabilidad.

—Eso es porque bienes conmigo, tu si pareces un príncipe. —le dijo Lía apenada.

Los halagos de Eira le eran cada vez más influyentes, no sabía si se los decía enserio o solo era amable, Eira era muy educado y cortes, un caballero en toda la extensión de la palabra, pero era un chico hermoso, un hombre hecho y derecho, Lía notaba cada vez más sus rasgos masculinos, el tamaño de sus manos, su cuello y esa manzana de adán, su mandíbula marcada y su espalda ancha.

Mientras Lía y Eira caminaban, todo se volvía menos familiar, pero igual de deprimente, el clima era frio y nublado, y valle de cobre era un lugar donde la niebla aprecia con frecuencia, la iglesia había tomado control de todo el pueblo, desde lo sucedido con Fernando, la religión se convirtió en el verdugo más grande de su gente, las muertes eran ocasionadas por las falsas acusaciones contra las mujeres, si eran muy hermosas y alguien les tenía envidia, era más que suficiente con acusarla de brujería para que la aprendieran.

La violencia y crueldad contra las mujeres era mucha, especialmente en aquel lugar plagado de tantas historias, Eira sabía que Lía era muy llamativa, su hermosura era tanta que el creía que jamás podría pasar desapercibida, así que se colocó detrás de ella y le trenzó el cabello y después se lo recogió.

—¿Qué haces? —le preguntó ella sorprendida.

—Después de la experiencia en Pisbell, será una buena idea pasar desapercibidos, aunque sea por un rato.

—Tienes razón, no sabemos que tan supersticiosos sean aquí, en mis tiempos ninguno se opuso para quemar a mi madre, te prometo que seré lo más neutral posible.

Habían pasado más de mil años desde la ultima vez que Lía pisó Valle de cobre, tenía muchos sentimientos encontrados, y por alguna razón, el deseo de llevar a Eira al lugar donde alguna vez fue su casa se anidó en ella.

—Oye Lía, ¿tendrías algún problema en mostrarme cual era la casa donde vivías? Seguro que ya no esta como la recuerdas, han pasado muchos años, pero, me gustaría saber de tus orígenes, tu sabes todo de mí y me gustaría conocer más de tu infancia. —le dijo Eira haciendo que los ojos de Lía brillaran.

—¿De verdad quieres conocer este lugar?

—Si, quiero saber todo de ti, incluyendo tu pasado. —exclamó Eira con una sonrisa.

—Bueno, vamos. —Lía y Eira se dirigieron al lugar donde Lía había crecido, no tenía esperanzas de encontrar su casa intacta, eso era simplemente imposible, se sentía nerviosa de encontrar algo desagradable, pues ahí fue alguna vez la granja de sus padres y ahí se encontraban muchos recuerdos hermosos.




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